
Mateo Estigarribia, un juvenil de la quinta división de Boston River de Uruguay, había comprado por internet un Iphone 13 pero fue engañado. Cuando llegó en moto con su padre al punto de entrega, la mujer que le había vendido el celular por Facebook no aparecía. Él la llamó, pero no tuvo respuesta hasta que en un momento un delincuente en moto se acercó y le disparó para quedarse con los 17.000 pesos uruguayos que llevaba (unos USD 422).
La bala le dio en la cabeza y a los pocos días el adolescente de 17 años moriría en un hospital. Era agosto de 2024 cuando Estigarribia fue víctima de una emboscada.

“Él estaba parado y llamando a la mujer cuando llegó un guacho por atrás, con un arma en la mano y pegando tiros”, recordó días después del episodio el padre de Mateo. Él se salvó de milagro: el delincuente le disparó tres veces pero ninguno de los tiros lo alcanzó.

Casi dos años después, la Justicia uruguaya condenó a 20 años al asesino de Estigarribia, quien confesó el crimen, informó El Observador en base a la audiencia judicial.
“Usted con su accionar dio muerte a un adolescente de 17 años, que lo único que pretendía era obtener, como todo adolescente, un iPhone 13, y que habían acordado una suma de $ 17.000 que él llevaba en ese momento y usted así le dio muerte con desprecio total a la vida de ese joven”, le dirigió la jueza Blanca Rieiro a Brayan Sardeña, el asesino de Mateo, en la audiencia en la que fue condenado.

Ese día, el padre de Mateo lo había pasado a buscar por el liceo (la secundaria) en moto para ir a hacerse del celular, según probó la Fiscalía. Pero Ana, como se identificaba en los mensajes la vendedora, nunca apareció. De hecho, el comprador nunca había hablado con esa persona: el número de teléfono pertenecía a otra joven del barrio.

Cuando el adolescente bajó de la moto para hacer la llamada, El Tarta (como le decían a Sardeña) lo abordó y lo amenazó con un arma de fuego. Esto desencadenó un forcejeo y la posterior ejecución de la víctima de un disparo en la cabeza, según la reconstrucción realizada por El Observador.
El criminal se fue de la escena a pie. Pasó por lo de su madre y le dijo que se iba a ir del barrio por unos días porque “había ido a robar un celular y terminó matando a un botija”. Días después, volvió a la casa: quería comer y llevarse ropa. Tenía un nuevo aspecto físico, con el pelo cortado y la barba rasurada, declaró la mujer. Confesó que era habitual que su hijo tuviera un arma.
La captura de Sardeña se concretó más de un mes después, en una persecución policial tras una denuncia por otra rapiña. Había intentado escapar por arriba de los techos y, cuando vio a los policías, sacó una pistola para disparar. Pero los efectivos le tiraron a él y lo dejaron herido.

Sardeña fue condenado en el marco de un juicio simplificado, que implica el reconocimiento de los delitos. La Fiscalía había solicitado 26 años de pena, pero como confesó el crimen redujo el pedido a 20.
El Tarta tiene una severa discapacidad física, con compromiso de su médula y perdió el control de los esfínteres por las lesiones que sufrió cuando lo detuvieron. Es por esto que cumple su condena en un hospital, para poder recibir la asistencia médica especializada.

Dante, uno de los hermanos de Mateo, contó después del ataque de agosto de 2024 que el adolescente era “lo más sano que había”. La rutina consistía en levantarse temprano para ir a entrenar y por la tarde ir al liceo. “La vida de él era el fútbol”, comentó.



