
La película L’estranea (The Spiral), la nueva película de Paolo Strippoli, ha irrumpido en la competición del Festival de Venecia con una ovación de nueve minutos y con la expectativa de convertirse en uno de los títulos de terror italianos con mayor recorrido internacional de la temporada, entre su próximo paso por Toronto y su estreno en salas italianas el 8 de octubre.
La ‘premiere’ mundial del filme se ha celebrado el lunes por la noche en Venecia y el público la ha recibido con un fervor inesperado, sobre todo teniendo en cuenta que se trata de una cinta que mezcla horror, melodrama familiar y pacto demoníaco con un tono deliberadamente excesivo.
La película sitúa en el centro a Jasmine Trinca, que interpreta a Anna, una madre controladora que pacta con el diablo para salvar a su hija Alice tras un accidente brutal. La figura demoníaca adopta la forma de una mujer con gabardina y cigarrillo, encarnada por Valeria Bruni Tedeschi, mientras Romana Maggiora Vergano da vida a Alice y Adriano Giannini interpreta al marido de Anna, Walter.
Un propuesta de terror sólida y virtuosa
La prensa especializada coincide en describir la cinta como una propuesta de género sólida y virtuosa, así como de lo más divertida, construida alrededor de un relato fáustico en el que cada concesión acarrea una degradación mayor para la familia.
La historia arranca con Anna llegando en avión en mitad de una tormenta y presentándose de improviso ante su hija adulta en Roma para confesarle un secreto familiar. A partir de ahí, el relato retrocede unos 25 años hasta la etapa en que la familia vivía en Bari y proyectaba una imagen de prosperidad, con Alice a punto de participar en un anuncio de pasta de Barilla.
Esa normalidad se rompe cuando la niña sufre un ataque del perro de la familia durante una fiesta en los jardines de su finca. Los médicos logran salvarle la vida, pero no garantizan que pueda conservar la pierna.
El pacto que se le ofrece a Anna en la capilla del hospital pasa por salvar a Alice a cambio de un precio físico que recaerá sobre su hijo Tobia. La fórmula queda resumida en una equivalencia precisa: el peso del niño a cambio de la pierna de su hermana.
Desde ese momento, Tobia desarrolla un apetito insaciable y engorda hasta ver amenazados su salud y sus planes de convertirse en futbolista profesional. El mecanismo de la maldición no se detiene ahí: la desconocida regresará con nuevas condiciones y cada acuerdo abrirá una deriva más cruel para Anna y Walter.

Variety sitúa el atractivo principal de la película en la combinación entre ese argumento de tragedia moral y la puesta en escena de Strippoli, marcada por el exceso visual y sonoro. La publicación subraya que el diablo interpretado por Bruni Tedeschi aparece como una figura salida del cine negro, elegante, fría y consciente del miedo materno sobre el que opera.
Satanás lleva gabardina camel
La interpretación de Valeria Bruni Tedeschi es uno de los grandes activos del filme. The Hollywood Reporter la presenta como el motor de las actuaciones de una cinta que entra en territorios de gran guiñol, mientras Deadline sostiene que su presencia funciona porque el reparto, y en especial Trinca, sostiene una base de realidad que hace eficaz la sensación creciente de amenaza.

Para Variety, la actriz compone un Satanás sin nombre, enfundado en una gabardina color camel ceñida, con peinado impecable y cigarrillo siempre a mano. Ese diseño del personaje, unido a su forma de intervenir una y otra vez para renegociar las condiciones del pacto, es el elemento que inyecta energía de ‘camp’ al conjunto. Para The Guardian es “la película más celebrada del festival, la más disfrutona”.
Paolo Strippoli compone una sátira macabra en torno a la vanidad, la dictadura cuerpo y el sacrificio que desemboca en un final apocalíptico que resulta un auténtico deleite.



