Barcelona, 13 sep (EFE).- A Jaume Rigol la vida le cambió un 31 de diciembre, cuando ascendió por primera vez el Matagalls y descubrió un mundo nuevo. Once años después, este vecino de Tona (Barcelona) ha cumplido el reto de subir mil veces esta montaña ubicada en el parque natural del Montseny (Barcelona), de 1.697 metros de altura.

"La montaña te hace más valiente. Cuando tienes una dificultad en la montaña y la superas, necesitas que esta sea un poco más fuerte la próxima vez para preocuparte. Si superas una situación de niebla, viento o frío, te sientes más fuerte para encarar la vida diaria, tienes menos miedos", explica en declaraciones a EFE.

Rigol, actualmente jubilado tras dedicarse primero a un negocio familiar y posteriormente a la banca, cuenta que durante cuatro décadas el deporte estuvo muy presente en su vida, y que con el paso de los años buscó una disciplina que pudiera practicar solo y que le permitiera "seguir siendo muy cañero" para mantenerse en forma.

Y ahí apareció el Matagalls, visible desde Tona, una cumbre que les había "llamado mucho la atención" tanto a él como a su padre, fallecido cuando Rigol era joven.

"Sentía que tenía que subirlo y me decidí a hacerlo un 31 de diciembre, fue algo muy especial. Casi se me hizo de noche ahí arriba y dos personas me ayudaron a bajar. Después he hecho mucha más montaña, pero el Matagalls me abrió las puertas", recuerda.

Tras ese primer contacto, Rigol sintió "la necesidad de volver", a veces acompañado -"la montaña es un escenario extraordinario para conversar, la gente se abre", comenta-, y muchas otras solo, una práctica que considera "terapéutica".

"Me di cuenta de que subir solo me permitía hablar conmigo mismo, mirar hacia el interior. La montaña cada día es distinta. No sólo por el tiempo, sino porque cada día mi estado anímico es diferente. Uso mucho el Matagalls para resolver preocupaciones. Andando me viene la solución a los problemas, o la aceptación en su defecto. En la inmensidad de la montaña, te das cuenta de lo pequeño que eres y los problemas también te parecen más pequeños", reflexiona.

Para Rigol esta conexión llegó en un momento "difícil", tras la pérdida de su madre, un hermano y una hermana en apenas dos años. "Noté que me faltaba algo, era una necesidad, y la montaña es el mejor terapeuta, un universo tremendo. He tenido que luchar mucho en la vida y esto me ha ayudado a salir adelante, ha sido clave", explica.

Este "magnetismo" por el Matagalls, como él mismo lo define, se intensificó con el tiempo. "En los primeros dos años subía 15 o 20 veces al año. Notaba que me iba muy bien y me hacía estar en paz conmigo mismo. Llegué a las 100 en 2018, a las 500 en 2022 y de ahí hasta hoy 500 más. El 31 de diciembre llevaba 885 y decidí que tenía que apretar, algunas semanas he subido cinco veces", relata.

Un reto, el de recorrer mil veces los más de siete kilómetros que separan Collformic y el Matagalls, con un desnivel superior a los 500 metros, que ha completado este domingo acompañado por familiares y amigos, unas setenta personas, que han desplegado una pancarta en la cumbre y diseñado camisetas conmemorativas con unos versos estampados del poeta Jacint Verdaguer, muy vinculado al Montseny.

En esta década de ascensos al Matagalls, Rigol ha vivido todo tipo de experiencias, desde guiar a excursionistas desorientados por la niebla a asistir a un hombre inconsciente que tuvo que ser evacuado en helicóptero y operado exitosamente a corazón abierto.

Defensor de que "las montañas son lo más noble que hay", Rigol atestigua que la afluencia de visitantes en el Montseny ha crecido tras la pandemia y, pese a celebrar este interés, subraya la necesidad de "tomar consciencia del respeto extremo que merece la naturaleza". EFE