Cuando una planta comienza a marchitarse, la primera reacción suele ser aumentar el riego. Pero no siempre la falta de agua es el único problema. El calor, el frío, las enfermedades o determinadas condiciones del suelo también pueden someterla a estrés.

En ese contexto el especialista en jardinería Jaime Gumiel difundió una preparación basada en disolver 500 miligramos de aspirina en aproximadamente 1,5 litro de agua como método para ayudar a plantas debilitadas.

La explicación detrás del truco tiene una base científica interesante, aunque eso no significa que funcione de la misma manera en cualquier especie.

El principio activo de la aspirina es el ácido acetilsalicílico (ASA), un compuesto relacionado con el ácido salicílico, sustancia que forma parte de los propios sistemas de señalización de las plantas.

La aspirina puede participar en la respuesta frente a patógenos y estrés ambiental de las plantas. (FOTO: Imagen generada con IA).
La aspirina puede participar en la respuesta frente a patógenos y estrés ambiental de las plantas. (FOTO: Imagen generada con IA).

Cuando una planta atraviesa una situación adversa, el ácido salicílico interviene en distintos mecanismos de defensa y puede participar en la respuesta frente a patógenos y estrés ambiental.

Distintos experimentos encontraron efectos sobre la respuesta antioxidante, el crecimiento y la tolerancia a situaciones adversas, aunque los resultados cambian considerablemente según la especie, la concentración y la forma de aplicación.

Uno de los efectos más estudiados aparece frente a la falta de agua. En determinados cultivos, los tratamientos con ácido acetilsalicílico o salicílico ayudaron a regular procesos relacionados con los estomas, pequeños poros de las hojas que participan en el intercambio gaseoso y en la pérdida de agua por transpiración.

Por qué una dosis mayor no necesariamente funciona mejor

Gumiel explica que la aspirina no debe entenderse como un fertilizante tradicional. No aporta directamente nitrógeno, fósforo o potasio, sino que puede funcionar como un estímulo químico capaz de modificar determinadas respuestas de la planta.

Precisamente por eso, agregar más cantidad no significa obtener mejores resultados.

Las concentraciones utilizadas en investigaciones científicas varían según la planta y el objetivo. Una dosis que produce un efecto beneficioso en una especie puede resultar inútil o incluso perjudicial en otra.

Por ejemplo, existen trabajos sobre flores cortadas en los que se utilizaron alrededor de 0,1 gramos de ácido acetilsalicílico por litro de agua para retrasar parcialmente su deterioro.

La aspirina ácido salicílico, una sustancia que las propias plantas producen y utilizan en distintos mecanismos de defensa. (Imagen ilustrativa IA Gemini)
La aspirina ácido salicílico, una sustancia que las propias plantas producen y utilizan en distintos mecanismos de defensa. (Imagen ilustrativa IA Gemini)

También se observaron resultados en cultivos como cebada sometida a sequía, donde determinados tratamientos favorecieron mecanismos asociados con la tolerancia al estrés hídrico.

En tomates y porotos se estudió además su participación en la respuesta frente a temperaturas extremas.

El compuesto también despertó interés en producción agrícola. Investigaciones realizadas en calabacín encontraron aumentos de rendimiento con determinadas aplicaciones, mientras que en maíz se observaron modificaciones relacionadas con la asimilación de nutrientes.

Incluso se ha investigado su utilización después de la cosecha. En frutas como el kiwi, el tratamiento con ácido acetilsalicílico mostró capacidad para modificar la producción de etileno, una hormona estrechamente relacionada con la maduración.

Pero trasladar esos resultados directamente a todas las macetas de una casa sería un error.

Una monstera, un geranio, una planta de tomate y una suculenta responden de manera diferente al agua, al sustrato y también a los tratamientos químicos.

Si una planta está secándose, antes de aplicar cualquier preparado conviene revisar primero cuestiones básicas: humedad real del sustrato, drenaje de la maceta, estado de las raíces, cantidad de luz y posible presencia de plagas.

Una planta con raíces podridas por exceso de agua, por ejemplo, no se recuperará simplemente agregando aspirina.

Por eso, la preparación atribuida a Gumiel puede entenderse como uno de los recursos que algunos jardineros prueban frente a determinadas situaciones de estrés, y no como una fórmula milagrosa.