Taylor Parker fue detenida en el hospital al que llegó con la bebé que había robado del útero de su madre y que no pudo ser reanimada.

Reagan Michelle Simmons-Hancock se estaba cambiando para ir a trabajar a Flying Burger, un local de venta de hamburguesas de New Boston, Texas, que la empleaba desde hacía un tiempo. Tenía 21 años y cursaba la semana 35 de su segundo embarazo. Faltaban apenas tres días para que empezara su licencia por maternidad.

Esperaba una hija mujer y ya tenía a Kynlee Grace, de tres años, a quien estaba convenciendo de que se sacara el pijama para llevarla a la guardería. Homer Hancock, su marido, ya se había ido a trabajar. Era 9 de octubre de 2020 y nada parecía alterar la calma de ese pequeño pueblo en el sureste de los Estados Unidos.

El timbre sonó unos minutos antes de las 9 de la mañana. Era Taylor Parker, la fotógrafa que Reagan había contratado para que retratara su boda con Homer y que se le había acercado cada vez más, insistiendo con que la intimidad de esa amistad crecía exponencialmente. Parker tenía 27 años y vivía en un pueblo cercano junto a Wade Griffin, el hombre que había conocido 15 meses antes cuando él participaba de un rodeo y del que se había enamorado.

El 9 de octubre de 2020, cuando tocó el timbre de la casa de Reagan, Taylor cursaba un embarazo que ya había llegado a término e incluso seguía avanzando. O al menos eso decía ella.

Reagan Hancock junto a su marido y su hija, que estaba en la casa en la que asesinaron a sangre fría a su madre. Reagan recibió cinco martillazos y más de cien puñaladas.

Parker le había insistido a Reagan con pasar por su casa para visitarla y llevarle un regalo. Pero esa visita iba a terminar en una masacre que llevaría a Taylor a una condena a la pena capital: ahora mismo espera en el llamado “corredor de la muerte” a que la ejecuten.

Ecografías falsas y panzas de siliconas

Taylor Parker había fingido un embarazo. Falseó ecografías y estudios genéticos, compró panzas falsas de distintos tamaños para simular tamaños cada vez más grandes e instó a su entorno, con los estudios genéticos falsos, a que le organizaran una ceremonia de revelación de género. Según el análisis que había falsificado, estaba esperando una nena.

El primero al que le mintió sobre su embarazo fue a Wade. También a la madre de Wade, a los mejores amigos de su pareja, a algunos vecinos de la casa de él -a la que ella se había mudado-, y a Reagan. No había mucha más gente en su entorno, y los pocos que quedaban sabían que era imposible que Parker cursara un embarazo.

Taylor había nacido en 1992 y había tenido su primera hija a los 17 años. Después, con otra pareja, tuvo a su hijo varón. Unos meses después de ese segundo parto, ya en 2014, decidió ligarse las trompas de Falopio, y al poco tiempo debieron operarla para extirparle quistes en un ovario. Durante la cirugía, los médicos detectaron que Parker tenía endometriosis y atravesaba un embarazo ectópico: su escenario era grave.

Mientras Taylor estaba en el quirófano, el equipo médico le pidió autorización a su entonces pareja para avanzar con una histerectomía total, es decir, la remoción del útero y su cuello uterino. No había ninguna posibilidad biológica de que Parker pudiera quedar embarazada después de esa cirugía.

La joven se divorció en 2017 y volvió a casarse en 2018. Durante esos años se agudizaron algunas actitudes que, según reflejaron distintos testimonios a lo largo del juicio contra Parker, definían su conducta cotidiana. Taylor mentía sobre distintos padecimientos de salud, que iban desde cáncer, esclerosis múltiple, y un derrame cerebral, y de esa manera lograba la atención de su entorno.

