Dos macetas con plantas de manzanilla en flor permanecen junto a la barandilla de un balcón. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Después de meses de verano, altas temperaturas y días fuera de casa, es posible que el balcón ya no luzca como al comienzo de la temporada. Algunas plantas pueden haberse resentido por el calor o la falta de riego, mientras que otras simplemente necesitan un cambio. Con la llegada del otoño, septiembre es un buen momento para darle un lavado de cara a este espacio. Entre las opciones que se pueden sembrar ahora está la manzanilla, una planta que ocupa poco espacio, tiene flores parecidas a pequeñas margaritas y deja un agradable aroma.

También conocida como camomila, es una hierba aromática que puede cultivarse tanto en el jardín como en macetas. Alcanza entre 30 y 40 centímetros de altura y desarrolla tallos finos que terminan en pequeñas flores blancas con un centro amarillo. Además de su valor ornamental, sus flores son conocidas por su uso tradicional en infusiones.

Cómo sembrar manzanilla en septiembre

Septiembre y octubre son meses adecuados para sembrar manzanilla en el exterior, aunque también puede cultivarse en primavera, dependiendo de las condiciones de cada zona. Las semillas deben colocarse aproximadamente a un centímetro de profundidad y cubrirse ligeramente con tierra. Si se plantan varios ejemplares, conviene dejar unos 20 o 25 centímetros de separación para que puedan desarrollarse correctamente.

Durante los primeros días es importante mantener el sustrato húmedo, pero sin encharcarlo. Si se cultiva en una maceta, el recipiente debe tener agujeros en la base para facilitar el drenaje y unos 20 o 25 centímetros de profundidad para que las raíces puedan desarrollarse correctamente.

La manzanilla necesita una ubicación luminosa y agradece varias horas de sol directo, por lo que un balcón o una terraza soleada puede ser un buen lugar para cultivarla. En zonas especialmente calurosas, conviene protegerla durante las horas de mayor intensidad y optar por una ubicación de semisombra.

Una planta de manzanilla florecida se encuentra en una maceta sobre el alféizar de una ventana. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Aunque se siembre en otoño, las flores no aparecerán inmediatamente. La manzanilla suele florecer durante la primavera y el verano, cuando sus pequeñas flores blancas y amarillas aportan color y desprenden su característico aroma. Para favorecer la aparición de nuevas flores, se pueden retirar aquellas que comiencen a marchitarse.

Sus flores también se pueden aprovechar en infusiones

Además de decorar el balcón, las flores de manzanilla pueden recolectarse cuando están completamente desarrolladas y antes de que comiencen a marchitarse para utilizarlas en infusiones. Una vez recogidas, pueden dejarse secar en un lugar seco y ventilado, protegido de la luz solar directa, y conservarse después en un recipiente hermético.

La planta tiene unas necesidades de agua moderadas y tolera mejor cierta sequedad que el exceso de humedad. Antes de volver a regar, conviene comprobar el estado de la tierra y evitar que permanezca constantemente empapada, algo especialmente importante cuando se cultiva en una maceta.

Té de manzanilla servido en una taza de cerámica. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Una vez establecida, requiere poco mantenimiento, aunque durante los meses cálidos conviene revisar sus hojas y tallos ante la posible aparición de plagas como pulgones. También es recomendable mantener controladas las malas hierbas durante las primeras etapas de crecimiento.

Con una maceta adecuada, suficiente luz y un riego equilibrado, la manzanilla puede convertirse en una opción sencilla para renovar el balcón después del verano. Sembrarla en septiembre permite comenzar su desarrollo durante el otoño y preparar un rincón natural que, cuando llegue la primavera, puede llenarse de sus características flores blancas y amarillas.