En 1931, los humanos abandonaron 4.000 ovejas en una isla remota. 40 años más tarde tuvieron que ir a eliminarlas porque su evolución era un peligro

Cuando los últimos habitantes de una explotación ganadera abandonaron Campbell Island, dejaron atrás unas 4.000 ovejas. Durante las cuatro décadas siguientes, aquellos animales sobrevivieron sin pastores, esquileo ni selección artificial en una isla subantártica azotada por el viento y la humedad. Cuando los humanos regresaron en los años setenta, encontraron una población con características singulares, pero también un problema: estaban destruyendo la isla y había llegado el momento de eliminarlas.

Una granja muy lejos de todo. Campbell Island se encuentra en pleno océano Austral, a más de 600 kilómetros al sur de Nueva Zelanda continental, y nunca fue un lugar sencillo para mantener una explotación ganadera. Las primeras 400 ovejas llegaron en 1895 y posteriormente se introdujeron miles más, procedentes de diferentes cruces de merinos, Lincoln y Leicester. 

El viento, la humedad, los suelos de turba y, sobre todo, un transporte marítimo irregular convertían cualquier operación cotidiana en un problema, hasta el punto de que encontrar trabajadores dispuestos a soportar semejante aislamiento también resultaba complicado.

En 1807, arrojaron cerdos en una isla para que los náufragos pudieran comérselos. 192 años después, encontraron criaturas muy distintas
En 1807, arrojaron cerdos en una isla para que los náufragos pudieran comérselos. 192 años después, encontraron criaturas muy distintas