Rodada entre Panamá y Perú, narra la historia de Josué, un joven quechua que huye del conflicto armado interno en el Perú de los años ochenta y llega a Panamá, donde sobrevive vendiendo chicha (refresco) y empanadas. (Instagram)

La película “Chichero” fue seleccionada oficialmente por la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Panamá para representar al país en los Premios Goya 2027 y buscar una nominación al Óscar 2027 en la categoría de Mejor Película Internacional.

Esto confirma una tendencia de consolidación del cine panameño en los grandes circuitos internacionales y se inscribe en una trayectoria que, aunque reciente, ha sido sostenida desde 2014 con sucesivas candidaturas nacionales al Óscar y desde finales de la década de 2010 en el caso de los Goya.

La producción, dirigida por Arturo Montenegro y Aarón Bromley, es financiada con el Fondo de Cine 2023 de Panamá.

Rodada entre Panamá y Perú, narra la historia de Josué, un joven quechua que huye del conflicto armado interno en el Perú de los años ochenta y llega a Panamá, donde sobrevive vendiendo chicha (refresco) y empanadas hasta encontrar en Gaby, una mujer vulnerable, un vínculo de solidaridad que articula un relato sobre migración, precariedad y esperanza.

El desarrollo del cine panameño identifica con claridad la primera obra que abrió esta senda: el documental “Invasión”, de Abner Benaim, que en 2014 se convirtió en la primera película panameña en ser enviada a la competencia por el Óscar a la entonces llamada Mejor Película en Lengua Extranjera.

Un proyector de cine antiguo junto a varias bobinas de película y fragmentos de celuloide, evocando la nostalgia y el arte tradicional de la proyección cinematográfica sobre una mesa de madera. (Imagen Ilustrativa Infobae)

En este contexto de profesionalización institucional y de expansión hacia mercados internacionales, el caso de “Chichero” resulta particularmente significativo porque condensa varias tendencias convergentes.

Entre ellas, el uso de historias transnacionales que conectan conflictos armados y migraciones internas en América Latina, así como la apuesta por coproducciones y rodajes en más de un país, el acceso a financiación pública competitiva mediante concursos como el Fondo de Cine 2023, y la firma de acuerdos de distribución con empresas europeas.

Todo esto ello ocurre en paralelo a una estrategia institucional de la Academia panameña que, habiendo enviado ya una docena de películas al Óscar sin lograr una nominación definitiva, busca ahora disputar espacios de shortlist y nominación con obras que combinan relevancia temática y apuestas formales.

Esto lo hizo la muy comentada “Plaza Catedral”, estrenada en el 2021, que en la edición 94 de los Premios Óscar llegó a integrar la lista corta de la categoría de Mejor Película Internacional.

El cine panameño, entendido como una industria relativamente joven si se compara con las cinematografías consolidadas de México, Argentina o Brasil, ha experimentado una transformación acelerada durante la última década, marcada por el acceso a fondos nacionales como el Fondo Cine panameño, el desarrollo de coproducciones regionales y la institucionalización de un mecanismo de selección oficial de películas para representar al país en los premios Óscar y Goya.

La presencia panameña en los Premios Goya se ha hecho sentir, con títulos como “Yo no me llamo Rubén Blades”, en la categoría de Mejor Película Iberoamericana. (Instagram)

La creación y actuación de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Panamá, órgano que agrupa a profesionales del sector y que decide por votación qué largometraje será el representante nacional en estas competencias, ha sido crucial para la articulación de una política cultural que busca visibilidad internacional y legitimidad estética y temática para las producciones locales.

Antes de 2014, Panamá no había participado en la carrera por el Óscar con envíos formales, y recién en la edición correspondiente a la ceremonia número 87 se documenta la primera postulación, lo que marca un “antes y después” en la relación del país con la Academia de Hollywood.

Algo similar ocurre con los Premios Goya, donde la presencia panameña en la categoría de Mejor Película Iberoamericana se hace visible en comunicados de la Academia española y dossiers de películas candidatas a partir de la segunda mitad de la década de 2010, con títulos como “Yo no me llamo Rubén Blades”, “Operación Causa Justa”, “Plaza Catedral” y, más recientemente, “Querido Trópico” y “Chuzalongo”.