“A mi edad, esto ya no me queda”. “Con estas piernas, no”. “¿Adónde voy a ir vestida así?”. Son frases que pueden aparecer frente al espejo antes de que alguien más opine sobre nuestra ropa. Y aunque parecen decisiones sobre una prenda, también pueden revelar algo más profundo: las ideas que aprendimos sobre nuestro cuerpo, nuestra edad y lo que creemos que tenemos permitido usar.
¿Qué pasa cuando una persona deja de elegir una prenda porque siente que ya no es para ella? ¿Cuánto hay de gusto personal y cuánto de las expectativas que aprendió sobre cómo debería verse su cuerpo? Para Gaby Piccoli, esas preguntas pueden abrir una conversación que va mucho más allá de la moda.
La escritora, autora de la colección Del Autosabotaje al Autosalvataje, propone explorar ese universo a través de una experiencia visual, perceptiva y participativa que cruza ciencia y conciencia. La pregunta que la guía es: “¿Qué llevás puesto por dentro?”.
El vestuario invisible
“Todos sabemos elegir qué ponernos por fuera, pero pocas veces nos preguntamos qué llevamos puesto por dentro”, explica Piccoli. Ese vestuario invisible puede estar compuesto por una edad, una exigencia, una comparación, una idea sobre el cuerpo, un miedo o un “yo soy así”.
Algunas de esas ideas, señala, las elegimos. Otras las aprendimos de la familia, la cultura o las representaciones colectivas. Y algunas se repiten durante tanto tiempo que dejan de sentirse como ideas y empiezan a funcionar como identidad.
La moda aparece, entonces, como una puerta de entrada a esa investigación. “Sabe algo acerca de la transformación: podemos probar, combinar, descartar y estrenar. Podemos mirarnos, jugar, decir ‘esto sí’, ‘esto no’ y volver a elegir”, plantea.

La propuesta es trasladar esos movimientos hacia la interioridad. Porque una prenda puede ser mucho más que una prenda cuando se convierte en el lugar donde aparecen la comparación, el miedo o la necesidad de aprobación.
“La ropa no cambió. Cambió quién la está llevando y desde qué estado está viviendo la experiencia”, dice.
Cuando el espejo viene con historia
La relación con la ropa tampoco se construye en el vacío. Según Piccoli, el gusto personal está atravesado por los cuerpos que vimos, las generaciones que nos rodearon, las publicidades, los modelos de belleza y las experiencias en las que nos sentimos aprobados, rechazados o fuera de lugar.
Por eso, una prenda puede funcionar como un disparador de algo mucho más grande.
“Con estas piernas no”. “A mi edad quedaría ridícula”. “¿Adónde voy a ir vestida así?”. Para la escritora, esas frases permiten descubrir todos los lugares de los que una persona puede estar excluyéndose antes de que alguien más lo haga.
No se trata de obligarse a usar algo que no gusta. La libertad también es decir que no. Pero hay una diferencia importante entre no elegir algo y sentir que no tenemos permiso para elegirlo.
“Quizás frente a una prenda descubramos un mecanismo que también utilizamos frente a un vínculo, un trabajo, un deseo o una oportunidad”, explica.
Qué sabe nuestro cerebro acerca de la edad
La propuesta también se apoya en una mirada sobre la percepción y la plasticidad cerebral. Piccoli explica que no llegamos solos frente al espejo: llegamos también con nuestra historia.
“Nuestro cerebro utiliza experiencias anteriores, contexto y expectativas para interpretar lo que percibe. Entonces el acontecimiento puede ser absolutamente presente —mi cuerpo hoy, mi edad hoy, esta imagen frente al espejo—, pero la interpretación puede ser muy antigua”, señala.
Esa idea cobra especial interés en un contexto en el que la longevidad está cambiando y aparecen nuevos referentes de edades avanzadas trabajando, creando, entrenando, viajando o comenzando proyectos.

