La guerra librada por Estados Unidos contra Irán acumula 38.000 millones de dólares en costos directos durante sus primeros cinco meses y presionará al alza la inflación en Estados Unidos hacia comienzos de 2027, según un informe difundido el martes por la Oficina Presupuestaria del Congreso (CBO, por sus siglas en inglés). El organismo, de carácter no partidista, advirtió además que el conflicto agotó buena parte del arsenal de municiones de precisión del país y que su reposición podría demandar cinco años o más.
El cálculo fue remitido en una carta al representante demócrata por Pensilvania Brendan Boyle, principal referente de la oposición en el Comité de Presupuesto de la Cámara de Representantes. Según la CBO, esa cifra “refleja los costos de reemplazar municiones y equipos consumidos en combate, el aumento de horas de vuelo, otras operaciones y el incremento en los costos de combustible”.
El organismo proyectó que cada mes adicional de conflicto sumará entre 2.000 y 3.000 millones de dólares al costo total, con la advertencia de que “los costos mensuales podrían ser aún más altos si la violencia se agravara”. La disrupción del transporte de petróleo y gas a través del estrecho de Ormuz llevó a la CBO a estimar que un indicador clave de inflación que sigue la Reserva Federal será 0,5 puntos porcentuales más alto hacia comienzos de 2027 de lo que se había previsto en febrero.
La cifra global coincide con lo declarado el 21 de julio ante el Senado por el secretario de Defensa, Pete Hegseth, quien había situado el costo de la guerra en 37.500 millones de dólares hasta ese momento. El informe de la CBO contabilizó los gastos hasta el 1 de agosto y no incluyó los costos de los recientes ataques contra buques mercantes en el estrecho de Ormuz, ni las incursiones contra instalaciones militares estadounidenses en la región. Tampoco consideró los gastos de endeudamiento asociados a la financiación del conflicto, que podrían sumar decenas de miles de millones de dólares adicionales al total.

El gasto más significativo del conflicto proviene del rápido agotamiento de las reservas de municiones estadounidenses, cuya reposición podría demandar cinco años o más, según la CBO. La agencia Reuters había informado en agosto que Estados Unidos utilizó “prácticamente todos” sus misiles de precisión de largo alcance durante la guerra.
Ese hallazgo coincide con un estudio del inspector general del Pentágono difundido el lunes, que concluyó que la base industrial de defensa “no puede seguir el ritmo” de la escasez de municiones. La CBO advirtió que ese déficit “se volvería especialmente problemático si surgiera un conflicto con un oponente cuyo arsenal incluyera grandes cantidades de misiles balísticos y de crucero”, en referencia explícita a un eventual enfrentamiento entre China y Taiwán.
Trump minimizó ese riesgo y sostuvo que Estados Unidos cuenta con “cantidades prácticamente ilimitadas” de municiones. El Departamento de Defensa, según indicó la CBO, no cooperó con los auditores del Congreso durante la elaboración del informe. Ni la Casa Blanca ni el Departamento de Defensa respondieron de inmediato a las solicitudes de comentarios.
Trump, que en marzo había afirmado que la guerra estaba “prácticamente” terminada, ahora sostiene que el conflicto podría extenderse más allá de las elecciones legislativas de mitad de mandato del 3 de noviembre. Algunos de sus asesores señalaron incluso la posibilidad de que se prolongue hasta el final de su presidencia, según informó The Wall Street Journal la semana pasada, citando a funcionarios no identificados.
En julio, los republicanos de la Cámara de Representantes impulsaron un plan presupuestario que destinaría 73.000 millones de dólares a las fuerzas armadas y a las agencias de inteligencia para cubrir los costos directos de la guerra con Irán. Esa iniciativa quedó estancada en el Senado, donde el líder de la mayoría, John Thune, dijo el martes que “probablemente sea una cuestión posterior a las elecciones”. Ese proyecto se suma a una propuesta separada para aumentar en 350.000 millones de dólares el gasto obligatorio del presupuesto regular del Pentágono, financiado en parte mediante la persecución del fraude en el sistema de salud. Ambos planes podrían combinarse después de los comicios de noviembre.

