En 1923, un vaquero instaló un molino para tener electricidad. Un siglo después, convirtió el viento en una mina de oro que vende electricidad a miles de hogares

La historia comienza hace 103 años, cuando la electricidad todavía no llegaba a un remoto rancho de las praderas de Kansas. Entonces, la familia Ferrell levantó un pequeño molino para fabricársela por su cuenta. Un siglo después, el escenario parece una versión gigantesca de aquella misma idea: donde entonces giraba un modesto Windjammer conectado a unas baterías, hoy se levantan 50 enormes aerogeneradores entre las vacas. La diferencia es que ahora el rancho ya no necesita el viento para encender sus propias luces. Lo ha convertido en una de sus principales fuentes de ingresos y en parte de un parque monumental. 

Un rancho desde 1888. El relato arranca con el bisabuelo de Pete Ferrell, que estableció el rancho familiar en Beaumont, Kansas, en 1888. Hablamos de unas 7.000 acres (alrededor de 2.800 hectáreas) en las Flint Hills, una inmensa extensión de pradera de hierba alta donde la familia lleva cuatro generaciones criando ganado. 

El lugar tiene además una peculiaridad clave: está situado en una de las zonas elevadas de la región y recibe abundante viento. Ferrell, de hecho, bromea con que su bisabuelo eligió por pura casualidad un lugar extraordinario para construir un parque eólico más de un siglo después.

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