En 1946, apenas 20 castores provenientes de Canadá fueron liberados en Tierra del Fuego. La intención era establecer una población silvestre que pudiera ser aprovechada por la industria peletera para la comercialización del pelaje, pero el proyecto comercial no prosperó y los animales encontraron las condiciones perfectas para reproducirse.
Sin sus principales depredadores naturales de América del Norte y con abundancia de agua y vegetación, comenzaron a extenderse por el archipiélago. En las décadas siguientes, aquellos 20 ejemplares llegaron a convertirse en más de 100.000 animales, mientras modificaban ríos, arroyos, turberas y bosques nativos.
De 20 castores a una invasión que transformó Tierra del Fuego
El castor canadiense es considerado un “ingeniero de ecosistemas” por su capacidad para modificar profundamente el ambiente. Corta árboles para alimentarse y construir diques, altera los cursos de agua y genera grandes superficies inundadas.
En Canadá, esos cambios forman parte del funcionamiento natural de los ecosistemas. Sin embargo, en Tierra del Fuego, los bosques de lenga, guindo y ñire no evolucionaron junto al castor y tienen mucha menor capacidad para recuperarse después de sus intervenciones.
Actualmente, se estima que los castores colonizaron cerca del 95% de las cuencas de Tierra del Fuego y su impacto alcanza aproximadamente 30.000 hectáreas de bosque nativo, una superficie equivalente a casi dos veces la Ciudad de Buenos Aires.

El impacto de los castores en Tierra del Fuego, en números
- 20 castores fueron introducidos originalmente en 1946.
- La población llegó a estimarse en más de 100.000 ejemplares.
- Colonizaron cerca del 95% de las cuencas de Tierra del Fuego.
- Su impacto alcanza aproximadamente 30.000 hectáreas de bosque nativo.
- Se detectaron más de 200.000 diques construidos por castores en el archipiélago fueguino.
- Algunos bosques de lenga afectados podrían necesitar alrededor de 200 años para recuperarse.
De todas formas, el problema no termina cuando los animales abandonan una zona. Las inundaciones provocadas por sus diques pueden matar árboles y modificar los suelos, mientras que algunos sectores de bosque nativo pueden necesitar períodos extremadamente largos para recuperarse. La información oficial advierte que especies como la lenga pueden demorar alrededor de 200 años en restablecerse.
El plan para recuperar los ambientes afectados por los castores
Frente a esta situación, en 2008, Argentina y Chile firmaron un acuerdo binacional para avanzar en la restauración de los ecosistemas afectados a través del manejo y la erradicación de la especie. Desde entonces se desarrollaron diferentes métodos para determinar cuáles permiten retirar castores y evitar que vuelvan a ocupar las mismas zonas.
Uno de los pasos centrales fue la implementación de áreas piloto en Tierra del Fuego. Entre 2016 y 2018 se realizaron operaciones experimentales en siete de ellas, mientras que la planificación oficial contempló intervenciones sobre alrededor de 75.000 hectáreas para generar conocimiento que pudiera aplicarse a mayor escala con el paso del tiempo.

El objetivo final no consiste únicamente en retirar los animales. Los especialistas monitorean qué ocurre después con los cursos de agua, los suelos, la vegetación y la biodiversidad para conocer la capacidad real de recuperación de cada ambiente.
La historia que comenzó con 20 castores liberados hace 80 años dejó así uno de los mayores desafíos de restauración ecológica del extremo sur de Sudamérica.
El proceso será largo: recuperar un bosque austral puede llevar décadas e incluso siglos, pero las experiencias piloto permiten empezar a determinar cómo devolver a estos ambientes las condiciones que tenían antes de la llegada del castor.



