Cuando una persona dedica buena parte de su tiempo al cuidado de animales, la explicación más frecuente pasa por el amor a las mascotas. Sin embargo, la psicología plantea que detrás de ese vínculo también puede existir un mecanismo relacionado con la necesidad de organizar la vida cotidiana, establecer rutinas y encontrar una fuente constante de compañía y seguridad.
La idea no significa que el cariño hacia perros y gatos sea falso ni que quienes los cuidan actúen únicamente por conveniencia. El vínculo afectivo puede ser profundo y genuino, pero, al mismo tiempo, las responsabilidades que implica convivir con un animal generan horarios, obligaciones y actividades que se incorporan a la rutina de una persona.
Darles de comer, sacarlos a pasear, llevarlos al veterinario o reservar momentos para jugar son tareas que deben cumplirse incluso cuando no hay ganas. Para algunas personas, esa estructura funciona como una herramienta para sostener hábitos que de otra manera podrían resultar difíciles de mantener. A esto se suma la posibilidad de que el contacto cotidiano con los animales contribuya al bienestar emocional.
Por qué la psicología dice que los que cuidan mucho a las mascotas lo hacen por beneficio propio
La explicación parte de un concepto conocido como teoría del apego, desarrollada por el psiquiatra John Bowlby. Esta perspectiva sostiene que las personas construyen vínculos con aquellos seres que les proporcionan seguridad, confianza y bienestar emocional. Las mascotas pueden ocupar ese lugar dentro del hogar y convertirse en una presencia estable en la vida cotidiana.

Sin embargo, el vínculo afectivo no es el único elemento que aparece. Tener una mascota también implica asumir responsabilidades concretas. Cuando una persona convive con uno o varios animales, debe organizar determinados momentos del día alrededor de sus necesidades: comida, paseos, higiene, juegos y controles veterinarios. Esa estructura puede convertirse progresivamente en una rutina estable.
El mecanismo adquiere todavía más importancia cuando se trata de personas que cuidan varios animales o que suelen rescatar mascotas en situaciones de vulnerabilidad. Algunas investigaciones señalan una posible relación con la empatía y con una mayor disposición a brindar apoyo y cuidado. Sin embargo, no existe evidencia suficiente para establecer un perfil psicológico único que permita definir a todas las personas que conviven con varios animales.
En ese sentido, el supuesto “beneficio propio” no necesariamente implica una búsqueda consciente de bienestar. El efecto puede aparecer como consecuencia de las obligaciones cotidianas. Una persona que necesita levantarse para alimentar a sus animales o salir a pasearlos encuentra una estructura externa que la obliga a mantener determinados horarios, incluso durante jornadas en las que preferiría quedarse en casa.

La relación también puede trasladarse a otros ámbitos. Mantener una rutina vinculada con el cuidado de una mascota puede favorecer la organización personal y laboral, aunque no significa que todos los propietarios obtengan los mismos resultados. La evidencia disponible muestra beneficios posibles, pero también advierte que convivir con un animal no garantiza por sí mismo una mejor salud mental.
Por qué convivir con mascotas puede mejorar la salud mental, según la ciencia
Algunas investigaciones encontraron que interactuar con perros y gatos puede asociarse con cambios en determinadas respuestas del organismo vinculadas al estrés. Algunos estudios recogidos por los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos relacionan la interacción con animales con una reducción del cortisol, la hormona vinculada al estrés, y un aumento de la oxitocina, relacionada con los vínculos sociales.
A esto se suman otros posibles beneficios. La convivencia con perros puede incentivar la actividad física mediante los paseos, mientras que el contacto cotidiano con una mascota puede aportar compañía y sensación de seguridad. También puede ayudar a estructurar los días y generar responsabilidades concretas, especialmente para quienes viven solos o atraviesan períodos de aislamiento.

Sin embargo, la evidencia científica no permite afirmar que tener una mascota mejore automáticamente la salud mental. Una investigación publicada en 2024 con 6.018 personas del Reino Unido no encontró asociaciones beneficiosas entre convivir con un animal y distintos indicadores de salud mental durante la pandemia.
Otra revisión publicada ese año también describió una relación compleja, con posibles beneficios y dificultades, sin establecer una relación causal. Por eso, una mascota puede aportar cariño y compañía y, al mismo tiempo, convertirse en una fuente de estructura cotidiana, pero sus efectos dependen de cada persona y de las circunstancias de convivencia.




