Un estudio de Hábitat para la Humanidad realizado en 22 países reveló que el 80% de las personas en Argentina tuvo que reducir al menos un gasto durante el último año para afrontar los costos de su vivienda. El impacto es mayor entre inquilinos y hogares de menores ingresos.

El acceso y la permanencia en una vivienda se convirtieron en una fuente creciente de presión económica para los hogares argentinos. Una investigación global de Hábitat para la Humanidad reveló que ocho de cada diez personas en Argentina redujeron al menos un gasto durante el último año para poder afrontar los costos de su vivienda, una proporción que supera el promedio internacional, ubicado en el 75%.
El informe, titulado “Un hogar, pero ¿a qué costo?” y elaborado a partir de un relevamiento realizado en 22 países, muestra que las dificultades no se limitan al pago del alquiler o de una cuota. Por el contrario, también alcanzan necesidades básicas, ahorros, horas de trabajo y consumo energético.
En Argentina, el 38% de las personas aseguró haber reducido el gasto en alimentos y compras esenciales, mientras que el 37% recurrió a sus ahorros o fondos destinados a emergencias. A su vez, el 35% tuvo que asumir trabajos adicionales o incrementar sus horas laborales para sostener los costos vinculados a la vivienda.
La presión llega al punto de obligar a priorizar unas necesidades por sobre otras. El 34% de las personas consultadas afirmó haber tenido que elegir entre pagar la vivienda y cubrir gastos como alimentación, vestimenta o medicamentos.
“La principal conclusión del informe es que hoy para muchísimas personas en Argentina tener una vivienda implica hacer sacrificios que no deberían ser necesarios”, señaló Bárbara Bonelli, directora ejecutiva de Hábitat para la Humanidad Argentina.
La referente advirtió que cuando una persona debe decidir entre pagar el alquiler, comprar medicamentos o mantener la calefacción encendida, la problemática excede el acceso a la vivienda y repercute también sobre la salud y las posibilidades de desarrollar proyectos de vida.
El costo de la energía también impacta en la vivienda
El precio de los servicios aparece como otro de los factores que profundizan la presión sobre los hogares. El 19% de las personas en Argentina limitó el uso de calefacción o refrigeración durante el último año, casi el triple que el promedio global, que alcanza al 7%.
Entre quienes alquilan, el impacto es todavía más marcado. Seis de cada diez personas consideran que las altas tarifas de energía afectan negativamente la posibilidad de sostener económicamente su vivienda.
El estudio, encargado a Edelman Intelligence, vinculó estas dificultades con la prolongada volatilidad económica del país. Los años de inflación elevada y crisis económica deterioraron el poder adquisitivo, incrementaron el costo de vida y redujeron el margen de los hogares para afrontar gastos inesperados.
Aunque el 67% de las personas consultadas afirmó que actualmente puede cubrir los costos de su vivienda, la situación presenta un nivel importante de fragilidad. Casi cuatro de cada diez señalaron que tienen dificultades frecuentes para hacerlo y cerca de seis de cada diez temen que un imprevisto pueda poner en riesgo su permanencia en el hogar.
Para Bonelli, la vivienda debe ser entendida como algo más que un gasto mensual, ya que constituye una condición para estudiar, trabajar, cuidar a las familias y proyectar el futuro. En este sentido, sostuvo que garantizar el acceso y la permanencia en viviendas adecuadas requiere políticas que permitan ampliar las posibilidades de acceso a soluciones habitacionales asequibles.
Los inquilinos, entre los más afectados
Las personas que alquilan aparecen como uno de los grupos que atraviesan mayores dificultades. El 49% de los inquilinos manifestó tener dificultades frecuentes para afrontar los costos de su vivienda, frente al 31% de quienes son propietarios.
La incertidumbre también es mayor entre quienes alquilan. El 68% teme que un imprevisto pueda afectar su capacidad de permanecer en la vivienda, mientras que entre los propietarios esa proporción se ubica en el 51%.
Además, el 54% de las personas inquilinas manifestó estar insatisfecha con su situación habitacional, reflejando el impacto que tienen los costos de vivienda sobre las condiciones de vida.
La situación se profundiza entre quienes viven en condiciones habitacionales informales. En este grupo, solo el 53% considera que cuenta con un espacio habitable adecuado y apenas el 65% manifestó estar seguro de poder permanecer en su vivienda.
El impacto también aparece en el bienestar. El 64% de las personas que viven en condiciones habitacionales informales reportó estrés relacionado con la vivienda, frente al 28% del total de la población relevada en Argentina.
Desde Hábitat para la Humanidad plantearon que la situación requiere un abordaje integral y la articulación entre distintos sectores. Bonelli remarcó la necesidad de políticas públicas orientadas a ampliar el acceso a viviendas asequibles y de un trabajo conjunto entre el Estado, el sector privado, las organizaciones sociales y las comunidades.
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