Joseph Valachi durante su declaración ante el Senado de Estados Unidos en 1963

Enfundado en un traje oscuro, Joseph Valachi tomó asiento frente a un micrófono en una sala del Senado de Estados Unidos, en Washington. Llevaba varios años preso por narcotráfico y ahora cumplía una nueva condena por haber matado a un interno al confundirlo con un hombre enviado para asesinarlo. Convencido de que Vito Genovese, uno de los principales jefes de la organización a la que había pertenecido, también quería eliminarlo, había decidido hablar.

Lo hizo el 25 de septiembre de 1963: frente a los legisladores del Comité McClellan, Valachi comenzó a contar lo que sabía sobre la organización a la que había servido durante décadas. No era uno de sus jefes ni ocupaba un puesto de mando. Era un soldado que conocía desde abajo sus códigos, sus jerarquías y la forma en que se impartían las órdenes.

Durante las audiencias siguientes, Valachi describió las familias criminales, sus relaciones, los rituales de iniciación y el código de silencio que impedía a sus integrantes colaborar con las autoridades. También identificó públicamente a esa organización con un nombre que hasta entonces había permanecido reservado dentro de sus filas: Cosa Nostra.

Valachi fue miembro de la familia criminal que posteriormente sería conocida como Genovese

De East Harlem a las calles de Nueva York

Joseph Michael Valachi nació el 22 de septiembre de 1904 en el este de Harlem, Nueva York. Sus padres, Dominick Valachi y Marie Casale, habían llegado desde Nápoles, y formaron una familia numerosa con diecisiete hijos, aunque solo seis sobrevivieron. Vivían con poco dinero, en un departamento chico y sin las comodidades básicas. Su padre iba de un trabajo a otro, siempre mal pagados, mientras el alcohol se convertía en otro de sus problemas. Además, debía lidiar con quienes controlaban el barrio y pagar por su tranquilidad para evitar conflictos.

En ese contexto, la escuela tampoco consiguió retener al chico. Valachi faltaba a clases, solía tener mala conducta y terminó abandonando los estudios después del séptimo grado. A los catorce años comenzó a estudiar en el Instituto Tutelar Católico de Nueva York, en el Bronx, donde la disciplina estaba basada en castigos y privaciones. Al salir, ya tenía una idea bastante clara de dónde podía conseguir dinero con más rapidez: en la calle.

Nueva York le ofrecía un escenario para hacerlo. Valachi se unió a los Minute Men, una banda dedicada a cometer robos rápidos. Los autos eran parte central de esos golpes. Mientras sus compañeros forzaban las puertas o reventaban las vidrieras de los comercios, él los esperaba con el motor encendido y las manos sobre el volante. Cuando sonaba la señal, arrancaba y sacaba al grupo de la zona antes de que llegara la policía. Esa capacidad para entrar y salir rápido de una escena delictiva hizo que se ganara la confianza de sus jefes para ocuparlo en otros trabajos que exigían una fuga rápida.

En 1921, esa escapatoria terminó por primera vez entre rejas. Fue detenido por un intento de robo y condenado a dieciocho meses en la prisión Sing Sing, que se convirtió en su escuela criminal. Cumplió nueve meses y salió. Cuando intentó regresar a los Minute Men, ya habían ocupado su lugar. Sin perder tiempo, decidió formar una banda criminal y seguir por cuenta propia.

Entonces apareció una oportunidad que iba a cambiar el negocio de las bandas criminales. En 1920 entró en vigor la Ley Seca y el alcohol quedó prohibido durante unos 13 años, pero la demanda no solo no desapareció sino que hizo del contrabando un mercado ilegal enorme que necesitaba conductores capaces de transportar los cargamentos sin llamar la atención. Valachi comenzó a trabajar para ellos y a moverse entre quienes se ocupaban de distribuir bebidas de manera clandestina.

La cúpula de la Cosa Nostra: los jefes de las Cinco Familias de Nueva York que integraban La Comisión, el consejo supremo del crimen organizado juzgado en los años 80

La guerra que abrió las puertas de la mafia

En 1929, mientras Nueva York seguía atravesada por el negocio clandestino del alcohol, dos grupos criminales se preparaban para enfrentarse por el control de los negocios ilegales. De un lado estaba Giuseppe “Joe” Masseria, uno de los principales jefes del crimen organizado italiano en la ciudad. Del otro Salvatore Maranzano, llegado desde Sicilia y decidido a desplazarlo. El conflicto sería conocido como la Guerra de Castellammarese.

Aunque Valachi todavía no ocupaba un lugar formal dentro de la mafia, quedó en el bando de Maranzano. Allí, desempeñaba su talento en el volante y realizaba tareas de enlace, transportando hombres y mensajes en medio de una disputa en la que las alianzas podían cambiar y una orden podía terminar en un crimen. Para él, esa guerra de bandas significó entrar en contacto directo con los hombres que dirigían las organizaciones criminales de Nueva York.

