
“Son productos que para poder colocarse en el mercado tienen que llegar impecables”. Así describe María Laura la exigencia detrás de cada lanzamiento en cosmética de lujo, donde la logística internacional, las certificaciones sanitarias y el cuidado del packaging definen si un producto llega a tiempo y en condiciones.
¿Cuáles son los principales desafíos para asegurar la disponibilidad de productos y anticiparse a una demanda volátil?
En cosmética de lujo es clave el trabajo cercano con origen y con los departamentos de marketing y comercial, porque siempre hay fechas globales de lanzamiento que cumplir, más allá de que la demanda cambie según la tendencia del momento. El tiempo de importación hacia Sudamérica es largo, ya que los productos suelen venir de Europa, así que hay que programar bien la salida de la mercadería y todo lo que implica nacionalizarla después.
El problema es que los proveedores tienen fechas de lanzamiento fijas y después hay que encontrar la forma de llegar a tiempo. Ahí se define cómo se trae la mercadería, si por vía marítima o aérea, y hay que afinar mucho el transporte internacional para alinearse a nivel global con las fechas pactadas.
¿Qué condiciones regulatorias tiene que cumplir este tipo de mercadería para poder importarse?
Los productos cosméticos y fragancias tienen que estar admitidos en ANMAT para poder importarse en la Argentina. Se trabaja con directores técnicos que se encargan de esos registros vinculados a asuntos regulatorios, y sin esa admisión no pueden colocarse ni importarse, porque son productos que se aplican sobre la piel.
¿El acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea agilizó la operativa de comercio exterior?
Con los acuerdos entre ambos bloques hay una baja gradual en los aranceles, que no aplica a todos los productos sino que va por posición arancelaria. Es un gran avance poder importar con un arancel reducido, aunque no necesariamente cambió qué se puede traer, porque siempre hubo que cumplir con las normas de ANMAT para nacionalizar la mercadería.
En un segmento de lujo, ¿qué particularidades tiene la logística frente a otras categorías de consumo?
Se mira todo muy al detalle. Son productos que para poder colocarse en el mercado tienen que llegar impecables, sin abolladuras ni problemas durante el transporte. Por eso se le da mucha importancia al embalaje y al servicio de cada proveedor que interviene en la carga, para que no se pierda nada en el camino.
Además del producto en sí, ¿qué otros elementos de la cadena suelen importarse?
Junto con el producto se importa una serie de elementos que lo acompañan, como merchandising o la bolsa en la que se entrega antes de llegar al consumidor. Muchas veces también se trata de la experiencia previa a la compra, como una prueba de maquillaje o un tratamiento en cabina exclusiva, que tiene que llegar al mismo tiempo que el producto para que la experiencia sea completa.

¿Qué ventaja trae, en una operación de comercio exterior, conocer el idioma de la contraparte?
En una operación de comercio exterior, hablar el idioma de la contraparte es muy importante. En el caso puntual de trabajar con proveedores franceses, genera una empatía notable, más allá de que hoy buena parte de las gestiones sean online. Aunque sea poco, intentar hablarlo facilita muchísimo toda la operación.
¿Qué aprendizaje de tu recorrido profesional influye hoy en la toma de decisiones?
Aprendí que hay que conocer bien la mercadería que se está trayendo, saber cuáles son los puntos débiles de la cadena de suministro y cuándo intervenir. La cadena tiene que fluir rápido porque los tiempos son acotados, así que no hay que interferir todo el tiempo, sino saber frenar solo cuando es necesario para tomar una decisión inteligente.



