Investigadores del Hospital Broca de París y de una residencia en Tarn-et-Garonne ensayan dispositivos robóticos y sistemas de inteligencia artificial para acompañar a personas con enfermedades neurodegenerativas (Europa Press)

Francia ensaya robots e inteligencia artificial en la atención de personas con alzhéimer mediante pruebas en un hospital de París y una residencia del sur del país. Las experiencias, que se suman a otras tecnologías destinadas al cuidado de adultos mayores y a los avances de la IA aplicada a la salud, buscan determinar si estas herramientas pueden facilitar terapias, aliviar episodios de agitación y respaldar a los equipos de cuidados.

Los ensayos se realizan en el Hospital Broca, en París, y en la residencia La Septfontoise, situada en el departamento de Tarn-et-Garonne, según Euronews.

En el Hospital Broca, pacientes mayores participan en sesiones con tres dispositivos de funciones diferentes. El robot humanoide NAO plantea preguntas y ejercicios destinados a promover la conversación y trabajar capacidades como la memoria, la atención y el lenguaje. En una de las actividades, invita a completar refranes conocidos, una propuesta que permite observar cómo responden los participantes ante consignas verbales familiares.

En el Hospital Broca, tres dispositivos robóticos participan en sesiones terapéuticas con personas con enfermedades neurodegenerativas (AFP)

El segundo dispositivo es Paro, una foca robótica con sensores que detectan movimientos y sonidos. Su función se orienta al confort terapéutico y a la interacción. El tercer equipo, Miroki, fue diseñado para sostener diálogos con los pacientes.

Los investigadores del Broca Living Lab estudian si estos recursos pueden favorecer la participación de las personas en sesiones de estimulación cognitiva, terapia del lenguaje, fisioterapia y rehabilitación psicomotriz.

Las respuestas de los pacientes no son iguales

La aceptación de los robots no es uniforme. Michele, una paciente de 72 años que participó en las sesiones, dijo que la experiencia le resultaba inusual, aunque no le generaba inquietud. “No estoy preocupada, pero prefiero el contacto humano”, afirmó a Euronews.

Lea Vecchioni, psicóloga e ingeniera de investigación del Broca Living Lab, señaló que las reacciones van desde el interés hasta el rechazo. Algunos pacientes se sorprenden al interactuar con tecnologías que conocían por televisión, mientras que otros no desean vincularse con los dispositivos.

Maribel Pino, investigadora en psicología cognitiva y directora de investigación del laboratorio, explicó que los robots pueden funcionar como facilitadores durante una terapia. Su función, según planteó, consiste en ayudar a que el paciente se involucre en la actividad propuesta por los profesionales, no en dirigir por sí mismos un tratamiento.

El Broca Living Lab fue creado en 2010 y desarrolla investigaciones aplicadas sobre tecnologías para la salud, la geriatría y el acompañamiento de personas con deterioro cognitivo o pérdida de autonomía. Está vinculado a la Universidad París Cité, el Instituto Nacional de Salud e Investigación Médica de Francia y el Conservatorio Nacional de Artes y Oficios.

Los equipos del Broca Living Lab plantean que la robótica y la inteligencia artificial deben entenderse como complementos dentro de tratamientos más amplios (AFP)

Una voz personalizada para momentos de agitación

A unos 600 kilómetros de París, la residencia La Septfontoise prueba otro tipo de herramienta. El sistema Livana funciona a través de un teléfono y busca acompañar a los residentes cuando atraviesan momentos de agitación o inquietud.

Antes del inicio de la experiencia, el personal reunió datos biográficos de los residentes con la autorización y colaboración de sus familias. La información puede incluir intereses, recuerdos, referencias personales y elementos de la trayectoria de vida. El sistema utiliza esos datos para adaptar el contenido de los intercambios y la voz con la que se dirige a cada persona.

Un teléfono de comunicación adaptado facilita el seguimiento y la asistencia remota a personas con demencia y otras enfermedades neurodegenerativas (AFP)

Elodie Jammes, psicóloga vinculada al proyecto, explicó que esa personalización puede incorporar referencias asociadas con la historia de vida del residente para intentar calmarlo.

La directora de La Septfontoise, Ghislaine Verines, señaló que el objetivo del ensayo es evaluar alternativas no farmacológicas que puedan contribuir al bienestar de los residentes y dar apoyo adicional al personal de cuidados.

La prueba no permite concluir todavía que Livana reduzca la agitación ni que los robots mejoren de forma comprobada la evolución de personas con alzhéimer. Las experiencias están en curso y los datos difundidos describen sus objetivos y el funcionamiento de las herramientas, sin presentar resultados clínicos publicados.

Los investigadores descartan reemplazar el cuidado humano

El límite central de los proyectos está definido por los propios equipos que los llevan adelante. Pino sostuvo que la robótica no debe pensarse como un recurso de sustitución. Aunque los sistemas mejoren sus capacidades de conversación o interacción, no pueden reemplazar las relaciones humanas que necesitan las personas con trastornos cognitivos.

Esa definición también ordena las pruebas en curso. Los robots y la IA se evalúan como apoyos para actividades concretas, como iniciar una conversación, acompañar un ejercicio terapéutico, ofrecer contención o facilitar la tarea de cuidadores y profesionales. El contacto humano permanece como el elemento central de la atención.

Las experiencias francesas permitirán observar en qué contextos estas tecnologías pueden incorporarse a instituciones de salud y residencias, con supervisión profesional y sin presentarlas como reemplazo de tratamientos, familiares o cuidadores.