Durante su vida criminal utilizó los apodos Joe “Cargo”, Charles Chanbano y Anthony Sorge

El primer golpe en su vida criminal llegó en abril de 1931. Masseria fue asesinado en un restaurante de Coney Island por hombres de Charles “Lucky” Luciano. Maranzano quedó en una posición dominante y se proclamó “capo di tutti i capi”, jefe de todos los jefes. Pero su triunfo duró apenas unos meses. En septiembre de ese mismo año fue asesinado en su oficina de Manhattan, también por orden de Luciano.

Con Masseria y Maranzano fuera del camino, Luciano reorganizó el crimen organizado de Nueva York. Dividió el poder entre varias familias y creó la Comisión, integrada por sus principales jefes. Luciano quedó al frente de una de ellas, que años después sería conocida como la familia Genovese.

Valachi ingresó como soldado y quedó sujeto a las reglas de la organización. Trabajó en apuestas, usura y otras actividades ilegales, siempre lejos de los puestos de mando. Entre los hombres con los que comenzó a tratar estaba Vito Genovese. Años después, terminaron presos en la misma cárcel.

El antiguo

La cárcel y el miedo a Genovese

En 1959, Valachi fue condenado por tráfico de heroína y enviado a la prisión federal de Atlanta. Allí comenzó a recibir señales que interpretó como una sentencia de muerte. Según declaró después, Genovese había dado la orden de eliminarlo y le había puesto precio a su cabeza.

El gánster contó que sobrevivió a varios intentos de asesinato dentro de la prisión, uno de ellos en las duchas; otro, fue con comida envenenada. Cada episodio aumentaba su desconfianza hacia los demás presos y lo convencía de que quienes querían matarlo podían estar cerca.

En 1962, un preso se le acercó en el patio. Valachi creyó reconocerlo como uno de los sicarios que buscaban matarlo. Agarró un tubo de acero y lo golpeó hasta matarlo. Después supo que se había equivocado: era John Staupp, un recluso sin relación con el supuesto complot.

Ese crimen significó una nueva condena, esta vez de prisión perpetua. Valachi había matado a un hombre por miedo a ser asesinado y ahora tenía todavía más razones para pensar que podía terminar muerto dentro de la cárcel. Resguardando su vida, decidió colaborar con las autoridades y contar lo que sabía sobre la organización.

Esa decisión significaba romper la omertà, el código que prohibía a los integrantes revelar los asuntos de la mafia a las autoridades. Lo que comenzó como cooperación con los investigadores terminó convirtiéndose en un testimonio público.

Joe Valachi, durante las audiencias del Senado de Estados Unidos en 1963 (captura)

El día que nombró a Cosa Nostra

El 25 de septiembre de 1963, llegó al Senado de Estados Unidos para declarar ante el Subcomité Permanente de Investigaciones, presidido por el senador John L. McClellan. Las audiencias fueron televisadas y permitieron que millones de estadounidenses escucharan a un integrante de la organización explicar cómo funcionaba desde adentro.

Describió las principales familias criminales de Nueva York, sus jerarquías y la forma en que se relacionaban entre ellas. Explicó también cómo se resolvían las disputas, cómo se impartían las órdenes y qué actividades sostenían económicamente a las organizaciones. Por primera vez, un miembro de la mafia hablaba públicamente de esa estructura ante una institución federal.

Uno de los momentos más recordados llegó cuando explicó el ritual de iniciación. Contó que, durante la ceremonia, se colocaba un papel entre las manos del nuevo integrante y se le prendía fuego mientras pronunciaba un juramento de lealtad. También explicó el significado de la omertà y las consecuencias que podía enfrentar quien rompiera el silencio.

Todo lo que declaró ayudó a poner nombre y estructura a una organización cuya existencia había sido discutida durante años. Aunque el FBI había reunido algo de información de los distintos grupos criminales, el testimonio de Valachi fue lo que permitió contrastar nombres, jerarquías y procedimientos. De hecho, las audiencias dieron una dimensión pública y sentido a las investigaciones que habían seguido a la misteriosa reunión de dirigentes mafiosos descubierta en Apalachin, la reunión secreta de la Mafia más importante de la historia, en 1957.

Luego de las cinco audiencias, repartidas en dos semanas, Valachi continuó bajo custodia federal. En 1968, el periodista Peter Maas publicó The Valachi Papers, basado en entrevistas con él y en sus propios escritos. Cuatro años después, el actor Charles Bronson lo interpretó en una película basada en su historia. Valachi murió de un infarto mientras dormía, el 3 de abril de 1971 en su celda de la prisión federal de La Tuna, Texas, a los 66 años.