Ginebra, 07 sep (EFE).- Los incendios forestales y el calor extremo se están convirtiendo en factores de mayor riesgo para la calidad del aire y podrían neutralizar los esfuerzos que se hacen para reducir la contaminación causada por los coches, la industria o los sistemas de calefacción, exponiendo más los pulmones de las personas a micropartículas muy nocivas.
"Una mayor contaminación por los incendios forestales y las olas de calor pueden debilitar los esfuerzos internacionales para mejor la calidad del aire, proteger la salud humana y la de los ecosistemas", según un informe publicado este lunes por la Organización Meteorológica Mundial (OMM).
Uno de los principales problemas son las PM2.5, partículas de menos de 2,5 micrómetros que pueden penetrar profundamente en los pulmones y llegar al torrente sanguíneo.
Entre sus diversas fuentes de emisión los incendios y las tormentas de arena ocupan un lugar destacado, así como las actividades industriales o la agricultura, entre otros.
La concentración de PM2.5 estuvo en 2025 por encima de la media de largo plazo en el norte de Canadá, partes de Rusia y África centro-occidental debido a la mayor cantidad de incendios que hubo, mientras que el noroeste de España también registró niveles elevados tras los excepcionales incendios del verano, señaló el organismo científico de Naciones Unidas.
En Europa y Norteamérica la exposición a esas partículas procedentes de los incendios aumentó pese a que se han reducido las emisiones industriales y del transporte, se señala en el estudio.
En este sentido, la Organización Mundial de la Salud (OMS) sostiene que los grandes incendios - los cuales se han triplicado desde los años noventa- pudieron propiciar unas 100.000 muertes adicionales al año entre 2010 y 2018, y señala que esta cifra podría estar incluso subestimada.
La OMM considera que el cambio climático puede agravar esta situación al favorecer las olas de calor y los grandes incendios, por lo que defendió que los países adopten políticas coordinadas para afrontar ambos fenómenos, con mejores sistemas de vigilancia y un mayor seguimiento de contaminantes que actualmente están poco vigilados.
Por ejemplo, el calor favorece la formación de ozono a nivel del suelo (un contaminante diferente del ozono de la atmósfera alta que protege de la radiación ultravioleta) y el informe sostiene que las temperaturas elevadas, el aire estancado y la intensa radiación solar pueden aumentar su concentración durante las olas de calor.
El organismo llama asimismo la atención sobre los aerosoles, partículas sólidas o líquidas suspendidas en la atmósfera (sobre todo carbono negro u hollín procedente de los incendios) que pueden desplazarse a grandes distancias y que al depositarse sobre la nieve y el hielo reduce su capacidad para reflejar la radiación, acelerando el deshielo. EFE