Taylor compartía ecografías falsas en redes sociales y las pegaba en la puerta de la heladera de su casa. Foto: Facebook

Agrandaba sus mentiras continuamente y se obsesionaba con los embarazos de las amigas que se iban alternando en su vida: a una de ellas le insistió hasta el cansancio para que le diera acceso a su app de seguimiento de gestación. Fue uno de los motivos por las que esas amigas momentáneas duraban poco y huían despavoridas.

La herencia prometida

Taylor conoció a Wade en julio de 2019, en un rodeo de los que son muy frecuentes en Texas. Ella lo abordó y el noviazgo se aceleró rápidamente. Le contó que era una de las herederas de una enorme fortuna vinculada a la industria del jarabe, un endulzante muy usado en Estados Unidos. También aseguró que tenía varios millones de dólares invertidos en la industria del petróleo.

Con todo ese supuesto patrimonio detrás, Taylor le aseguró a Wade que vivirían en una mansión en medio de un terreno de más de 4 millones de dólares. Además, se convirtió en la administradora de la economía del hogar e impulsó la compra de maquinaria para el trabajo rural de Wade e incluso de un auto para la mamá de él: su novio confió en su versión y se endeudó, seguro de que su patrimonio estaba a punto de multiplicarse.

Los testimonios de distintos gestores inmobiliarios y de familia y amigos de Wade, muchos de los cuales están recogidos en el documental Instinto Maternal que puede verse en Netflix, dan cuenta de que, en realidad, Taylor no tenía cómo responder por las altísimas compras que hacía o por la oferta millonaria que hizo por la enorme mansión.

Wade Griffin, trabajador rural, cazador de jabalíes y participante frecuente de rodeos, empezó su relación con Taylor Parker en 2019. Foto: Facebook

Para ganar tiempo, inventaba intermediarios, desde agentes financieros hasta familiares, y ella misma manejaba las cuentas de correo electrónico y redes sociales de esas supuestas personas. Para excusar cualquier demora en el acceso al dinero, culpaba a su madre: juraba que ella quería desheredarla de esa enorme fortuna.

Un parto que nunca llegaba

Taylor estaba segura de que en algún momento Wade iba a abandonarla. Y creía que “compraba tiempo” con las mentiras sobre una futura enorme fortuna. Pero no llegaba ninguna señal de todo ese patrimonio, así que decidió “asegurar” su pareja con otra mentira: le anunció que estaba embarazada. E incluso dijo que esperaba gemelos.

Poco tiempo después, le dijo a Griffin que un golpe mientras llevaba a cabo algunas tareas en el campo había causado la interrupción de la evolución de uno de los fetos, y que sólo prosperaría el otro.

A medida que los meses pasaban, Parker hacía todo lo que creía necesario para sostener su engaño: compraba ropa de bebé, pegaba ecografías falsas en la heladera y le decía a Wade que la acomplejaban mucho los cambios de su cuerpo y que por eso no quería que le tocara la panza. Lo cierto es que era una panza de silicona.

Además, como el supuesto embarazo transcurrió durante 2020, la pandemia de coronavirus le sirvió para argumentar que, por protocolos muy estrictos, Wade no podía ir a las consultas. Muchas mañanas del primer trimestre, Taylor se encerraba en el baño y fingía náuseas.

El entorno de Wade, sobre todo su mamá y sus mejores amigos, empezaron a sospechar de Taylor. Encontraban incongruencias cada vez más notorias en su discurso, pero Griffin no quería escucharlos.

Taylor organizó una sesión de fotos mostrando su embarazo. Era una panza falsa de silicona. Foto: Facebook

En septiembre de 2020, cerca de la supuesta fecha de parto, Wade recibió un mensaje desde un teléfono que no tenía agendado. Era uno de los ex maridos de Taylor y le decía: “Te contacto porque siento que es un deber ético. En 2015, Taylor se sometió a una histerectomía. Ella no puede estar embarazada. Es una artista de la mentira y te está engañando para retenerte”.

