Ya está cayendo la noche y por suerte no hace frío. En un pequeño salón de Abra Pampa, capital de la Puna de Jujuy, unas 15 mujeres, tejedoras artesanales, son las que acompañan a Nelson Castillo, referente del Movimiento Campesino Indígena Pucará, y protagonista de esta nota. Todos están esperando a un representante de ECAS (Empresa Cooperativa de Alimento Soberano), que viene a conocer más de cerca cómo trabajan estas tejedoras, probablemente para adquirir sus tejidos y comercializarlos en Buenos Aires. Hay algo de bulla, los tejidos expuestos prolijamente sobre tablones, mucha risa. Nelson se aleja un poco para atendernos y darnos esta nota.
Castillo pertenece al Movimiento hace más de 15 años, y “siempre fue una preocupación el tema de la comercialización de la producción local” explica.
“Por eso estamos acá hoy. Es que este 10 de octubre vamos a estar organizando junto a ECAS “El Ollazo”. Vamos a llevar productos tejidos de llama y oveja que hacen estas artesanas, todo a mano. También ollas de barro de la localidad de Casira (limite con Bolivia), sobre todo, que gustan mucho allá. Todos estos productos van directamente de La Puna y de la Quebrada a los locales que tiene ECAS en Buenos Aires. Sería lindo que se acerquen a conocer este trabajo”, invita Nelson Castillo a quienes lean esta nota.
Nelson relata más sobre la feria de “Las Cuatro Regiones”, evento que se realiza una vez al mes, desde hace dos años, en la capital provincial. Esta feria congrega a cooperativas, asociaciones, redes, productores y artesanos de todos los rincones de la provincia.
“La idea es que estén presentes los hermanos (término que utiliza cada vez que se refiere a un productor agropecuario o artesano) de la Puna, de la Quebrada de Humahuaca, de los valles templados y de las yungas, las cuatro eco-regiones en las que se divide nuestra provincia”, comienza explicando.
Bichos de Campo visitó la última edición de esta feria, organizada por el Movimiento Pucara, con apoyo de la municipalidad y del gobierno de Jujuy, a mediados de septiembre, en el exclusivo playón de lo que se conoce como Ciudad Cultural. Allí tienen lugar algunos grandes eventos, como por ejemplo la Fiesta de los Estudiantes, el Carnaval de Los Tekis o el último recital de La Renga, en agosto pasado. Una estructura alta de caños de aluminio y una lona blanca de dimensiones extraordinarias, cobijó a más de 160 feriantes que trajeron sus productos.

“Es un trabajo inmenso”, continúa diciendo Castillo. “El gobierno de la provincia colabora con colectivos. Nosotros tenemos dos camiones con los que ayudamos a mover la producción. Uno viene desde La Puna, muy de madrugada, levantando todo cuando pueda a su paso. Otro desde las yungas. Los hermanos nos esperan a las 2 o 3 de la mañana, llegan aquí casi sin dormir, trabajan incansablemente durante toda la feria, para volver a su lugar en la madrugada siguiente, luego de haber vendido lo que trajeron. Es cansador, pero muy satisfactorio”.

La feria “Las Cuatro Regiones” comercializa diversidad de frutas y verduras, carne de llama y de cordero, muebles, puertas y ventanas de la zona El Fuerte o Caimancito, panificados y masas, mieles, harinas, artesanías, productos elaborados. También hay un patio de comidas.
“Es como entrar en un supermercado, pero de las cosas que hacemos tradicionalmente acá. Todo es producción local, no hay intermediarios. Participan desde productores individuales hasta organizaciones que tienen años en la región, como la Asociación de Pequeños Productores de la Puna o la Cooperativa Cauqueva, la Red Puna, el MNCI. No todos los que participan son de nuestro movimiento, pero son todos hermanos, y muy buenos en lo que hacen”, ilustra Castillo.
Esta llamativa feria se suele realizar en la vieja estación del ferrocarril, ubicada a una cuadra de la plaza central de la ciudad capital. “Pero está vez la organizamos aquí para no perder el mes. Pasa que se volaron las chapas de la vieja estación y estamos esperando que vuelva a estar en condiciones. Tenemos que definir el mejor lugar para la feria de octubre. Necesitamos que sea céntrico, que la gente de los barrios se pueda acercar con un solo colectivo, porque ese también es el objetivo de la feria, que se congreguen los vecinos y los productores”, aclara.
Cierto es que Jujuy es tierra tradicional de ferias, pero, lo particular de esta es la representación territorial alcanzada. Todo funciona sincronizadamente o por lo menos, eso parece. Hay un locutor que va contando qué se ofrece en tal o cual lado de la enorme carpa. Explica dónde encontrar quesillos, trabajos en cuero, dulces y conservas, o de dónde sale el picante de mondongo que está inundando con su fragancia el paso de los compradores. Se entrevista a los feriantes que cuentan sobre lo que trajeron para vender. Hay quienes se encargan de la limpieza. La música que suena es en vivo.
Pero hay un orden que va más allá del evento ¿Cómo organizar tantos feriantes, de diversas regiones, con producciones estacionales? Sobre esto Nelson explica que “en general contamos con más de 200 feriantes, pero siempre va cambiando la cantidad de productores, fundamentalmente, porque nosotros funcionamos durante todo el año”.
“Ahora, por ejemplo, no hay tanta verdura de los valles. Los citrus ya no están saliendo de la zona de las yungas, de Palma Sola o Yuto. El recambio de verduras se dará próximamente, se está terminado lo de Aguas Calientes, de Perico, y después continúan nuestros hermanos de la Quebrada, desde noviembre a abril, aproximadamente, para que luego vuelvan de los valles. Un sinfín de cosas hay que tener en cuenta y organizar, que quizás todos los vecinos no conocen, pero que nosotros tratamos de explicar, de que se entienda el valor de la feria”.

