
La Caja de Seguro Social (CSS) informó que avanza en las gestiones administrativas, presupuestarias y tecnológicas necesarias para cumplir con las víctimas afectadas por el envenenamiento masivo por dietilenglicol, dentro de los plazos ordenados por los tribunales de justicia.
Para atender el pago de las indemnizaciones, la institución indicó que mantiene la partida presupuestaria destinada a los primeros 12 beneficiarios reconocidos en las sentencias formalmente notificadas, por un monto de $25 mil para cada uno.
Sostuvo que los trámites requeridos para efectuar estos desembolsos ya se encuentran en curso.
Sin embargo, representantes de los afectados señalan que desconocen cómo se llegó a esa cifra, pues estiman que la indemnización debería estar acorde con las afectaciones a la salud que se hayan tenido.
El envenenamiento masivo con dietilenglicol en Panamá, destapado públicamente en 2006, constituye uno de los episodios más graves de intoxicación por medicamentos en la historia moderna y el peor caso documentado de intoxicación con esta sustancia en el mundo.

La tragedia se originó cuando la CSS produjo jarabes para la tos y otros medicamentos con una glicerina que, en realidad, estaba contaminada con dietilenglicol, un solvente industrial altamente tóxico para el sistema renal, hepático y nervioso.
Esta combinación de falsificación en la cadena internacional de suministro, negligencia en los controles de calidad y fallas regulatorias permitió que un insumo químico industrial se transformara, literalmente, en un veneno distribuido por el propio Estado panameño a miles de pacientes.
Aunque la intoxicación se hizo visible en 2006, los medicamentos contaminados se habían fabricado y distribuido desde al menos 2004, de modo que la tragedia se entrelaza con años de exposición inadvertida.
El brote comenzó de forma insidiosa, con la aparición de pacientes que ingresaban a hospitales públicos con insuficiencia renal aguda inexplicable y, en muchos casos, con síntomas neurológicos llamativos como debilidad de las extremidades, parálisis facial y alteraciones sensoriales.
El punto de inflexión en la comprensión del brote ocurrió cuando las investigaciones epidemiológicas y toxicológicas lograron vincular de manera estadística y analítica la ingesta de un jarabe antitusígeno con la aparición de la enfermedad.

Un estudio de casos y controles coordinado con apoyo internacional encontró una asociación significativa entre el consumo de un jarabe para la tos de prescripción y el inicio del cuadro de insuficiencia renal aguda, incluso después de ajustar por el uso de otros medicamentos, como inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina.
La CSS ahora manifiesta que continuará analizando individualmente cada sentencia que le sea notificada, con el propósito de determinar las actuaciones administrativas y presupuestarias necesarias para su estricto cumplimiento, de acuerdo con el contenido y alcance particular de cada decisión judicial.
Como parte de este proceso, la institución habilitará una herramienta tecnológica mediante la cual cada víctima podrá ingresar con su identificación y consultar el estado y la etapa en que se encuentra su caso.
La plataforma contará con los protocolos necesarios para proteger la privacidad y la confidencialidad de la información. De esta manera, cada persona podrá conocer directamente el avance de su trámite, sin exponer públicamente sus datos médicos o procesales.
La CSS también publicará en su sitio web oficial las disculpas públicas institucionales dispuestas por los tribunales, en los términos establecidos en las respectivas sentencias y en reconocimiento de la responsabilidad que estas determinen por los hechos relacionados con los medicamentos contaminados.

Asimismo, se avanza en las gestiones para construir un monumento en la Ciudad de la Salud y colocar una placa conmemorativa en el Complejo Hospitalario Dr. Arnulfo Arias Madrid, en el espacio donde funcionó el antiguo laboratorio de medicamentos.
A la fecha, se indicó que ya se han realizado las inspecciones y visitas técnicas requeridas para delimitar los espacios en los que se ubicarán estos elementos conmemorativos.