Taylor negó todo y volvió a responsabilizar a su madre. Dijo que, para perjudicarla, la madre estaba dispuesta a falsificar identidades y a decir mentiras continuamente. Griffin todavía guardaba alguna esperanza de convertirse en el marido de una millonaria, así que eligió creer.

La fecha prevista para el nacimiento ya estaba encima. El día señalado, 19 de septiembre de 2020, el centro médico en el que iba a producirse el nacimiento tuvo que ser evacuado porque recibió una amenaza de bomba. Taylor reprogramó la fecha para el 5 de octubre y después, para el 9 de octubre. Esos cambios implicaban también modificar el lugar en el que supuestamente iba a nacer su bebé. El 9 de octubre, Parker ya no tenía ningún margen para volver a “estirar” su embarazo: su mentira dependía de que consiguiera un bebé.

La amiga embarazada

Taylor Parker decidió que iría por la bebé que esperaba Reagan Simmons-Hancock, a quien había conocido en septiembre de 2019. La relación entre ellas creció a través de mensajes y comentarios en Facebook, y también a través de videollamadas. Reagan confió en Taylor y le abrió las puertas de su casa: ese fue el principio del fin.

A medida que se acercaba la fecha del nacimiento de Braxlynn Sage, la hija de Reagan y Homer, Taylor se acercaba cada vez más a su supuesta amiga. A la par, llevaba semanas investigando a través de búsquedas en Google y videos en YouTube cuál era el protocolo para revisar a un recién nacido de 35 semanas. También miraba tutoriales sobre cómo llevar a cabo una cesárea de emergencia y cómo atender a un bebé prematuro en sus primeros instantes de vida.

Reagan Hancock junto a su madre y su hermana menor. Las dos dan su testimonio en el documental

Parker visitó a Reagan el 8 de octubre. En las primeras horas del 9, el día del crimen, repasó por última vez un video sobre cómo revisar a un recién nacido prematuro. Guardó un botiquín con material quirúrgico en su auto y manejó hasta la casa de Reagan, a quien llamó en el camino para insistirle con visitarla nuevamente.

La masacre de Texas

Reagan abrió la puerta de su casa y Taylor desplegó inmediatamente un ataque feroz. La casa se manchó de sangre a medida que las agresiones iban cambiando de lugar. Los forenses determinarían después, por lo que encontraron en la escena del crimen, que Reagan intentó defenderse desesperadamente. Pero cuando Parker la golpeó con un martillo, al menos cinco veces en la nuca y la frente, el cráneo de Reagan sufrió severas fracturas y ya no pudo oponer ninguna resistencia.

Intentó cortarle el abdomen con un cuchillo de cocina pero no lo logró. Así que usó el bisturí que había llevado en su auto. Le hizo una incisión que había aprendido en los tutoriales. Reagan, que todavía no había perdido la conciencia, gritaba en el suelo.

Parker abrió el útero de su víctima y arrancó a la bebé nonata. Reagan le rogaba que parara. Taylor decidió ultimar a su víctima: le dio más de cien puñaladas, sobre todo en la cabeza y en el cuello. Le dejó la hoja del bisturí clavada en la garganta: con esa hoja había mutilado su cuerpo para robarle a su hija. Kynlee Grace, la hija de tres años de Reagan, se escondió bajo las frazadas de su cama y se quedó inmóvil.

Taylor huyó con la bebé ensangrentada y la apoyó sobre su regazo. Encendió el auto y escapó de la escena del crimen. La Policía la instó a detener su auto en la banquina porque manejaba con exceso de velocidad.

Taylor Parker contaba que padecía distintas patologías a través de sus redes sociales. Después, se descubría que todo era mentira. Foto: Facebook

Cuando el agente se acercó a la ventanilla, encontró a Parker con el torso manchado de sangre seca y el cordón umbilical de la bebé asomando por su pantalón: la victimaria quería simular un parto que se había desencadenado inesperadamente. Taylor juró que acababa de parir a un costado del camino, mientras se dirigía al hospital, y que su bebé no respiraba.

