Cuando Bill Kellogg tenía 14 años, ya estaba al frente de la granja familiar en Ohio, Estados Unidos. En ese entonces, el campo sumaba unas 283 hectáreas y sufría graves problemas de erosión: el agua abría surcos y barrancos que amenazaban la producción. Sin esperar programas oficiales ni premios, Kellogg decidió que era momento de cambiar la forma de trabajar la tierra.
El primer paso fue implementar vías de agua cubiertas de pasto y estructuras para retener agua y sedimentos, buscando frenar la erosión en los terrenos ondulados. Con el tiempo, la familia sumó nuevas tecnologías y estrategias, lo que permitió que la explotación creciera hasta alcanzar 3.237 hectáreas y se convirtiera en un referente de conservación agrícola.
De la crisis a la innovación: cómo la familia Kellogg superó los desafíos
El camino no estuvo libre de obstáculos. Durante la crisis agrícola de los años 80 en Estados Unidos, Kellogg estuvo al borde de perder la granja por una ejecución hipotecaria y debió vender pertenencias para sostener el negocio. La ayuda familiar y una inversión en certificados del programa federal payment-in-kind le permitieron salir adelante y redefinir su forma de administrar.
Esa experiencia marcó la filosofía de la familia: no aplicar una receta única, sino adaptar las prácticas de conservación a cada lote. Por ejemplo, los cultivos de cobertura se usan en zonas con mayor riesgo de erosión, y la labranza se mantiene superficial solo cuando es estrictamente necesario.
La llegada de Shane Kellogg, hijo de Bill, aceleró la adopción de la agricultura de precisión. Desde 1999, comenzaron a realizar análisis de suelo en cuadrículas para ajustar el manejo de nutrientes. Así, dejaron de aplicar fertilizantes de manera uniforme y pasaron a concentrarlos en franjas mediante la técnica de strip-till, lo que permitió reducir el uso de insumos en aproximadamente un tercio.
Un modelo de conservación que inspira a otros productores
Hoy, Kellogg Farms utiliza siembra directa, manejo de nutrientes de precisión, cultivos de cobertura, franjas de protección, drenaje subterráneo y espacios para polinizadores. Mantienen unas 60 acres de vías de agua y han construido un lago que terminó generando un ecosistema natural.
La experiencia de la familia cobró mayor visibilidad tras la crisis del agua de Toledo en 2014, cuando la proliferación de algas por exceso de nutrientes obligó a restringir el consumo de agua potable. Los Kellogg se sumaron a la red Blanchard River Demonstration Farms, un proyecto que convierte explotaciones reales en espacios de prueba y muestra de prácticas para reducir la pérdida de nutrientes y mejorar la calidad del agua.
Durante una década, la granja recibió a productores, científicos, funcionarios y estudiantes interesados en conocer sus métodos. Más tarde, la familia también se incorporó al programa estatal H2Ohio.
Reconocimiento y legado familiar
El trabajo de Bill, Shane y Jacinta Burd, junto a sus familias, fue recientemente distinguido con el Ohio Conservation Farm Family Award por su aporte a la conservación agrícola. Lo que comenzó como una preocupación por los surcos de erosión se transformó en un proyecto que atraviesa generaciones y que hoy es ejemplo para productores de todo el país estadounidense.




