Hace 20 años, un pueblo de Zamora quiso quedarse con el cementerio nuclear de España. Sus vecinos han dicho "no"

Hace veinte años se propuso la creación de un cementerio nuclear. Bueno, en realidad, un Almacén Temporal Centralizado (ATC). Es decir, una gran instalación industrial destinada a concentrar en un único lugar el combustible nuclear gastado y determinados residuos radiactivos de alta actividad procedentes de las centrales españolas. La idea era aislarlos físicamente y mantenerlos bajo vigilancia durante décadas. El proyecto español de 2009-2010 contemplaba almacenamiento en seco, con el combustible encapsulado y protegido dentro de sistemas de hormigón y acero, además de bóvedas y naves para otros residuos acondicionados. El diseño previsto tenía unos 283 metros de largo, 78 de ancho y 26 de alto, y estaba pensado inicialmente para unos 60 años.

Pero la cosa no funcionó. “Veinte años ya, madre mía…”, dice María Isabel Prieto, camarera de Peque, un pueblo de la comarca zamorana de La Carballeda. En agosto de 2006 este municipio fue, durante unas semanas, uno de los focos informativos de España: su alcalde, Rafael Lobato, había ofrecido el término al Gobierno para levantar ahí ese almacén de residuos radiactivos. Los vecinos respondieron con una palabra: no.

Agosto de 2006. Viajemos a ese día. Lobato contactó con el Ministerio de Industria a primeros de mes y puso a su disposición 2.000 hectáreas de terreno comunal. El argumento era la despoblación: el pueblo estaba, según él, “a punto de morir”, y el proyecto prometía una inversión de 1.000 millones de euros, 300 empleos durante la obra y 110 puestos fijos. De primeras, ni la Diputación de Zamora ni la Junta de Castilla y León respaldaron la idea.

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