Paula Gracia y Yoko Kaneko
Tokio, 15 sep (EFE).- En medio de una cada vez mayor digitalización, la marca nipona Hobonichi está viendo cómo la demanda de sus agendas de papel crece de forma "espectacular" más allá de Japón gracias a su popularidad en redes sociales, en lo que entiende como una convivencia entre lo analógico y lo tecnológico.
La firma define su producto estrella como 'Life Book'. No es solo una agenda en la que apuntar las tareas, sino un "espacio de expresión personal", asegura la presidenta de Hobonichi, Ayako Koizumi, en una entrevista con EFE en la sede de la compañía en Tokio, días después de participar en el evento de presentación de la nueva colección en Barcelona.
"No está diseñada con el único fin de gestionar tareas eficientemente. Nosotros no entregamos un producto terminado, sino un objeto que se completa cuando el usuario interactúa con él", sostiene, puesto que unos escriben, otros dibujan y pegan fotos o recuerdos. Y así "todo queda reunido en este único libro".
Koizumi señala que "otro punto crucial" es el "origen" del proyecto y enfatiza que no empezaron como fabricantes de agendas, sino como un medio de comunicación digital que lleva 27 años realizando entrevistas y compartiendo sus historias.
Y es que el publicista y diseñador de videojuegos Shigesato Itoi fundó el sitio web que hoy se conoce como Hobonichi en 1998, a modo de diario, y no fue hasta hace ahora 25 años, en 2001, cuando, junto a su equipo, lanzó por primera vez el que es ahora el producto más reconocido de la firma.
La filosofía del actual presidente y CEO de la empresa, conocido por su rol en la creación del videojuego de Nintendo EarthBound y encargado de los eslóganes publicitarios para las películas de Studio Ghibli, "es la misma" en la pantalla como en el papel, asevera Koizumi: ofrecer un lienzo donde cada usuario desarrolle su propia historia.
La presidenta explica que, aunque ya tenían clientes en el extranjero antes de la pandemia, en los últimos cinco años el número de ejemplares vendidos fuera de Japón se ha más que duplicado. Ahora, venden en más de 100 países.
"Con las restricciones de movilidad y la reducción de actividades físicas, cabría haber esperado una rápida migración hacia el entorno digital. Sin embargo, las ventas de nuestras agendas de papel se dispararon, un fenómeno que nos tomó totalmente por sorpresa", expresa.
Koizumi dice que fue entonces cuando se dieron cuenta de que la gente necesitaba "un momento a solas" durante "un periodo tan lleno de incertidumbre". Podían reflexionar y "reafirmar el hecho de estar vivos". Al compartirlo en redes sociales, se impulsó su expansión global.
Es por eso que no ven "a lo digital como un enemigo", aclara. Ellos mismos se benefician "enormemente de la tecnología", pero sostiene que, "en un mundo donde la información llega al instante, escribir a mano te obliga a hacer una pausa, reflexionar y conectar con uno mismo", en un espacio que no requiere de evaluaciones externas ni "me gustas".
Hobonichi, de unos 150 empleados, facturó 8.677 millones de yenes (alrededor de 48,7 millones de euros) en 2025, mientras que en lo que va de 2026 se ha anotado 8.000 millones de yenes (unos 45 millones de euros) en ventas, y cotiza en Bolsa desde hace casi una década.
Pero su presidenta asegura que su objetivo "no es buscar metas financieras a ciegas", ni convertirse en "una producción industrial fría", recordando que detrás de cada producto hay un individuo.
Uno de los principales pilares de la marca son las colaboraciones que lanzan cada septiembre junto a franquicias de la cultura pop, como One Piece, Hello Kitty o la finlandesa Mumin; museos internacionales, como el londinense Victoria y Alberto; y artistas de renombre, como el mangaka Junji Ito.
Koizumi cuenta que su equipo, como si fuera un "fan" más, "comprende profundamente" la obra o la marca de las colaboraciones y cuida "hasta el último detalle", con el foco puesto en lo que "realmente entusiasmaría" al público.
Así, dice, el fundador "siempre" les aconseja "salir, absorber el mundo y mantener la curiosidad", en vez de quedarse "encerrados en la oficina". Buscan a sus colaboradores por admiración mutua, no por rendimiento comercial, concluye. EFE
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