En estos días sin fútbol, una carrera de Fórmula 1 y la participación de Franco Colapinto cobran una dimensión mayor a la normal. Todo el mundo habla del Gran Premio de Azerbaiyán y, de paso, se preguntan dónde está ese país de nombre raro. Entre la curiosidad y la noticia, Azerbaiyán consiguen lo que busca, que se hable, y en general, que se hable bien, porque las fotos muestran el autódromo y, a lo sumo, algún que otro rascacielos que da la idea de país moderno. Es lo que se conoce como “sportwashing”, el uso del deporte para lavar la imagen internacional de un país y maquillar sus déficits en materia democrática y de respeto de los Derechos Humanos. Y Azerbaiyán es campeón en lavado de imagen a través del deporte, recordemos los Primeros Juegos Europeos en 2015 y este Gran Premio de Fórmula 1, que se corre desde 2017 en el circuito callejero de Bakú. Dentro de ese esquema, la llamada “lavandería de Azerbaiyán” también consiguió de parte de la UEFA la final de la Europa League de 2019 entre los dos clubes londinenses Chesea y Arsenal. Pero en esa oportunidad, el tiro le salió por la culata al régimen de Ilham Aliyev, porque el escándalo estalló al prohibirle el ingreso al país al jugador del Arsenal Henrikh Mkhitaryan. ¿El motivo? El jugador armenio había visitado en el pasado Nagorno Karabaj, ese había sido su pecado, pues en aquel momento, esa región armenia todavía era una autoproclamada república independiente. Hoy, la situación es muy diferente en Nagorno Karabaj, pero Azerbaiyán sigue con las mismas mañana UN POCO DE HISTORIA Azerbaiyán es un país hermano de Turquía, sus pueblos son casi el mismo pueblo y sus lenguas muy parecidas. Los dos pueblos son musulmanes, aunque los turcos mayoritariamente sunitas y los azerbaiyanos chiítas. Descendientes todos de los mongoles que llegaron a esa región del Cáucaso, y luego a Anatolia en el siglo XI después de Cristo. Venían desde Asia Central y más allá, los desiertos de lo que hoy es Mongolia. Se fueron asentando en distintas partes, algunos en el norte de la India, otros alrededor del Mar Caspio y los que hicieron caer Constantinopla crearon el Imperio Otomano. En cambio, los armenios están en ese mismo lugar desde hace miles de años, quizá desde la Edad de Bronce, sin proceso migratorio conocido. Fue el primer reino en adoptar al cristianismo como religión oficial del Estado, en el año 301, antes que el Imperio Romano. Más tarde en el siglo V, el monje cristiano Mesrob Mashtots creó el alfabeto armenio y lo enseñaba en Nagorno Karabaj, prueba de que esa región fue siempre armenia. Por el contrario, una entidad política llamada Azerbaiyán surgió recién en 1923 con la Unión Soviética, y uno de los caprichos de Josep Stalin hizo que Nagorno Karabaj no estuviera dentro de la República Socialista Soviética de Armenia, sino en la de Azerbaiyán. Esas tensiones se mantuvieron a presión mientras existió la URSS, pero después de su caída, en 1991 estalló la guerra entre las nacientes repúblicas independientes de Armenia y Azerbaiyán. Esa primera guerra la ganaron con valentía los armenios y Nagorno Karabaj se declaró independiente, bajo el nombre de República de Artsaj. Pasó el tiempo, y en plena pandemia, traicioneramente y usando un drama mundial como escudo, el régimen de Azerbaiyán atacó Nagorno Karabaj el 27 de setiembre de 2020. Fue una guerra relámpago que duró 44 días y que Azerbaiyán ganó con la ayuda inestimable de Israel, que le provechó armas y, sobre todo, drones. En esa ofensiva injustificada, el régimen de Aliyev ocupó vastos territorios de Nagorno Karabaj, dejando prácticamente sitiada a su capital Stepanakert. Volvió una aparente calma, que aprovechó Azerbaiyán para prepararse mientras seguía lavando su imagen con eventos deportivos. Hasta que en 2023 inició un bloqueo criminal que cortaba la comunicación de Nagorno Karabaj con el resto de Armenia. Durante 10 meses, no dejaban entrar comidas ni medicamentos, generando muerte, desesperación y todo tipo de problemas en la población civil. Hasta que el 27 de setiembre de hace exactamente 3 años, atacaron sin justificación a una población debilitada y sin defensa posible. La embestida, ladina y taimada, fue virando hacia una verdadera limpieza étnica, porque los 120 mil habitantes armenios tuvieron que huir con lo puesto para refugiarse en Armenia. Fue verdaderamente un crimen de lesa humanidad, una violación sistemática de los Derechos Humanos de la población armenia. Empezando por el elemental derecho a la autodeterminación de un pueblo que está en ese lugar desde siempre. Al menos desde miles de años antes que existiera siquiera un pueblo llamado Azerbaiyán. Y como el régimen antidemocrático de Aliyev no da puntada sin hilo, la carrera de Fórmula 1 que debería ser el domingo, será en este caso el sábado, porque Azerbaiyán declaró el 27 de setiembre como el Día del Recuerdo, en homenaje a los criminales de guerra que cometieron la limpieza étnica de los armenios de Nagorno Karabaj. Por supuesto, ellos los llaman “héroes”, pero son verdaderamente criminales de guerra. Cambiar el día de la carrera es una forma de que el mundo comente una historia mentirosa, una historia inventada. Pero ya sabemos, los periodistas no se tomarán el trabajo de chequear o de investigar. Y los poderosos seguirán rindiéndole pleitesía a uno de los peores tiranos en el poder en la actualidad, solo porque Azerbaiyán tiene mucho petróleo. Y con ese petróleo puede seguir usando sus millones, no solo para armarse en espera de su próxima embestida contra el pueblo armenio, sino también para seguir lavándose la cara a través del deporte. Las opiniones vertidas en cada columna son de exclusiva responsabilidad de sus autores. En consecuencia, no necesariamente responden a la línea editorial del medio.