Carlos Navajas es ganadero, yerbatero y productor forestal en Candelaria, en el sur de Misiones, cerca de Posadas. Es el actual presidente de la Sociedad Rural de Misiones, entidad enrolada en Confederaciones Rurales Argentinas (CRA). Es decir, nadie podría dudar de su identidad profundamente misionera. Sin embargo, él mira con cierta envidia hacia la vecina provincia de Corrientes.
La explicación es que nos lo encontramos en una jornada forestal realizada en Posadas por la Asociación Forestal Argentina (AFOA) en la que se anunciaban importantes proyectos de inversión para agregar valor a la madera, pero siempre en territorio correntino.
Por eso Navajas plantea una duda casi existencial: dice que si mañana él mismo tuviera que decidir dónde instalar una nueva fábrica, admite que tendría una duda bastante incómoda. “Mi establecimiento está acá, pero no sé si la pongo acá o la pongo allá”, dijo.
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“Me da pena. Estoy sentado acá, veo que la mayoría de los panelistas son del gobierno de la provincia de Corrientes, la inversión está en la provincia de Corrientes y la jornada se hace en Posadas”, resumió el titular de la rural misionera. Su diagnóstico es crítico y apunta directamente a las condiciones que ofrece su propia provincia a productores e inversores.
Navajas considera que los costos provinciales perjudican la competitividad, pero va un paso más allá. También considera que Misiones no tiene una decisión política clara para atraer grandes inversiones privadas, ni en el sector forestal ni en otras actividades.
Es una interpretación que él mismo reconoce que no puede terminar de explicar. “A veces hay otros intereses, que no sé cuáles serán. O no les interesa que vengan grandes inversiones a la provincia o no se dan cuenta de que quizás no podemos competir por los costos que tenemos. No sé”, planteó.
“No es destrato, no es la palabra. Es que no interesa”, insistió, dando a entender que la política misionera está preocupada por otras cosas, que no tienen que ver con dar prioridad a la producción.
La preocupación tiene para Navajas una consecuencia concreta. Misiones cuenta con producción forestal que podría avanzar hacia productos de mayor valor, pero para eso necesita nuevas industrias. Puso como ejemplo la madera gruesa de eucalipto proveniente de plantaciones manejadas y podadas, que podría destinarse a productos como laminados o terciados. Según explicó, existe la materia prima y también una demanda internacional, pero falta capacidad industrial para procesarla localmente.
Ahí aparece su dilema. Si un inversor de Paraguay o de cualquier otra parte del mundo quisiera construir una planta para procesar esa madera, Navajas cree que hoy Corrientes tendría más posibilidades de quedarse con el proyecto. Y eso resulta especialmente frustrante porque su propia estrategia productiva apunta precisamente hacia el camino contrario: agregar valor para compensar las limitaciones de escala y distancia que tienen los productores misioneros.
Para Navajas, Misiones difícilmente pueda competir con otras regiones a partir de grandes escalas y bajos costos. Su alternativa es diferenciar lo que produce. En forestación eso puede significar manejar una plantación para obtener madera de mayor calidad y apuntar al mercado de laminados. En yerba mate, buscar productos especiales u orgánicos. Y en ganadería, acortar la cadena y tratar de llegar al consumidor con una carne diferenciada.
Él mismo intenta aplicar esa lógica en Estancia Santa Cecilia, su establecimiento de Candelaria. La diversificación, sostiene, le sirve para repartir riesgos. “Acá hay que tener todas las actividades. Primero porque el suelo lo permite y segundo porque diversifica riesgo y oportunidades”, explicó. Cuando una actividad atraviesa un mal momento, la otra puede ayudar a sostenerla hasta que cambie el ciclo.
En su caso, está trabajando fuerte para diferenciar la carne producida sobre pastizales a partir de indicadores ambientales. En el establecimiento de Candelaria realizan relevamientos de aves y obtienen registros comparables incluso con áreas destinadas específicamente a la conservación. Su intención es utilizar esas mediciones para demostrar que es posible producir y, al mismo tiempo, conservar biodiversidad.
Todavía no vende esa carne con una certificación ambiental, pero ese es el objetivo. “Estamos haciendo las mediciones para no hacer una mentira”, aclaró. La idea es demostrar primero qué sucede efectivamente en el establecimiento antes de presentar el producto como sustentable. Eventualmente, esa carne podría comercializarse bajo la marca Santa Cecilia.
Para Navajas, ese tipo de diferenciación es especialmente importante en una provincia donde los productores están lejos de los grandes mercados y no siempre cuentan con escala suficiente para competir únicamente reduciendo costos. Por eso le preocupa que, mientras los productores buscan agregar valor dentro de sus establecimientos, la siguiente etapa de industrialización termine ocurriendo en otra provincia.
No cuestiona que Corrientes consiga atraer esas inversiones. Su preocupación es por qué Misiones no está haciendo lo mismo. “Todas las empresas nuevas que se están instalando, las forestales, las inversiones de afuera, se están yendo a Corrientes”, afirmó.

Para un productor cuya tierra no puede trasladarse detrás de esas inversiones, la discusión tiene un límite evidente. Navajas seguirá produciendo en Misiones. Lo que no tiene tan claro es dónde tendría sentido transformar industrialmente aquello que produce. “Estoy acá, mi establecimiento está acá”, resumió. “Pero no sé si lo pongo acá, lo pongo allá. Es raro”.
Y enseguida encontró una palabra más precisa para definirlo: “Triste”.




