Gabriela Golder se pregunta mucho qué hacer, qué podemos hacer. Lo que me desespera es qué hacer, dice, según consigna la periodista feminista María Mansilla en el pasquín, o fanzine, creativamente editado para su muestra en Arthaus: precisamente, Estado de Asamblea. ¿De qué se trata?

En principio, puede decirse que de la muestra de una artista conceptual que incluirá, el próximo 3 de octubre, en el auditorio de ese centro cultural de la city porteña, una asamblea real. Se ha convocado de manera abierta, aunque sólo las mujeres tendrán voz y voto. El término, asamblea, dispara recuerdos y asociaciones diversas en cada persona. Para algunos de aula y lucha estudiantil; para otros, de reivindicaciones sindicales. Para muchas, de los movimientos feministas que, en muchos casos por primera vez, las hicieron sentir acompañadas y escuchadas.
“No me gusta decir ni arte político ni arte feminista”, dice Golder a TN. “No adhiero con esos nichos porque uno hace desde donde es. Soy feminista, estoy comprometida con la realidad, y hago obras desde ahí. Unas son más fuertemente feministas, con muchas feministas en escena, y en otras, como las de mi trabajo en fábricas recuperadas, hay varones trabajadores de fábrica. No hago arte feminista: hago arte y soy feminista. Busco hacer algo que no sea indudablemente de nada. En 2001 veía por todos lados gente reunida discutiendo cómo salir, vecinos en asamblea. Los estudiantes hacen asambleas. Creo que la salvación no viene de una persona, sino de todos pensando, proponiendo algo: ¿qué idea tenés?”.
La muestra de Golder, que permanecerá abierta hasta el próximo 17 de enero, tiene su origen en 2023. Desde ese año, la artista desplegó una investigación y una alianza con organizaciones, activistas y diversidades de distintos territorios. Tuvo una activación performática en 2025 en París, y la videoinstalación, que interpela ahora en la planta baja de Arthaus (Bartolomé Mitre 434), se presentó en la Bienal de Singapur. En Sydney, en este 2026 y en inglés, se hizo una asamblea.
“Gracias al apoyo de Fundación ArtHaus, esas líneas de trabajo se encuentran por primera vez”, dice la artista. La nueva estación será en las afueras de París, donde tendrá lugar una nueva asamblea con la comunidad local. “Cada activación transforma Estado de Asamblea. Cambian las voces, los territorios, las urgencias y las preguntas. Lo que una asamblea deja abierto es siempre la posibilidad de otra”.

En la planta baja del centro cultural, una sala a oscuras enfrenta la mirada a doce pantallas con imágenes de mujeres: juntas, serias, combativas, preocupadas. Los rostros, los mínimos gestos, las posturas, hablan por sí solos. A nivel del suelo, unos carteles electrónicos repiten adjetivos hirientes: amargadas, violentas, alteradas, agresivas, autoritarias, conflictivas, histéricas, gritonas, resentidas, radicalizadas, inadaptadas, insolentes, insoportables, intensas, iracundas.
En un espacio adyacente, una enorme pantalla invita a presenciar una asamblea, como una película. Son imágenes tomadas de asambleas reales de mujeres, intervenidas con palabras en cuerpo gigante y la performance de actrices que dicen y repiten, palabra clave en esta instalación, diversos términos. Una y otra vez. “Recojo lo que fue, lo que es y lo que imagino que puede ser la lucha feminista”, dice Golder a TN. “Es como un rescate. En la asamblea que hicimos en Sydney, me sorprendió que fueron como cien personas, y me di cuenta de que, acá y allá, necesitamos esto. El dispositivo asamblea, que en Singapur no conocían, es muy singular. Escuchémonos, de eso se trata. Todo es muy dialéctico, una cosa discute la otra, repetir hasta el cansancio, decir lo mismo y nada cambia, por eso es tan importante hacer una asamblea en vivo acá. No es una mirada romántica sobre la asamblea, sino una invitación a pensar. A meterte adentro. El video se llama ”No hay espectadores”: estás adentro, no hay espectadores".



