Con la suspensión de derechos de exportación para cereales en la Federación Rusa, la Argentina pasó a ser el único país exportador del mundo que aplica de manera activa ese impuesto distorsivo.
En la Argentina la alícuota vigente sobre el trigo y la cebada es actualmente del 5,5% del valor FOB y , si bien se ha venido reduciendo en los últimos años, sigue recortando los ingresos de los productores agrícolas.
Esta semana el gobierno ruso suspendió la aplicación de derechos de exportación sobre los cereales hasta finales de este año con el propósito de evitar una descapitalización profunda de los productores en la actual coyuntura.
La medida resulta prácticamente obligatoria porque, debido a la imposibilidad de exportar productos agroindustriales por las terminales portuarias del Mar Negro, los precios internos recibidos por los productortes se derrumbaron.
Ni Ucrania ni Kazajistán aplican derechos de exportación sobre cereales, aunque ambas naciones instrumentan licencias de exportación y otras regulaciones que operan en los hechos como cuotas de mercado destinadas a regular los precios internos.
Con una alícuota tan baja, en la Argentina el impacto de las retenciones en cereales es prácticamente nulo en materia tanto de recaudación tributaria como de determinación de los precios internos de los productos panificados.
Además de implementar impuestos distorsivos, la Argentina también exige la liquidación obligatoria del 100% de las divisas producidas por ventas de exportación de bienes. Se trata de una exigencia que no está presente en ninguna gran nación exportadora de productos agroindustriales.