La Policía pidió una ambulancia inmediatamente, y Taylor y la bebé fueron trasladadas a un hospital en Oklahoma. Los médicos intentaron reanimar a Braxlynn Sage pero no lo consiguieron: la bebé fue declarada muerta. La mentira de Parker empezó a derrumbarse enseguida. Se negó a que la examinara un ginecólogo para verificar que el supuesto parto estuviera completo y ella no estuviera en peligro.

Además, le hicieron análisis de sangre para detectar marcadores hormonales vinculados al embarazo y el parto que dieron negativo. Por último, una ecografía reveló que Taylor no tenía útero. Los médicos confirmaron que era insostenible la versión de los hechos que ella contaba e hicieron intervenir a las fuerzas de seguridad. Sabían que algo peligroso estaba pasando.

A 74 kilómetros del hospital, Jessica Brooks, la madre de Reagan, fue a la casa de su hija, que no le respondía las llamadas y que no había llevado a su nieta a la guardería. Vio que el picaporte de la entrada estaba manchado de sangre y se desesperó.

Cuando entró, encontró un infierno: su hija estaba muerta, con el abdomen abierto, y todo era una marea roja de sangre. Uno de los forenses que asistió a la casa diría después que fue la escena más sangrienta de toda su carrera como investigador. Su nieta seguía escondida, aterrorizada.

Wade Griffin apostaba a vivir con la enorme fortuna que Taylor le prometía. Foto: Facebook

La Policía de Texas emitió un alerta y Taylor Parker fue inmediatamente arrestada en el hospital de Oklahoma. Confesó que había mantenido “una discusión física” con Reagan antes de robarle a su bebé.

En el corredor de la muerte

La investigación determinó que el delito de Taylor fue una abducción fetal por evisceración materna. Sólo había 15 antecedentes de casos así entre 1987 y 2011 en Estados Unidos. El juicio oral se llevó a cabo en 2022, casi dos años después del doble homicidio de Reagan y Braxlynn Sage.

Declararon más de cien testigos que acreditaron el montaje de mentiras por parte de Taylor a lo largo de los años. Se presentó un gran volumen de pruebas digitales y forenses que sirvieron para que la fiscalía acreditara su acusación contra Parker.

La fiscalía logró demostrar que Taylor había actuado con total premeditación y que su motivación había sido retener a su pareja, sin importar cómo. Además, se dieron a conocer llamados entre Taylor y la madre, ya durante su tiempo encarcelada, en los que no exhibía ningún remordimiento por el crimen, ni tampoco empatía por los familiares de las víctimas.

La defensa de Taylor no negó la autoría de los hechos pero apostó a evitar la pena de muerte. Un neurólogo declaró que Parker padecía “síndrome del lóbulo frontal”, y que eso le causaba alteraciones emocionales y cognitivas severas.

Los abogados intentaron desestimar que Taylor había secuestrado a la bebé, asegurando que había nacido sin vida y que “no se puede secuestrar a una persona no nacida”. Los peritos médicos y paramédicos anularon este argumento, porque confirmaron que la bebé había estado viva en el instante en el que la asesina cortó el abdomen de Reagan.

El 3 de octubre de 2022 el tribunal declaró a Parker culpable de asesinato con agravantes y secuestro. El 9 de noviembre de ese mismo año, ese mismo jurado recomendó de forma unánime la pena capital, y sentenció a muerte por inyección letal a Taylor.

Ahora mismo, Parker es una de las siete mujeres que transitan “el corredor de la muerte” en Texas. Todas las apelaciones presentadas por los defensores de Taylor fueron rechazadas sistemáticamente. La Corte Suprema de los Estados Unidos rechazó revisar el caso en mayo de este año. Taylor tiene 33 años y permanece recluida. Pasa 22 de las 24 horas del día aislada, a la espera de que se determine la fecha exacta de su ejecución.