“A usted le gusta, a mí me gusta, a todos nos gusta”, ese fue el eslogan que tenía la gaseosa Ñusta, fabricada en Chamical, La Rioja. Algo de esa publicidad debió ser cierto ya que, durante más de una década, la Ñusta se distribuyó en todo el noroeste y llegó a las grandes ciudades argentinas como Buenos Aires, Córdoba, Sante Fe y Mar del Plata, logrando inquietar a las grandes marcas internacionales de refrescos que operaban en el país.

Quizás haya entre los lectores alguno que la haya probado, o que sepa de la existencia de algún cartel, resistiendo al paso del tiempo, colgado en algún bodegón de nuestra Argentina interna. Es que la historia de la Ñusta fue de alto vuelo. Se remonta a una dirección “Diego de Arroyo 49”, frente a la plaza San Martín de esta ciudad riojana. Pero también a un hombre, don Elías Adi quien, luego de montar la primera fraccionadora de vino de La Rioja “Vinos Adi”, decide cumplir con su sueño, y funda, un 6 de febrero de 1957, su ansiada fábrica de gaseosas “Ñusta”.

Don Elías era descendiente de árabes, más precisamente de El Meirs (El Líbano). Su familia se radicó en Nonogasta, luego en Vinchina, pasando por Chamical. Luego se fueron a Mendoza, volviendo a Chamical, años después.

“Mi abuelo estaba en Vinchina. El abastecía con herraduras y mercadería a todos los arrieros que iban a Chile a dejar el ganado. Mi papá me contó que mi abuelo traía vagones enteros con herraduras, con fideos, con azúcar. Trabajaba con los arrieros y con los pequeños mineros de ese entonces. De ahí salió mi papá, alguien que fue un visionario, que podía ver qué se podía hacer en un pueblito tan chiquito y de calles de tierra, como era el Chamical de entonces”, rememora Ricardo Adi, hijo de don Elías.

A lo que agrega “Mi papá fue peón de los Yoma, en Chilecito. Trabajó en el sur. Era un tipo que siempre estaba viendo qué podía hacer para superarse. Se fijaba objetivos y los cumplía y, si algo no le salía, enseguida iniciaba otra actividad”.

El nombre la Ñusta lo eligió “mi mamá. Ella fue maestra y directora de la escuela 151 ‘Provincia de Corrientes’, aquí en el pueblo”. Ñusta es una palabra quechua que significa “princesa”, utilizada para nombrar a las hijas de los soberanos Incas.   Ricardo Adi comenta que “la Ñusta era la diosa del sol, había mucho simbolismo en el nombre que eligieron”.

Los datos no son muy precisos, pero se estima que cuando comenzaron a operar, lograron embotellar unas 120 botellas por hora. “En Chamical se cortaba la luz a la una de la madrugada, pero todos seguían trabajando unas horas más, mostrando un gran compromiso con la empresa”.

Unos 10 años después, tenían una fábrica automatizada, que elaboraba cerca de 250 botellas por minuto. Desarrollaron 5 sabores: Naranja, pomelo, lima-limón, manzana y la Chamicola, en base a un jarabe natural, y que nada tenía que envidiar a las otras bebidas cola.

Al inicio, la molienda y extracción de los jugos se llevaba a cabo en la misma fábrica, trayendo naranjas y limones de Tucumán y Salta, y manzanas desde Mendoza. Ante el aumento de la demanda y la necesidad de ampliar el proceso de embotellado, se convino con la empresa de jugos Pindapoy, para que provea los extractos necesarios.

Con orgullo, Ricardo comenta que “teníamos nuestra flota de camiones. También venían las distribuidoras desde Catamarca, Tucumán, Santiago del Estero a llevar la Ñusta. Salían 3 mil cajones diarios, algo que para la época era muchísimo. Trabajaban más de 100 operarios de Chamical y zonas cercanas”.

“Siempre hubo mucho respeto y apoyo entre las familias que trabajaban en la fábrica y mi papá. En varias oportunidades le ofrecieron comprarle la fábrica por mucho dinero, algo que él rechazaba ya que quería cuidar el trabajo de la gente”, completa Ricardo Adi.

Pero, “las multinacionales quisieron entrar más fuerte en todo el noroeste argentino, donde la Ñusta ya estaba muy bien posicionada”, sigue contando Ricardo.

“Entonces empezaron a operar para frenar el avance de la Ñusta”. Según una nota de Gonzalo González, del portal La Rioja antigua, Elías Adi comentó que, en el año 1958, Coca Cola reemplazó a cuatro de sus gerentes en La Rioja, ya que no podían parar el crecimiento de la Ñusta.

Fue entonces cuando, años después, acertaron una estocada que hirió de gravedad a la fábrica riojana. La multinacional comenzó, con diversos métodos, a retirar los envases retornables de la Ñusta que había en el mercado. ¿Cómo lo hizo? Primero, permitiendo adquirir su gaseosa con los envases de la Ñusta. Además, implementando la compra de los envases vacíos de la fábrica riojana para luego hacerlos desaparecer.

En su mejor momento productivo, la Ñusta no lograba cumplir con la demanda por falta de envases. La reseña de González plantea que desde la empresa solicitaron créditos bancarios para la reposición de los envases, algo que les era sistemáticamente rechazado. Cuenta, además, que muchos funcionarios fueron “adornados” con acciones de la empresa. Estos promovieron la representación en Chamical y resto de la Rioja de la multinacional, dejando sin margen de acción a los Adi y su empresa.

Varios años de duelo transitó don Elías Adi en Buenos Aires, hasta que decide darle una nueva oportunidad al desarrollo de la región y siembra 10 mil olivos en una finca en Bella Vista. Con lo producido elaboró una pasta de aceituna que comercializó en el exterior, alejado del “difícil” mercado interno.