Un hombre se ejercita haciendo vuelos laterales con mancuernas en un gimnasio bien equipado. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las proteínas, los carbohidratos y las grasas suelen ser el eje central de las conversaciones entre los atletas que llevan una preparación física. No obstante, la verdadera revolución fisiológica que determina el éxito o el fracaso en un entrenamiento ocurre a una escala casi imperceptible. Los micronutrientes, un grupo compuesto por vitaminas y minerales esenciales, se posicionan en la actualidad como el verdadero motor interno indispensable para optimizar la salud, regular el metabolismo celular y potenciar al máximo el rendimiento físico.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) explica que “los micronutrientes son vitaminas y minerales que necesita el cuerpo en cantidades muy pequeñas”. A pesar de que los requerimos en dosis milimétricas, la institución advierte firmemente que “su impacto en la salud de un cuerpo es crítico, y la deficiencia en cualquiera de ellos puede causar condiciones graves e incluso potencialmente mortales”.

Pero cuando hacemos deporte, una carencia sutil de estos componentes puede tener efectos devastadores en las capacidades de un atleta. Y es que también “pueden conducir a reducciones menos clínicamente notables en el nivel de energía, claridad mental y capacidad general”. Esto se traduce de forma directa en una menor productividad en el esfuerzo físico y una reducción en la tolerancia a los entrenamientos intensos.

Una ilustración de témpera vibrante muestra a dos personas haciendo ejercicio en un gimnasio moderno, una en una cinta de correr y otra en una elíptica, destacando el movimiento natural y la vitalidad del bienestar. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El calor como némesis

El papel de estos nutrientes se vuelve aún más crucial cuando se practica deporte bajo condiciones exigentes, como las altas temperaturas. Los atletas no pueden permitirse interrumpir la rutina, pero en épocas de calor hay que prestar una atención adicional, ya que el cuerpo activa la sudoración como mecanismo primordial de termorregulación para estabilizar su temperatura interna. Este proceso vital, desgraciadamente, conlleva una pérdida masiva no solo de agua, sino también de electrolitos y sales minerales, como subrayan desde My Personal Trainer.

La debilidad, la sensación de fatiga prematura y la aparición repentina de calambres musculares no son meras muestras de cansancio acumulado, sino claras alertas de un desequilibrio drástico entre el volumen de agua corporal y la concentración de minerales esenciales. Unas señales que habitualmente se pasan por alto.

No obstante, la Fundación de Nutrición Italiana (NFI) destaca que el equilibrio de los electrolitos es absolutamente vital para la correcta transmisión de impulsos nerviosos y la contracción de las fibras musculares.

Cómo evitar la pérdida de micronutrientes

La importancia de los micronutrientes no se limita a la juventud o a los atletas de élite, sino que es fundamental para todas las etapas del desarrollo humano. Al analizar las necesidades nutricionales integrales, el Linus Pauling Institute de la Oregon State University, subraya que existen diez vitaminas y minerales indispensables para conservar una salud óptima, especialmente a partir de los 50 años.

El citrato de magnesio es un compuesto formado por magnesio y ácido cítrico, presente de forma natural en frutas (Canva)

En esta selecta lista de nutrientes esenciales, el potasio y el magnesio sobresalen una vez más como los máximos gestores de la salud muscular, nerviosa y cardiovascular. En la lista también se encuentran: vitamina B6, B12, C, DE, K y el Zinc.

Al ser el motor invisible que soporta la masa muscular y al sistema nervioso, los micronutrientes son innegablemente cruciales. Así, para contrarrestar sus pérdidas y optimizar las capacidades deportivas, la misma fuente especializada propone emplear la estrategia de los tres tiempos:

  • Antes. El objetivo inicial es asegurar que las reservas corporales de minerales y carbohidratos se encuentren en niveles óptimos para activar de forma correcta las vías metabólicas necesarias para el esfuerzo.
  • Durante. En el transcurso de la sesión, en especial si es prolongada o se realiza bajo el sol, se debe mantener una hidratación y niveles de energía estables para evitar caídas bruscas del rendimiento. Consumir una solución balanceada de carbohidratos y electrolitos mejora significativamente la absorción de agua a nivel intestinal y aporta la energía requerida de manera gradual, evitando los picos y caídas repentinas de glucosa.
  • Después. El finalizar el ejercicio, se inicia la fase de recuperación, en la cual es indispensable restituir los electrolitos eliminados mediante el sudor para devolver el equilibrio salino y favorecer la normalidad muscular. En este periodo, el magnesio juega un papel primordial al contribuir directamente a la síntesis de proteínas y a disminuir el cansancio y la fatiga. De forma paralela, la vitamina C en altas dosis (unos 200 mg al día) actúa como un escudo protector que asiste al sistema inmunitario, el cual suele verse sometido a un gran estrés durante el ejercicio intenso.