Después de tres décadas dedicadas a la docencia, Bárbara Daniels encontró una nueva manera de estar cerca de su comunidad en el condado de Cumberland, Virginia. Hace 15 años, tras jubilarse, se puso al frente de Cumberland Clothes Closet, una tienda de segunda mano que, con la ayuda de voluntarios, se convirtió en un pilar para los vecinos y sobre todo para los estudiantes con menos recursos.

El local, que funciona en el centro comunitario y ya suma más de 40 años de historia, abre sus puertas todos los martes, jueves y viernes de 10 a 14. Ahí, Daniels y su equipo reciben ropa usada, cristalería, libros y artículos del hogar en buen estado, los clasifican y los ofrecen a precios accesibles para quienes buscan cubrir necesidades básicas sin gastar de más.

Un espacio solidario y de bajo costo para las familias

La misión de la tienda va mucho más allá de vender ropa. Daniels conoce de cerca las dificultades económicas que atraviesan muchas familias, sobre todo cuando se trata de vestir a varios chicos en un contexto de precios altos. “A menudo les resulta difícil vestir a una familia numerosa con los precios actuales”, explicó la exmaestra.

En los estantes del local se pueden encontrar prendas para todas las edades, además de objetos útiles para el hogar. “Vendemos principalmente ropa, pero también cualquier cosa que sea útil para el hogar”, detalló Daniels. La propuesta apunta a ser una alternativa económica y práctica para el día a día.

La exmaestra busca ayudar a su comunidad (Foto: Cumberland Clothes Closet).
La exmaestra busca ayudar a su comunidad (Foto: Cumberland Clothes Closet).

Todo lo recaudado vuelve a la comunidad

El trabajo de Cumberland Clothes Closet no termina en la caja registradora. Una vez cubiertos los gastos básicos para mantener el local abierto, todo lo recaudado se reinvierte en la comunidad. En los últimos años, la tienda donó 10.000 dólares en becas para estudiantes y colaboró con la biblioteca local, además de apoyar a los cuerpos de bomberos voluntarios del condado.

La ayuda también llega a bancos de alimentos, comedores y un centro de rehabilitación para jóvenes con problemas de adicción. Así, el impacto de la tienda se multiplica en distintos rincones de Cumberland.

Reconocimiento y trabajo en equipo

El compromiso de Bárbara Daniels no pasó desapercibido. Este año, su amiga Catherine Trammell la postuló para el concurso Act of Kindness del canal WWBT, que premia a líderes vecinales. La iniciativa le valió a Daniels un reconocimiento público, un bono de 300 dólares y una giftcard para un restaurante mexicano.

Sin embargo, la exdocente insiste en que el verdadero motor del proyecto es el trabajo conjunto con los voluntarios y el apoyo de los clientes. “Nuestra comunidad es parte de nosotros y nosotros somos parte de ella”, resumió Daniels, convencida de que el cambio positivo se construye entre todos.