
Colombia, Estados Unidos, firmaron, memorandos y cooperación civil nuclear y de minerales estratégicos este 8 de septiembre en Barranquilla, en una decisión que abre una hoja de ruta no vinculante para intercambio técnico, inversión, procesamiento y regulación, mientras Washington busca reducir su dependencia de China en cadenas de suministro decisivas para tecnología, defensa y transición energética.
El interés estadounidense se explica por el peso chino en esos mercados. De acuerdo con el Servicio Geológico de Estados Unidos, China produjo cerca del 80% del tungsteno mundial en 2025: 67.000 de 85.000 toneladas extraídas en el planeta.
En tierras raras, la Agencia Internacional de Energía calculó que China aportó alrededor del 60% de la minería global en 2024 y controla cerca del 90% de la separación y refinación, la etapa que transforma el mineral en un insumo utilizable por la industria.
La firma se produjo al cierre del encuentro de alto nivel que ambos gobiernos denominaron Diálogo para la Prosperidad Bilateral. Los documentos fueron suscritos por el secretario de Estado Marco Rubio y el canciller Omar Bula, con el presidente Abelardo de la Espriella como testigo.

Un memorando de entendimiento es un acuerdo de cooperación entre gobiernos sin fuerza vinculante. No crea obligaciones legales, no concede derechos de explotación sobre yacimientos concretos y tampoco garantiza por sí solo la llegada de capital.
Así mismo, Colombia conservará la soberanía sobre sus recursos y cualquier decisión posterior sobre proyectos, empresas o inversión deberá ajustarse a la legislación nacional y a las aprobaciones que correspondan en cada país.
El documento abarca exploración, procesamiento y comercio de minerales considerados estratégicos, entre ellos las tierras raras, el litio, el cobre y el tungsteno. También plantea fortalecer el conocimiento geológico de Colombia para identificar oportunidades en esos recursos.
La agenda oficial añade otros frentes: procesamiento con valor agregado, reciclaje, diversificación de cadenas de suministro y promoción de proyectos de interés estratégico. La Cancillería y el Ministerio de Minas y Energía sostienen que el objetivo es posicionar al país como un socio confiable en cadenas ligadas a tecnologías limpias, infraestructura eléctrica, baterías e industrias avanzadas.
La ministra de Minas y Energía María Nohemi Arboleda definió así el propósito del acuerdo: “Colombia no puede limitarse a exportar materias primas: tenemos que convertir nuestro potencial minero y energético en industria, empleo formal, innovación y desarrollo para las regiones”.

Arboleda añadió que la cooperación con Estados Unidos permitirá avanzar con más conocimiento técnico y mejores estándares en sectores asociados a la transición energética. El acuerdo también contempla estándares ambientales, sociales y de gobernanza para las actividades vinculadas con esos minerales.
El segundo memorando crea un espacio de diálogo técnico sobre posibles usos de la tecnología nuclear en seguridad energética, investigación científica, formación de talento humano y fortalecimiento regulatorio. El anuncio oficial precisa que esa cooperación tendrá un carácter gradual y deberá desarrollarse bajo estándares internacionales de seguridad tecnológica, seguridad física y salvaguardas.
La explicación jurídica del alcance de estos instrumentos apunta en la misma dirección. Juliana Bustamante, abogada internacionalista y directora de Vértice-Política Exterior, Derechos Humanos y Paz, dijo a El Colombiano: “Es un acto protocolario concreto, pero no tiene fuerza de ley. No obliga. Puede acabarse en cualquier momento y puede no honrarse o ignorarse”.
Bustamante añadió que, aun sin vinculación legal, el memorando funciona como punto de partida diplomático: “Es un punto de partida, una formalización de la decisión mutua de empezar a trabajar juntos, que probablemente sí se concrete con temas más amplios”.
La experta remarcó que estos documentos no tienen que pasar por la aprobación de los congresos. En su descripción, son una declaración de intenciones útil para actuar con rapidez y, al mismo tiempo, un símbolo que puede derivar en acuerdos más concretos.
Washington multiplicó estos pactos y no todos son públicos
La firma con Colombia se inserta en una estrategia más amplia de Estados Unidos. El 4 de febrero, Rubio encabezó en Washington la Reunión Ministerial sobre Minerales Críticos, en los que el Departamento de Estado anunció 11 nuevos acuerdos y memorandos con países como Argentina, Ecuador, Paraguay, Perú, Guinea, Marruecos, Filipinas, Emiratos Árabes Unidos, Reino Unido y Uzbekistán.
En ese encuentro también nació el Foro sobre Compromiso Geoestratégico con los Recursos, conocido como Forge, plataforma que reemplaza a la Minerals Security Partnership y que busca fijar reglas de precios para estos recursos.
Una ficha del propio Departamento de Estado sugería en febrero que había 38 memorandos y marcos acordados o en proceso. La organización Public Citizen, que sigue este tipo de acuerdos, documentó 27 pactos sobre minerales críticos hasta agosto pasado, 15 de ellos memorandos de entendimiento, y encontró que menos de la mitad tiene un texto público.
Solo dos de esos documentos fueron divulgados por el gobierno de Estados Unidos. El resto se conoce por publicación de los países socios, mientras una solicitud de información presentada en ese país para acceder al listado y a los textos seguía sin respuesta.
En América Latina, Argentina, Ecuador, Paraguay y Perú firmaron un memorando similar el 4 de febrero, Bolivia lo hizo en abril y Chile suscribió una declaración conjunta en marzo. El caso colombiano se alinea con esa figura más breve y menos detallada que los llamados marcos.
El acuerdo más desarrollado con texto público es el de Australia, firmado en octubre de 2025. Ese documento organiza nueve compromisos, incluye una meta de al menos USD 1.000 millones en financiamiento por país dentro de los seis meses siguientes, una cumbre ministerial de inversión en 180 días y mecanismos de revisión de ventas de activos mineros por razones de seguridad nacional, aunque aclara expresamente que no crea obligaciones vinculantes.
Bustamante vinculó la firma en Barranquilla con la recomposición de la relación bilateral tras los choques entre los gobiernos de Donald Trump y Gustavo Petro. Según su lectura, el encuentro y el hecho de que Rubio iniciara allí su gira por América Latina son señales de una alineación cercana entre Washington y Bogotá.




