Galicia siempre ha sido la cuna del marisco en España. El problema es que ha perdido la mitad en solo diez años

Buenas playas, buen clima, buena mesa. Durante años esa tríada afortunada convirtió a Galicia en un destino de vacaciones para familias de toda España. Aquí (sí, un servidor escribe desde la comunidad) encontraban costas, buenos paisajes, patrimonio, precios aceptables y temperaturas más tolerables que en otros rincones de la península. El problema es que, canícula e incendios aparte, uno de los elementos de esa ecuación está sumido en una profunda crisis: el marisco, emblema de la cocina gallega, atraviesa sus horas más bajas.

Y no parece que el panorama vaya a mejorar en breve.

El "vía crucis" del marisco. La expresión no es nuestra, la usó hace unos meses Lorena Bustabad, de El Confidencial, para referirse al peculiar calvario que está atravesando el marisco gallego. Y aunque puede sonar exagerado, da en el clavo. La meteorología, la marea roja, las vedas, los cambios en el consumo de los hogares y la competencia de otras regiones (Italia, Portugal, Canadá, Reino Unido o Marruecos, depende del producto del que hablemos) han hecho que el sector de las Rías Baixas y Altas lleve tiempo ecandenando desafíos.

Restaurantes de media España nos están dando vieiras por zamburiñas. Y Galicia se ha cansado del fraude
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