“Hay un desfasaje: la longevidad está cambiando mucho más rápido que algunas de nuestras ideas acerca de la edad”, sostiene.
La pregunta, entonces, deja de ser solamente cuántos años tenemos. “¿Qué sabe mi cerebro acerca de tener esta edad?”, propone.
No para negar la biología ni suponer que todos los cuerpos tienen las mismas posibilidades, sino para revisar cuánto de aquello que consideramos inevitable pertenece al presente y cuánto estamos prediciendo con información del pasado.
Del autosabotaje al autosalvataje
El pensamiento automático no es necesariamente el problema. El problema aparece cuando deja de parecernos un pensamiento y empieza a funcionar como una sentencia.
“A mi edad esto ya no me queda” puede contener un movimiento muy concreto: aparece una posibilidad y la persona se retira antes de explorarla. Para Piccoli, ahí empieza muchas veces el autosabotaje.
No solamente cuando hacemos algo que nos perjudica, sino también cuando identidades antiguas, familiares o colectivas deciden de antemano qué nos pertenece y qué no.

Por eso, la moda puede convertirse en un laboratorio de bajo riesgo. ¿Qué puede pasar si alguien se prueba algo? Quizás no le guste. Se lo saca. Pero esa pequeña escena puede servir para observar qué ocurre frente a lo desconocido: ¿se prueba, observa y experimenta o necesita anticipar el resultado para sentirse segura?
“El hackeo no es reemplazar ‘no puedo’ por ‘sí puedo’. Es interrumpir por un momento la autoridad de la predicción y recuperar el derecho a experimentar antes de sentenciar”, explica.
Volver a elegir
¿Se pueden modificar esas narrativas? Piccoli aclara que no se trata simplemente de empezar a contarse una historia más linda.
La plasticidad cerebral muestra que la experiencia y el aprendizaje pueden modificar maneras de responder. Y una experiencia nueva puede aportar información que el sistema anterior no tenía.
Pero también hay algo más: cuando una persona vive durante años dentro de determinadas identidades, muchas veces deja de permitirse jugar, probar, sentir curiosidad o hacer algo sin saber para qué sirve.
“Nos volvemos rígidos incluso respecto de quién creemos que tenemos que ser”, plantea.

La conciencia permite observar esas respuestas: “mi primera respuesta fue excluirme”, “mi cuerpo se tensó”, “apareció vergüenza”, “mi mente ya decidió que no”.
Observar no hace desaparecer mágicamente el patrón, pero permite dejar de darle exclusividad. A partir de ahí, dice Piccoli, se puede introducir otra información: curiosidad, juego, presencia, amabilidad.
“Quizás la plasticidad nos hable de nuestra capacidad de seguir aprendiendo y la conciencia nos permita participar deliberadamente de ese aprendizaje”, sostiene.
Una charla para descubrir qué seguimos vistiendo
En ese marco, Gaby Piccoli dará la charla gratuita “¿Qué llevás puesto por dentro?” el sábado 19 de septiembre, de 9.30 a 11, en el Hotel Quinto Centenario de Córdoba Capital.
La actividad se realizará en el marco de Córdoba Corazón de Moda, con la colaboración de El Club de la Porota, su movimiento #HackeaElViejismo y las Narrativas Regenerativas creadas por Sol Rodríguez Maiztegui.
La propuesta invita a construir, metafóricamente, un perchero interior: edad, comparación, exigencia, miedo, control, pasado, “yo soy así”, “ya es tarde”. Pero no para sacarse todo de encima. “Vamos a hacer algo más amable: ver qué queremos seguir llevando y qué estamos disponibles para probar de nuevo”, explica Piccoli.
Curiosidad. Presencia. Amabilidad. Posibilidad. Libertad. Incluso diversión.
“Para mí, pasar del autosabotaje al autosalvataje es dejar de utilizar lo nuevo para confirmar nuestras limitaciones y empezar a utilizarlo para explorar”, concluye.
No se trata de convertirse en otra persona. Quizás se trata de algo anterior: dejar de autoexcluirse de la experiencia y recuperar el derecho a averiguar quiénes podemos ser ahora.

