Un equipo de arqueólogos inició perforaciones en la formación Durupınar para verificar si el terreno alberga restos del Arca de Noé (Wikimedia Commons)

29 kilómetros al sur del monte Ararat, una elevación alargada con perfil de embarcación volvió a concentrar la atención de investigadores y medios internacionales. La llamada Formación Durupınar mide cerca de 160 metros y presenta rasgos que un equipo de exploración considera compatibles con una estructura enterrada, aunque esos indicios todavía no prueban que se trate de una construcción humana.

El interés por el sitio,hoy bajo control de Turquía, se apoya en su aparente semejanza con las dimensiones atribuidas al Arca de Noé en el Génesis. El relato bíblico describe una embarcación de 157 metros de largo, 26 metros de ancho y 16 metros de alto. Para quienes estudian la zona, la coincidencia de longitud y forma justifica nuevas verificaciones; para otros especialistas, no alcanza para descartar un origen geológico.

Los últimos relevamientos con radar detectaron anomalías bajo la superficie, es decir, variaciones en las señales que pueden reflejar cambios en la composición del subsuelo. También señalaron huecos y estructuras angulares a varios metros de profundidad. El equipo dirigido por Cenker Atila, arqueólogo de la Universidad Sivas Cumhuriyet, busca determinar si esas marcas responden a pasillos, cavidades y sectores construidos o si son resultado de procesos naturales.

La formación fue identificada en 1959 por el capitán Ilhan Durupınar, cartógrafo del Comando General de Cartografía de Turquía, mientras examinaba fotografías aéreas tomadas para elaborar mapas de la región. Desde entonces, su silueta ovalada, ubicada cerca de las aldeas de Telçeker y Üzengili, alimentó hipótesis sobre una posible relación con el relato religioso y, al mismo tiempo, objeciones de la comunidad geológica.

La elevación estudiada mide cerca de 160 metros de largo, una extensión semejante a las medidas atribuidas a la embarcación bíblica en el Génesis (Museo Rob Scholte)

Inician perforaciones en el lugar del Arca de Noé

La nueva etapa de la investigación incluye perforaciones de núcleos, una técnica que extrae cilindros estrechos de tierra y roca para conocer qué materiales hay en profundidad sin remover grandes sectores del terreno. El objetivo es comparar las lecturas obtenidas con el radar con evidencias físicas procedentes del interior de la formación.

De acuerdo con la información difundida por el medio turco Daily Sabah, el equipo comenzó con un relevamiento de puntos GPS y la elaboración de mapas tridimensionales del área. Luego realizó estudios de radar y concentró la toma de muestras en los lugares donde aparecieron cavidades que podrían corresponder a corredores o habitaciones. Esa secuencia procura reducir el margen de interpretación antes de efectuar intervenciones más profundas.

Atila explicó que el trabajo se concentra en resolver una pregunta básica: si las irregularidades del subsuelo pertenecen a una estructura artificial o a una formación geológica.

“Estas muestras de suelo se analizarán durante todo el invierno. Tendremos los resultados del radar en 10 días y los de las muestras de suelo en tres meses”, afirmó el arqueólogo de la Universidad Sivas Cumhuriyet, en declaraciones recogidas por Daily Sabah.

Los relevamientos con radar detectaron anomalías, espacios huecos y alineaciones angulares a varios metros de profundidad (Noahs Ark Scans)

Los investigadores prevén analizar la composición de las muestras y contrastarla con los perfiles registrados por los instrumentos. El radar de penetración terrestre funciona mediante ondas electromagnéticas que atraviesan las capas superficiales y rebotan de manera diferente según el material que encuentran. Sin embargo, esos contrastes no identifican por sí solos madera, piedra trabajada o restos de una construcción: necesitan corroboración mediante análisis directos.

La expedición Noah’s Ark Scans sostiene que los relevamientos anteriores detectaron una posible red de espacios internos. Andrew Jones, investigador estadounidense vinculado al proyecto, afirmó que los escaneos identificaron alineaciones que podrían coincidir con la distribución de niveles descrita en el texto bíblico. Esa interpretación aún debe ser sometida a pruebas físicas, ya que un patrón visible en una imagen de radar puede tener explicaciones distintas.

También se prevé utilizar un robot subterráneo denominado Gopher, diseñado para ingresar en espacios estrechos y recoger imágenes y muestras. Según el New York Post, el dispositivo fue adaptado por Robert Ross, ingeniero de la Universidad La Trobe de Australia, a partir de robots desarrollados inicialmente para examinar madrigueras de animales. La posibilidad de emplearlo depende de que las perforaciones confirmen la existencia de cavidades accesibles.

La semejanza con una embarcación no resuelve el origen de Durupınar

El sitio concentra un debate que lleva décadas. Los defensores de la hipótesis del Arca destacan la longitud de la formación, su apariencia de casco y las anomalías detectadas bajo tierra. Algunos relevamientos citados por el equipo mencionan un posible túnel central y tres capas subterráneas, elementos que relacionan con la descripción del Génesis sobre una nave de tres cubiertas.

El Ministerio de Cultura y Turismo de Turquía declaró la zona como sitio natural protegido en 1989 debido a su valor patrimonial (Noahs Ark Scans)

El relato religioso sostiene que el Arca de Noé se posó sobre los “montes de Ararat” después de un diluvio de 150 días. Esa referencia abarca una región montañosa y no determina una ubicación precisa. La cercanía de Durupınar con el monte Ararat, el pico más alto de Turquía, impulsó la identificación popular del lugar con la embarcación, aunque esa asociación no constituye una demostración arqueológica.

La formación, además, fue declarada sitio natural protegido por el Ministerio de Cultura y Turismo turco en 1989, según recordó el arqueólogo Nezih Başgelen, director de la Plataforma de Monitoreo del Patrimonio Cultural y Natural, citado por National Geographic. La protección reconoce el interés cultural y paisajístico del área, pero no confirma que allí existan restos del arca.

La objeción principal proviene de la interpretación geológica. Varios especialistas describieron a Durupınar como una cresta compuesta por caliza y arcilla volcánica que adquirió su forma actual por efecto de la erosión. Esta explicación considera que los cambios de temperatura, el agua y los movimientos del terreno pueden crear relieves con contornos que recuerdan objetos fabricados.

Las exploraciones previas tampoco aportaron una respuesta concluyente. En décadas anteriores se realizaron prospecciones, excavaciones y otras intervenciones en el área sin que se identificaran pruebas arqueológicas verificadas de una embarcación. David Fasold, investigador estadounidense que examinó el sitio con radar durante la década de 1980, llegó a sostener que había encontrado rastros de una nave fosilizada, aunque más tarde se distanció públicamente de esa teoría.

Los resultados de las muestras de suelo y de las nuevas mediciones serán determinantes para establecer qué tipo de materiales se encuentran bajo la superficie. Hasta que esos análisis estén disponibles y puedan ser evaluados, los escaneos solo permiten plantear hipótesis sobre una formación que continúa dividida entre la interpretación religiosa, la curiosidad arqueológica y la explicación geológica.