La definición de la agenda de un Papa durante la visita a un país es un proceso delicado que, según la situación de cada nación y los gobiernos que tiene, puede ser más simple o más compleja. En el diseño del programa interviene ante todo la Santa Sede, pero también la Iglesia local correspondiente y las autoridades gubernamentales. Claro que es el Papa, con el asesoramiento de la Secretaría de Estado del Vaticano, quien tiene la última palabra.

El establecimiento del programa de un jefe de la Iglesia católica en un país no arranca de cero. Si bien varía de acuerdo a cada nación, habitualmente incluye una reunión con el presidente o primer ministro, un encuentro con las autoridades de la sociedad civil, otro con sectores sociales y otro con jóvenes, además de visitas a lugares de particular vulnerabilidad como los centros asistenciales y de aliento a la conversión como las cárceles.

En general, los gobiernos tratan de obtener algún rédito político de la visita buscando una cercanía de sus autoridades con el ilustre visitante. El viaje de este fin de semana de León XIV a Francia constituye un buen ejemplo, pese a ser este país la cuna del laicismo desde la Revolución Francesa y la Ley de Separación de la Iglesia del Estado, de 1905, que derivó en la práctica en la eliminación de lo religioso de espacios públicos.

No por causalidad León XIV dijo en su discurso ante el presidente Emmanuel Macron en el Encuentro con las Autoridades de la Sociedad Civil que “una justa laicidad no consiste en excluir a la religión del espacio público o de la educación, sino en trabajar para que el Estado y las instituciones religiosas dialoguen entre sí y unan sus fuerzas al servicio de lo verdadero, lo bueno y lo bello, para que el mundo tenga vida”.

El papa León XIV, izquierda, y el presidente francés, Emmanuel Macron, asisten a una declaración conjunta en el Palacio del Elíseo, el viernes 25 de septiembre de 2026. (AP Foto/Teresa Suarez, Pool)
El papa León XIV, izquierda, y el presidente francés, Emmanuel Macron, asisten a una declaración conjunta en el Palacio del Elíseo, el viernes 25 de septiembre de 2026. (AP Foto/Teresa Suarez, Pool)

Pero los tiempos cambian. Y los presidentes. Durante la presencia del papa en la catedral de Notre Dame para el rezo de las Vísperas, Macron quería acompañarlo en un recorrido por el templo tras su reconstrucción a raíz del incendio en 2024 financiada por el Estado. Pero el Vaticano avisó que “las Vísperas no son una visita institucional a un monumento propiedad del Estado, sino una celebración religiosa”.

No fue la única negativa. Por lo pronto, la Santa Sede le comunicó al Gobierno que el deseo del papa era que la recepción militar fuese muy discreta. Además, que rechazaba ser condecorado con la Gran Cruz de la Legión de Honor, la máxima distinción francesa, como también un almuerzo o una cena de Estado porque “no viaja como jefe de Estado, sino como pastor de la Iglesia católica”.

En el caso de la Argentina, tampoco faltaron las diferencias del Vaticano con el Gobierno a la hora de definir las actividades de León XIV. La más relevante fue por el “Encuentro con el Mundo del Trabajo”, una cita que León XIV tendrá al día siguiente de su llegada con empresarios, sindicalistas y movimientos populares en la UCA, ocasión en la que un representante de cada sector dará un testimonio.

La secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, había pedido que directamente ese encuentro no se hiciera porque consideraba que podía convertirse -o, al menos, ser presentado- como muy crítico de la gestión del gobierno, sea por los testimonios, sea por el discurso del papa, más allá de que los pontífices evitan confrontar con las autoridades de turno de cada país y se limitan a hacer sus planteos desde el plano de los principios.

Javier y Karina Milei, junto al papa estadounidense en una visita al Vaticano. (Foto: EFE/Vatican Media/Mario Tomassetti)
Javier y Karina Milei, junto al papa estadounidense en una visita al Vaticano. (Foto: EFE/Vatican Media/Mario Tomassetti)

Previsiblemente, el Vaticano se mantuvo firme en su decisión de llevar adelante el encuentro. Aunque la Iglesia procurará evitar que los testimonios sean incendiarios. No está claro si, finalmente, empresarios pyme y sindicalistas leerán en esa oportunidad un documento conjunto que vienen impulsando uno de los secretarios generales de la CGT, Jorge Sola, y el presidente honorario de CAME, Osvaldo Cornide.

Otra fuente de preocupación para la Casa Rosada es la visita del papa León XIV al Cottolengo de Don Orione en medio de la polémica por los recortes y la falta de actualización de las prestaciones a las personas con discapacidad que venía aplicando el Gobierno, si bien dio marcha atrás con el ajuste del dinero destinado a esa área en el proyecto del presupuesto 2027. La visita fue propuesta por la Iglesia argentina y aceptada por el Vaticano.

No todas fueron malas noticias para el Gobierno. Como sus colegas de otros países cuando reciben la visita de un papa, el presidente también pronunciará un discurso delante de León XIV. Será durante el “Encuentro con las Autoridades de la Sociedad Civil y el Cuerpo Diplomático” que se hará el día de su arribo en el Palacio Libertad. Los únicos oradores ante gobernadores, legisladores e intendentes serán el papa y Milei.

Javier Milei, durante su gira por EEUU. (Charly Triballeau/Pool via REUTERS).
Javier Milei, durante su gira por EEUU. (Charly Triballeau/Pool via REUTERS).

En cambio, se quedó con las ganas de hablar el ministro de RREE y Culto, Pablo Quirno, en el saludo del papa a los líderes de las iglesias cristianas y de las otras confesiones religiosas en el Palacio San Martín. Como el lugar elegido es la sede histórica de la cancillería, Quirno pensó que se le abría una oportunidad, pero la Santa Sede le dijo que el pontífice será el único orador.

El gobierno también se alegró porque el Vaticano no aceptó el pedido de los dirigentes de movimientos populares -entre ellos Juan Grabois- al papa de visitar una villa. No obstante, por la valoración que tenía Francisco de ellos -consideraba justos sus reclamos y no quería que cayeran en los brazos del marxismo-, al igual que León XIV, no se descarta que, en su paso en papamóvil por una zona populosa, se detenga unos minutos.

Por lo demás, la Santa Sede le había recomendado al Gobierno en el inicio de los preparativos de la visita que todos los niveles del Estado alcanzados por la venida del pontífice debían participar en la organización. Luego de una primera reunión en la Casa Rosada en que el Gobierno porteño y los de la provincia de Buenos Aires brillaron por su ausencia, desde la segunda los sumó.

La insistente prédica del Vaticano y de la Iglesia argentina de que León XIV “viene para todos los argentinos” y -como clamó el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva “no debe ser metido en la grieta”- fue aprovechada por Karina Milei -poco afecta a hacer declaraciones- para enviarle un mensaje a la oposición: dijo que su visita no debe ser usada políticamente.

Sigue faltando, sin embargo, que el presidente reciba a la cúpula del Episcopado que hace más de dos años le pidió una audiencia para saludarlo con motivo de la Navidad y ni siquiera obtuvo respuesta. No sólo es un destrato, sino una anomalía institucional. La Iglesia católica es anterior a la patria, en cuya gestación, dicho sea de paso, jugó un papel relevante.

El problema de Milei es que no acepta las críticas de nadie. Tampoco de los obispos.