Una inspección con drones reveló al menos diez pelotas atrapadas sobre las bóvedas del Monumento al Fin del Milenio en Vicente López (Gentileza PGB INTEGRATED AIR OPERATIONS SRL)

“¿Habrá pelotas atrapadas en el Monumento al Fin del Milenio?“. La pregunta nació en el posteo del usuario de X Juan Roleri. Según explicó, surgió al mirar desde abajo las dos bóvedas de hormigón del Paseo de la Costa, en Vicente López. Ese techo curvo, conocido por muchos como las “patas de pato”, guarda una superficie imposible de inspeccionar a simple vista.

Para develar el misterio, usó drones para sobrevolar la estructura y mostró que al menos 10 pelotas habrían quedado “perdidas”. Este monumento retoma una idea del arquitecto Amancio Williams, quien la había concebido en homenaje a su padre, el compositor Alberto Williams.

Roleri contó que trabajaba con un dron en la zona cuando decidió comprobar qué había sobre las cubiertas de hormigón. Las imágenes permitieron distinguir, en una de ellas, al menos ocho pelotas y algunos objetos cuya identificación no resulta clara. En la otra se observan dos más.

Las imágenes aéreas mostraron ocho pelotas y otros objetos no identificados en una bóveda, y dos pelotas más en la otra (Gentileza PGB INTEGRATED AIR OPERATIONS SRL)

La consulta tuvo una respuesta concreta desde el aire. El monumento, al que algunos vecinos llaman “los paraguas”, “los ravioles” o “las patas de pato”, parece retener los objetos que llegan a su parte superior y no encuentran una salida sencilla.

Las imágenes permitieron contar diez pelotas sobre las dos bóvedas

Al final de la publicación, Roleri escribió: “Patrimonio arquitectónico y formidable trampa para pelotas”. En tanto, el usuario @kohantoys le respondió con un dato sobre los proyectos de Williams:

“Amancio Williams, inventor de arquitectura y gran conocedor de la cultura futbolística local, había pensado una estructura con ventanitas para que las pelotas que cayeran en el techo se sacaran por ahí. Lamentablemente, ese sistema no fue construido en Vicente López”.

La Municipalidad de Vicente López pidió identificar a los dueños de las pelotas y conocer cómo llegaron a las bóvedas (Gentileza PGB INTEGRATED AIR OPERATIONS SRL)

Por su parte, la cuenta oficial de la Municipalidad de Vicente López se sumó al intercambio con un mensaje dirigido a los posibles dueños: “Buscamos a los dueños de esas pelotas. Ayudanos a encontrarlos”. Incluso, también les pidió que contaran cómo habían terminado allí. Un intercambio que aún gana presencia en esta red social, junto con anécdotas y bromas.

La obra se levanta a unos 12 metros sobre el Paseo de la Costa

El Monumento al Fin del Milenio está cerca de la calle Melo y del Río de la Plata. La construcción comenzó en noviembre de 1999 y fue inaugurada en febrero de 2000, como homenaje al cambio de milenio y a Amancio Williams.

La obra está formada por dos bóvedas cáscara, grandes cubiertas de hormigón armado con una curvatura particular. Cada una mide 9 metros de lado, tiene 9 centímetros de espesor y se apoya sobre una columna de unos 12 metros. Las columnas son huecas y cumplen, además, la función de desagüe cuando llueve.

Las dos bóvedas cáscara del monumento miden nueve metros de lado, tienen nueve centímetros de espesor y se apoyan en columnas huecas (Gentileza PGB INTEGRATED AIR OPERATIONS SRL)

El origen del diseño se remonta a 1962, cuando Williams lo proyectó como un monumento en memoria de su padre, Alberto Williams. La propuesta no llegó a realizarse en ese momento. Cuatro años después, el arquitecto aplicó una solución similar en el pabellón de Bunge y Born para la Feria del Centenario de la Sociedad Rural Argentina, en Palermo.

Ese pabellón fue demolido al terminar la exposición. Décadas más tarde, el municipio de Vicente López encargó una versión adaptada, cuya reconstrucción estuvo a cargo del arquitecto Claudio Vekstein junto con Claudio Williams, uno de los hijos de Amancio.

Las bóvedas nacieron como respuesta a proyectos para hospitales

Williams concibió las bóvedas cáscara entre 1948 y 1951, para tres hospitales proyectados en la provincia de Corrientes que debían soportar el clima subtropical de la zona. Buscaba elevar el techo, permitir la circulación de aire y resguardar los espacios situados debajo.

Sin embargo, los hospitales nunca se construyeron. Las bóvedas cáscara se sostienen por su propia forma y por la columna central, sin vigas a la vista. Esa característica convirtió al sistema en una de las soluciones más conocidas del arquitecto y referencia de la arquitectura moderna argentina.

El monumento de Vicente López es hoy una de las pocas realizaciones concretas de ese sistema en el país, junto con la plaza pública de El Molino, fábrica cultural, en Santa Fe, inaugurada en 2010 con trece bóvedas.