
El verano llega a su fin, pero no por ello dejamos de disfrutar de los encantos del turismo nacional. España está llena de destinos interesantes, ideales para una escapada improvisada en los primeros meses del curso escolar. Entre los lugares más bellos a los que dedicar un fin de semana, medios como National Geographic destacan Muxía, que califica como “el pueblo más bonito del mes de septiembre”.
Muxía es uno de los pueblos marineros con más encanto de A Coruña, un enclave casi mágico enclavado en plena Costa da Morte con infinidad de atractivos turísticos para todos los gustos. Un destino perfecto para quienes busquen playas, rutas y naturaleza, pero también para quien quiera disfrutar de gastronomía o conocer su curiosa historia. Pertenece a la comarca de Finisterre y, aunque apenas cuente con unos 5000 habitantes, son muchos los que se acercan cada fin de semana a conocerlo.
¿La razón? Su espectacular entorno, lleno de playas y acantilados, donde además acaba uno de los Caminos de Santiago más recorridos: el Camino de Finisterre y Muxía. Muchos se ven atraídos también por su historia y tradición religiosa, con el Santuario de la Virgen de la Barca como gran referencia. Aunque el edificio actual es del siglo XVIII, la historia de este templo se remonta a la Edad Media, época de la que heredamos algunos de los mitos y leyendas que aún se cuentan.
Narra la tradición que el apóstol Santiago llegó hasta este acantilado desanimado tras haber predicado sin éxito cuando se le apareció la Virgen en una barca de piedra para darle ánimos. Cuenta la leyenda que los restos de aquella embarcación se convirtieron en las icónicas piedras que se encuentran frente al santuario, lo que convierte a este en un lugar cargado de simbolismo.

Está la Pedra de Abalar, la que habría sido el casco de la barca de la Virgen, que se balanceaba y emitía un sonido para determinar la inocencia de quien se subía a ella. También la Pedra dos Cadrís, que representaría la vela de la embarcación divina y a la que se le atribuyen capacidades curativas; o la Pedra do Temón, que vendría a ser el timón que manejó la Virgen. Más allá de las creencias, las rocas conforman un paisaje espectacular, sobre todo cuando el oleaje golpea la costa rocosa.
Este santuario cobra especial protagonismo el segundo domingo de septiembre, cuando se transforma en destino para la conocida Romería da Virxe da Barca, reconocida como de Interés Turístico Nacional.
Pulpo y subastas en un destino gastronómico único
Galicia atrae por sus paisajes, su historia y sus pueblos, pero también por su exquisita gastronomía, reconocida en todo el mundo. La cocina es, por ello, uno de los principales motivos por los que merece la pena visitar Muxía, un enclave que se caracteriza por una rica gastronomía tradicional sustentada en la excelencia de los productos procedentes del mar y del campo.
Por un lado, cómo no, existe una amplia variedad de pescados y mariscos, con piezas como la lubina, la merluza, los percebes, los centollos, las nécoras… Estos exquisitos productos se pueden degustar a la plancha o cocinados en caldereta, también en arroces y en otras muchas recetas que reinan en cualquiera de los restaurantes locales. El pulpo se corona como el rey en esta categoría, producto por excelencia de las costas gallegas y omnipresente en cartas y menús de la zona.
Como en el resto de Galicia, en Muxía también es típico el lacón con grelos, que se cocina desde primeros de noviembre hasta el Carnaval; los postres tradicionales de estas fechas, como las filloas y las orejas; y las riquísimas empanadas elaboradas por panaderos locales, rellenas de ingredientes como bacalao, carne, berberechos, bonito, pulpo…
Entre los muchos restaurantes que celebran esta gastronomía, hay uno que ha conseguido destacar a ojos de críticos y guías gastronómicas. Se trata de la Lonxa d’Alvaro, un restaurante familiar que cuenta con la recomendación de la Guía Michelin y con un Solete de la Guía Repsol.

Ubicado a pocos metros de los barcos fondeados en el puerto, este restaurante cuenta con una peculiar tradición que lo vincula con la tradición pescadera gallega. Al igual que tradicionalmente se ha hecho en las lonjas, donde el pescado y el marisco obtenido en la pesca se vendía a mayoristas y comerciantes, en este restaurante algunos platos salen a subasta, y quien quiera probarlo debe aventurarse y pujar contra el resto de clientes.
Más allá de las anécdotas, este restaurante sirve magníficos pescados y mariscos, sabrosas carnes a la brasa gallegas y de wagyu y unos deliciosos arroces marineros, todo a base de producto de proximidad y en línea con una cocina tradicional que no está exenta de detalles contemporáneos. El pulpo es otra de las grandes estrellas de la carta, cocinado con acompañamientos como la crema de erizo y patata, el queso de tetilla o el chorizo ‘O Pardelo’.




