El futuro de Groenlandia volvió a quedar en el centro de la disputa con Washington. Dinamarca y Estados Unidos preparan un acuerdo sobre el territorio autónomo que podría firmarse durante reuniones de Naciones Unidas, pero sus condiciones se mantienen bajo reserva. El hermetismo alimenta las dudas sobre la soberanía, la defensa y el vínculo con la Casa Blanca tras las presiones de Donald Trump.
La guerra en Ucrania llevó al Gobierno danés a recomendar a la población que conserve suministros y dinero en efectivo para afrontar contingencias. La medida se aplica en un país donde el efectivo casi no se utiliza en la vida cotidiana, pero donde desde 2022 se contempla la posibilidad de episodios de seguridad en Europa.
La politóloga Natalia Zbinder, residente en Dinamarca desde hace siete años, explicó en Infobae A las Nueve que el entendimiento aún no fue firmado y que las autoridades no divulgaron ni el documento ni sus cláusulas. La falta de información convirtió el posible pacto en el centro de la atención pública durante el último fin de semana al que hizo referencia.
Dinamarca no puede transferir la soberanía de Groenlandia mediante un acuerdo bilateral con Estados Unidos. La primera ministra danesa y el jefe de Gobierno groenlandés deben respaldar cualquier texto antes de que sea tratado por el Parlamento.

Los límites institucionales ante una decisión sobre Groenlandia
El debate incluye dudas sobre las diferencias entre el nuevo entendimiento y el acuerdo que ya existe entre Dinamarca y Estados Unidos respecto de Groenlandia. También hay sectores que cuestionan la conveniencia política de una firma antes de las elecciones legislativas de mitad de mandato estadounidenses, ante un eventual beneficio para Trump.
Las inquietudes se concentran en las concesiones que Copenhague podría aceptar después de que el presidente estadounidense planteara la posibilidad de incorporar el territorio ártico a Estados Unidos. Para Zbinder, las instituciones danesas y groenlandesas establecen límites frente a cualquier modificación territorial.
El Parlamento debe aprobar el pacto, mientras que una decisión sobre soberanía requeriría un referéndum. Ese procedimiento impide que Dinamarca ceda el control de la isla por medio de una negociación exclusiva con Washington.
La población danesa no manifestó un temor inmediato ante una invasión, según relató la politóloga. La confianza en los mecanismos institucionales atenuó esa reacción, aunque el secreto sobre el contenido mantiene un escenario de incertidumbre.
La ruptura de confianza con Washington y la brecha militar
Las declaraciones de Donald Trump sobre Groenlandia provocaron sorpresa y malestar en Dinamarca, donde parte de la sociedad consideraba a Estados Unidos un aliado dentro de los compromisos internacionales. Esa percepción se modificó ante la posibilidad de que Washington no respetara los acuerdos vigentes.
Zbinder vinculó ese cambio con el anuncio de Trump posterior a la intervención estadounidense en Venezuela. La tensión también contempló amenazas de aranceles contra Dinamarca, un país de cerca de seis millones de habitantes con una capacidad militar inferior a la estadounidense.
Copenhague elevó el gasto en defensa y reforzó sus acuerdos con países nórdicos y otros integrantes de la Organización del Tratado del Atlántico Norte. La politóloga sostuvo que Europa enfrenta una diferencia de recursos, tecnología y presupuesto frente a Estados Unidos.

Los países europeos de la OTAN no reúnen ni siquiera la mitad del presupuesto de defensa estadounidense. La disparidad condiciona la capacidad de respuesta ante amenazas externas y conflictos con Washington, mientras Europa sostiene recursos destinados al apoyo económico de Ucrania desde 2022.
La dependencia económica y el valor ártico de la isla
La relación entre Dinamarca y Groenlandia está atravesada por una historia colonial, incluidas las políticas danesas de asimilación aplicadas durante las décadas de 1950 y 1960. Zbinder remarcó que ambas sociedades son culturalmente distintas y que la isla no constituye una continuidad social danesa ni una comunidad formada por colonos del país europeo.
Dinamarca financia el nivel de vida groenlandés porque el territorio no dispone de una economía autónoma de gran escala. Estados Unidos, según planteó la especialista, no podría asegurar a la población local el mismo estándar de vida.
La permanencia de Groenlandia dentro del Reino de Dinamarca también sostiene la posición de Copenhague en el Ártico. Sin la isla, el país perdería presencia en los acuerdos y las discusiones geopolíticas sobre esa región.
La preparación doméstica ante posibles crisis forma parte de una adaptación que la sociedad danesa sostiene desde el inicio de la guerra en Ucrania. Ese clima regional rodea ahora la discusión sobre Groenlandia y la relación con Estados Unidos.
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