Ernesto Cruz, el mexicano que logró el récord mundial de maíz, provocó un terremoto en un evento reciente sobre el cereal al mencionar que la semilla de maíz que se emplea en la Argentina es “una basura”.

El agricultor méxicano aseguró que el 40% de la semilla de maíz que se usa en la Argentina tiene menos del 80% de poder germinativo, lo que provocó la furia de las empresas semilleras. Y no es para menos.

Bichos de Campo consultó al respecto a Ivanna Urbinatti, presidenta de la Asociación de Laboratorios Agropecuarios Privados (ALAP), que se encuentra formada por 25 laboratorios ubicados en las provincias de Buenos Aires, Entre Ríos, Santa Fe, Córdoba, Tucumán y La Pampa. 

Si bien se trata de un sector de la cadena agroindustrial con bajo perfil, los laboratorios agronómicos privados, además de contar con información en tiempo real sobre la calidad de las semillas, no tienen compromiso alguno con las empresas semilleras, por lo que su opinión en la materia puede ser considerada propicia.

“Las declaraciones del señor Cruz tienen un tono sensacionalista y además son muy generalistas, porque en la Argentina hay empresas semilleras que trabajan de manera muy profesional”, comentó Urbinatti.

El poder germinativo mínimo de comercialización de semillas de maíz en la Argentina es del 90%. Para lotes que superen ese estándar básico, el Inase permite registrar de forma optativa una subcategoría denominada “calidad superior”

En la Argentina, el vigor no es un requisito regulatorio obligatorio para la comercialización de semillas de maíz. Las principales empresas suelen declarar lotes con altos niveles de vigor bajo sus propios estándares de calidad.

¿Cómo se compatibilizan tales regulaciones con las declaraciones de Cruz? ¿Acaso el mexicano es un mitómano? La presidenta de ALAP indicó que en algunas campañas se comercializan lotes de semillas que quedaron de ciclos anteriores, los cuales pueden no tener las mejores condiciones para una siembra óptima.

Es decir: lo que en algunas circunstancias puede parecer una gran oportunidad comercial a veces termina siendo un error agronómico garrafal que tiene un impacto productivo y económico irreversible, porque algunos factores de manejo se pueden ajustar, pero una mala semilla, lamentablemente, no. 

“Más allá de la provocación, el episodio nos deja un mensaje agronómico muy rescatable, porque el empresario agrícola tiene herramientas disponibles para verificar la calidad de la semilla que va a sembrar, que es la instancia inicial para lograr un cultivo exitoso”, seala la presidenta de ALAP.

“Los análisis de semillas tienen un costo ridículo con respecto a la inversión que se realiza en el negocio de maíz y puede evitar muchos dolores de cabeza si se detecta una semilla con bajos niveles de poder germinativo y de vigor”, añadió.

En caso de verificar que una semilla no cuenta con los parámetros óptimos para la siembra, pueden implementarse tratamientos para intentar compensar tales déficits. Pero para eso, claro, es necesario realizar el análisis correspondiente.

“La Argentina cuenta con una red de laboratorios agronómicos en todas las regiones agrícolas que, además de ofrecer servicios de análisis de semillas, comparten información sobre la calidad de las semillas en cada campaña, lo que permite tener un ‘mapa’ de situación en cada zona”, resumió.