
Hasta 4.000 glaciares podrían desaparecer cada año durante el período más crítico de este siglo si el calentamiento global alcanza los 4°C. Las proyecciones sitúan el máximo de pérdidas entre 2041 y 2055, con variaciones según la evolución de la temperatura media del planeta.
La estimación forma parte de un trabajo difundido por National Geographic, a partir de una investigación publicada en Nature Climate Change. El estudio propone una forma distinta de analizar el retroceso del hielo: en lugar de limitarse a calcular la reducción de volumen o superficie, proyecta el momento en que cada glaciar podría dejar de existir.
Un visor permite seguir el destino de cada masa de hielo
El Global Glacier Extinction Explorer reúne esas proyecciones en un mapa interactivo. La herramienta permite buscar glaciares concretos y revisar su posible evolución bajo escenarios de aumento de la temperatura global de 1,5°C, 2°C, 2,7°C y 4°C.
El proyecto fue encabezado por Lander Van Tricht y combina los resultados de tres modelos glaciológicos globales: GloGEM, OGGM y PyGEM. Esas simulaciones se cruzaron con distintos modelos climáticos para estimar la trayectoria de miles de masas de hielo distribuidas en el planeta.
Para el equipo investigador, un glaciar se considera extinguido cuando su área baja de 0,01 kilómetros cuadrados o cuando retiene menos del 1% de su volumen original. Se trata de umbrales científicos que permiten comparar la evolución de territorios con dimensiones, climas y relieves muy diferentes.

Las fechas que muestra el visor no representan una predicción definitiva. Los autores advierten que existen márgenes de incertidumbre vinculados a la respuesta climática futura y a las particularidades de cada glaciar. Sin embargo, los escenarios dibujan una aceleración general de las pérdidas a medida que aumenta la temperatura.
El pico de desapariciones se concentraría a mediados de siglo
La desaparición de los glaciares no ocurriría de manera uniforme. Los modelos anticipan una oleada de extinciones concentrada en torno a la mitad del siglo. Con un calentamiento limitado a 1,5°C, el máximo rondaría los 2.000 glaciares desaparecidos por año.
En el escenario de 4°C, en cambio, la cifra podría acercarse a las 4.000 pérdidas anuales. La diferencia ilustra el impacto que pueden tener unos pocos grados adicionales sobre los sistemas montañosos y las reservas de hielo fuera de las capas polares.
Las simulaciones llegan hasta 2100. Por eso, que un glaciar aparezca como superviviente al final de ese período no implica que quede preservado en el largo plazo. Solo indica que, para entonces, todavía no habría alcanzado los criterios definidos por el estudio para declarar su desaparición.
El glaciar del Aneto perdió casi dos tercios de su superficie
En los Pirineos, el retroceso tiene un caso emblemático: el glaciar del Aneto, el mayor de la cordillera. Una investigación publicada en The Cryosphere calculó que perdió el 64,7% de su superficie entre 1981 y 2022.

El análisis reconstruyó más de cuatro décadas de cambios mediante fotografías aéreas históricas, mediciones con lidar, relevamientos con drones y radar de penetración terrestre. Además de la reducción de superficie, el espesor medio del hielo disminuyó 30,5 metros.
En el otoño de 2022, el grosor promedio que conservaba el glaciar era de 11,9 metros. Los investigadores también identificaron indicios de que la masa de hielo podría dividirse en dos cuerpos menores, junto con la ausencia de una zona de acumulación que reponga el hielo perdido.
Los años cálidos y secos agravan ese deterioro. El período 2021-2022 fue señalado como un ejemplo de condiciones meteorológicas capaces de acelerar la reducción del glaciar en un lapso breve.
La pérdida modifica paisajes y ecosistemas de montaña
Aunque los glaciares pequeños aportan menos al aumento del nivel del mar o al caudal de los grandes ríos, su desaparición altera el funcionamiento de los ecosistemas de alta montaña. En el caso del Aneto, el retroceso del hielo puede incidir en la erosión, el transporte de nutrientes y las comunidades biológicas locales.
El mapa global pone esos cambios a escala territorial. Cada glaciar muestra una trayectoria particular, pero el patrón general depende de la magnitud del calentamiento global durante las próximas décadas.


