Un escenario climático sin antecedentes cercanos comienza a configurarse en el planeta. De acuerdo con un exhaustivo informe difundido por la Organización Meteorológica Mundial (OMM), el fenómeno de El Niño atraviesa una fase de aceleración sin precedentes y se encamina a transformarse en el más potente registrado en los últimos 40 años.

Las estimaciones técnicas indican que existe prácticamente un 100% de certeza de que este episodio mantenga su máximo rigor operativo al menos hasta febrero de 2027, alterando de manera drástica la dinámica del clima global durante gran parte de ese año.

La raíz del problema radica en el drástico aumento térmico de las aguas del Océano Pacífico ecuatorial centro-oriental. Los registros de la OMM muestran un salto alarmante: mientras que entre mayo y julio la temperatura superficial marina se situaba 1,5 °C por encima de la media histórica, hacia finales de julio y mediados de agosto ese indicador trepó a rangos de entre 2,2 °C y 2,6 °C sobre lo normal.

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Esta alteración en la masa de agua modifica directamente el comportamiento de los vientos, modifica la presión atmosférica y trastoca el mapa global de precipitaciones.

El secretario general del organismo, António Guterres, enfatizó que El Niño “se está volviendo gigantesco ante nuestros ojos”. Además dijo que la evidencia científica ratifica la entrada de la Tierra en un terreno de alto riesgo.

Aunque El Niño es una oscilación cíclica natural —que suele presentarse en lapsos de entre dos y siete años con una duración estándar de 9 a 12 meses—, la comunidad científica advierte sobre su interacción con la crisis ambiental humana.

Para el trimestre comprendido entre septiembre y noviembre de 2026, los modelos de la OMM anticipan una mayor probabilidad de temperaturas por encima de los valores normales en prácticamente todas las regiones terrestres.

También se esperan importantes modificaciones en las precipitaciones, con un patrón característico de los episodios fuertes de El Niño.