“Nosotros empezamos a trabajar con productores agropecuarios organizando las ferias en los barrios de San Salvador, en el 2014”, rememora el dirigente. En aquel entonces yo me dije ‘no puede ser que yo proponga cosas y no sepa producir’, entonces empecé a trabajar en la finca de Huacalera. No sabía regar, no sabía nada del campo. Se reían de mí y aún se siguen riendo”, comenta jocosamente Nelson.
“Pero con respecto a la feria pasamos de todo. Alguna vez nos corrieron, nos confiscaron la mercadería. No fue fácil hacerse de un lugar, pero aquí estamos, ahora contando con el apoyo del gobierno, de las organizaciones y de los productores, fundamentalmente”.

Nelson es hijo de Félix Castillo, un empleado del ferrocarril que, en la década del 90, quedó en la calle por el cierre de ramales del gobierno menemista. “Nosotros somos producto de muchas cosas que hemos transitado. Mi papá nació en El Chañi y mi mamá, Eufemia Vilte, en Huacalera. Mis viejos siempre insistían en que debíamos estudiar y, mis hermanos y yo pudimos hacerlo. Yo estudié Ciencias de la Educación. Me queda muy poco para terminar, pero mucho de lo que hago hoy, de lo que propongo, tiene un poco esa mirada, formar, formarnos, todos tenemos algo que enseñar y que aprender”, recuerda Castillo.
A lo que agrega, “pasé por la iglesia, por el trabajo barrial. Me marcaron las luchas que sucedieron en la provincia en los 90, con los movimientos sociales en la calle, en respuesta a las clases dirigentes que acompañaron las políticas de ajuste y el saqueo del Estado. En mi barrio yo era el único que tenia computadora y venían todos los vecinos a que le haga cosas. Venían los de la CCC (Corriente Clasista y Combativa) a que les diera una mano. Luego me invitaron a sumarme a su movimiento. En el 2001 ya estaba en la facultad, daba clases de apoyo, hacía trabajo barrial con la CCC. Era clave generar trabajo y empezamos a crear cooperativas. Yo me hice panadero y me sostuve muchos años con eso”.

Pero hubo un cambio en el trabajo de Nelson que lo fue acercando más a los pequeños productores agropecuarios de la provincia. “En aquel entonces Lucas Arias, dirigente de la Corriente del Pueblo, me convoca a pensar proyectos para ese sector. Yo era bueno escribiendo y armamos muchos proyectos. Creamos el MOCAJU (Movimiento Campesino de Jujuy), experiencia que me gustó mucho y no dejé de trabajar con el sector. Las personas que están en el campo tienen otra forma de pensar y de vivir que la gente de la ciudad. Me sentí muy a gusto trabajando con ellos”, sigue explicando.
Nelson destaca que aprendió a articular con otros actores del territorio, como el INTA, la Universidad de Jujuy y los programas del gobierno nacional que le aportaron mucho conocimiento y contactos, “fueron fundamentales”, asevera.
“Trabajé en el INAFCI (Instituto Nacional de Agricultura Familiar, Campesina e Indígena), hasta que lo cerraron. Creamos varias cooperativas, intentando fortalecer la comercialización de la agricultura familiar. Armamos la Red Jujeña de Comercialización y éramos como 20 organizaciones campesinas. Siempre estuve convencido de que solos no se construye”, se apasiona Castillo.
“Yo le digo a mi hijo que hay que estudiar mucho y que tenes que tener una pata social en la vida. Si no queres militar, acércate a la iglesia, al centro vecinal, porque te abre la cabeza. Uno no sabe que pasa con el otro hasta que no te acercas”.
De este diálogo y experiencia de articulación con la provincia y las organizaciones, el Movimiento está organizando un centro de abastecimiento directamente desde sus camiones. “Llevamos productos de una región hacia otra, donde ese producto no está presente. Por ejemplo, llevamos tomate de Fraile Pintado o verdura de la Quebrada, a otras zonas donde no hay ese producto en ese momento”.
Al final, luego de hacer un repaso por todos los proyectos y experiencias, reflexiona: “Es como en la vida, al principio no te da para poner mas que el cimiento y el baño en la casa. Pero vos vas proyectando tu hogar, te vas poniendo objetivos. Yo no vivo de esto, pero le dedico la vida. Estoy muy contento de que esto camina y da vida. Nada es fácil, pero es necesario hacerlo”.




