En 1945 la bomba nuclear se hizo realidad: acto seguido imaginamos los proyectos atómicos más locos posibles

En los años cincuenta parecía que la humanidad estaba a las puertas de una nueva revolución industrial. La energía atómica iba a dejar atrás el carbón, el petróleo y el vapor que heredamos de la primera. No todo era de color de rosa, claro, pero la inocencia de la época, y lo poco que se sabía entonces de los peligros de la radiación, nos dejó algunos proyectos tan ambiciosos como disparatados. Ninguno pasó de prototipo.

Hoy la energía nuclear produce electricidad en todo el mundo y mueve submarinos, portaaviones y rompehielos. En aquella época, sin embargo, se llegó a pensar que el átomo podía moverlo absolutamente todo.

El principio es sencillo. Cuando el núcleo de un átomo pesado, como el uranio o el plutonio, se divide, libera una enorme cantidad de energía en forma de radiación y de calor. Si esa reacción en cadena se descontrola, tenemos una bomba. Si se modera, tenemos un reactor que calienta agua hasta convertirla en vapor y mueve una turbina, como en cualquier central nuclear. Con esa idea en la cabeza, ingenieros de coches, aviones y naves espaciales se pusieron a soñar.

Convair NB-36H, el enorme bombardero estratégico que volaba con un reactor nuclear
Convair NB-36H, el enorme bombardero estratégico que volaba con un reactor nuclear