La transición irregular entre la estación seca y la lluviosa alteró la siembra en mayo y junio y provocó pérdidas agrícolas en El Salvador. (Foto cortesía Óscar Domínguez)

La transición entre la estación seca y la lluviosa fue irregular desde el inicio del año, afirmó Danilo Ramírez, meteorólogo e ingeniero agrónomo, durante una entrevista en La Tribu. Según explicó, esa condición afectó las decisiones de siembra de los agricultores durante mayo y junio: algunos no sembraron por falta de humedad y otros perdieron sus cultivos luego de invertir sus recursos.

Ramírez ubicó los daños más severos en el corredor seco, el litoral costero y la zona oriental. Mencionó a La Unión, San Miguel, Morazán, San Vicente y Cabañas, además de la planicie costera y el Bajo Lempa, entre los territorios donde el déficit de lluvia y las altas temperaturas han golpeado la producción agrícola.

En Oriente han habido pérdidas del cien por ciento de los cultivos, hortalizas, granos básicos, ha muerto ganado”, aseguró. El especialista también relató que algunos agricultores que sembraron durante la primera invirtieron entre mil y dos mil dólares, pero apenas recuperaron cerca de 100 dólares mediante la venta de residuos vegetales como forraje.

El ingeniero agrónomo añadió que productores de caña ya estimaban pérdidas de hasta 80% en su producción. A su juicio, el impacto no se limita a los cultivos de maíz, frijol y hortalizas, porque la escasez de pasto también afecta al ganado y compromete la producción pecuaria.

El corredor seco, el litoral costero y la zona oriental concentraron los daños por déficit de lluvia y altas temperaturas sobre la producción agrícola. (Cortesía Mesa Agropecuaria, Rural e Indígena)

“Sin agua no hay cultivo”, sostuvo Ramírez. Explicó que los efectos de la sequía también dependen de las características de cada terreno, ya que los suelos arenosos, arcillosos y francos conservan la humedad de manera distinta. Sin embargo, advirtió que numerosos suelos están degradados y erosionados, por lo que han perdido parte de su capacidad para retener agua.

La seguridad alimentaria y el deterioro de las condiciones rurales

Ramírez afirmó que las pérdidas agrícolas amenazan la seguridad alimentaria y nutricional del país. Explicó que muchas familias rurales no siembran únicamente para comercializar su producción, sino también para asegurar alimentos en sus hogares, por lo que el fracaso de una cosecha reduce tanto sus ingresos como la disponibilidad de productos básicos.

¿A dónde vamos a parar? Que no vamos a tener alimento”, planteó. El especialista vinculó esa advertencia con los efectos acumulados de la sequía sobre los cultivos, el ganado, las fuentes de agua y el empleo rural.

Durante sus recorridos por el oriente, Ramírez dijo que observó cambios en las condiciones de vida de las comunidades agrícolas. Citó el caso de Ciudad Barrios, en San Miguel Norte, una localidad que recordó como históricamente fría y que, según su percepción, ahora presenta temperaturas más elevadas.

El experto señaló que los agricultores enfrentan desafíos relacionados con el acceso a asesoramiento y asistencia técnica. También observó que parte de los jóvenes busca oportunidades laborales fuera de la agricultura, entre ellas empleos en la construcción, donde, según su comparación, pueden recibir 20 dólares como ayudantes de albañilería, frente a 10 dólares en actividades agrícolas.

Los productores que sembraron durante la primera invirtieron entre mil y dos mil dólares y en algunos casos solo recuperaron cerca de 100 dólares con forraje. (Foto: cortesía)

Ramírez vinculó esa diferencia con cambios en las dinámicas de las comunidades rurales. Recordó que antes de asistir a la escuela debía cumplir tareas en el campo y señaló que la reducción de la cobertura vegetal ha modificado las condiciones de los territorios frente a los períodos de sequía y calor.

La mesa agroclimática de la Universidad de El Salvador

Ramírez explicó que la Facultad de Ciencias Agronómicas de la Universidad de El Salvador impulsa una mesa agroclimática participativa bajo el enfoque de ciencia ciudadana o ciencia abierta. La iniciativa busca incorporar a agricultores, comunidades y cooperativas en el intercambio de información y en la toma de decisiones ante sequías, lluvias irregulares, inundaciones, plagas y otros riesgos.

El meteorólogo sostuvo que los pronósticos deben llegar a las personas que trabajan la tierra y no quedarse solo en documentos técnicos. “Hay que estar interactuando con los productores, con los agricultores, con los campesinos, las comunidades”, expresó.

También planteó que los conocimientos ancestrales de agricultores y campesinos deben incorporarse a ese proceso. A su juicio, esas experiencias pueden complementarse con la información científica para que las comunidades cuenten con más elementos al momento de decidir cuándo sembrar o cómo enfrentar un evento climático.

El manejo del agua y las alternativas para la agricultura

Ramírez planteó que El Salvador puede mejorar el aprovechamiento de las precipitaciones que recibe. “Tenemos dos mil y pico de precipitaciones y no las aprovechamos”, expresó al referirse a la necesidad de fortalecer la gestión del agua y proteger la cobertura vegetal.

Danilo Ramírez afirmó que en Oriente hubo pérdidas del cien por ciento en cultivos y hortalizas, además de muerte de ganado por la sequía. (Redes Óscar Dominguez)

Durante la entrevista se mencionaron alternativas como el riego por goteo, la aspersión, el riego por gravedad y el cultivo de agua. El especialista señaló que estas técnicas existen desde hace tiempo en el país y consideró que pueden aportar al manejo agrícola en zonas con déficit de lluvia.

También aludió a manuales, políticas y regulaciones vinculadas con estas prácticas. Para Ramírez, el desafío consiste en aplicar esas herramientas y convertirlas en acciones que lleguen a los productores y las comunidades.

Sobre los reservorios de agua, explicó que pueden ser útiles para almacenar agua durante la época lluviosa. Sin embargo, indicó que su capacidad depende del área que se busca atender, el volumen acumulado y el tiempo durante el cual se requerirá el recurso para actividades agrícolas o ganaderas.

El meteorólogo mencionó experiencias aplicadas en regiones áridas, como la biotecnología, la creación de microclimas y los sistemas de climatización. Consideró que esas técnicas pueden evaluarse en el país junto con medidas de conservación de bosques y un mayor aprovechamiento del agua de lluvia.