Google, Apple y Microsoft han coincidido en la misma semana en algo que nadie esperaba: el ordenador vuelve a importar

En apenas dos días han pasado tres grandes noticias para el ordenador como concepto:

  1. Google ha puesto nombre, precio, especificaciones y fecha a los primeros Googlebook, portátiles con Android y Gemini integrado.
  2. Han llegado los primeros análisis del Mac mini M6 y el Mac Studio M5 Ultra. Varias coinciden en que son máquinas estupendas para ejecutar agentes de IA en local.
  3. Microsoft ha explicado en detalle a The Pragmatic Engineer cómo tratará Windows a esos agentes cuya integración anunció hace unos meses: como usuarios con identidad propia.

Tras quince años viendo cómo el móvil ha ido acaparando el protagonismo, con el ordenador relegado a dispositivo secundario con las excepciones de transiciones de arquitectura (Apple Silicon y también ARM en Windows), ahora las tres grandes apuestan a la vez por lo contrario. El motivo es el mismo en los tres casos: los agentes necesitan algo que el móvil no puede darles.

Por qué con el móvil no basta

El smartphone se ha construido sobre la idea de que cada aplicación vive en su sandbox y no puede tocar la de al lado. Eso es lo que lo hizo seguro y distintos a los ordenadores. También es lo que lo vuelve hostil para un agente, cuyo trabajo consiste justo en saltar de una caja a otra: leer un correo, consultar el calendario, hacer una reserva, guardar un PDF...

Muse, el agente de Meta, es un gran ejemplo reciente: asigna a cada usuario un ordenador virtual en la nube que navega, completa tareas y sigue trabajando aunque se cierre la app. Se usa desde el móvil, pero no trabaja en él. El móvil es un mando a distancia porque el trabajo real ocurre en un ordenador de Meta. Lo mismo aplica a Instinct o a Grok Bot.

La bolsa también lo ha leído así. El lunes, ARM subió un 17%, Intel un 12% y AMD un 10%, en un rally atribuido a la buena acogida de Muse: mantener encendidos esos ordenadores virtuales requiere procesadores, pero no tarjetas gráficas. Ninguno de los tres fabricantes había anunciado nada, por cierto.

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