La reina de Países Bajos, famosa por sus looks coloridos y llamativos, sorprendió en el Prinsjesdag con un estilismo en blanco y negro, mucho más sobrio que los que suele elegir para esta tradicional ceremonia. Mientras Máxima bajó el tono, sus hijas Amalia, Alexia y Ariane se llevaron todas las miradas con tres propuestas muy diferentes, incluida ropa y accesorios que ya habían pasado por el vestidor de su madre.
El Prinsjesdag, el Día del Príncipe, es una de las jornadas más importantes del calendario institucional de Países Bajos. Cada tercer martes de septiembre, la familia real participa de la ceremonia que marca el inicio del nuevo año parlamentario, con el rey Guillermo Alejandro como protagonista del tradicional Discurso del Trono.
Pero la jornada también es uno de los grandes momentos de moda de la realeza neerlandesa. Y este año hubo un detalle que no pasó inadvertido: Máxima, acostumbrada a los colores intensos, los estampados, los brillos y los grandes tocados, eligió bajar varios cambios.
Máxima sorprendió con su look más sobrio
Para la ceremonia, la reina combinó una blusa negra de manga larga con una larga falda de seda blanca de acabado satinado. La pieza forma parte de su vestidor desde 2006 y ya había sido utilizada en otras ocasiones con diferentes partes superiores.

El contraste blanco y negro continuó en los accesorios: llevó guantes negros, pendientes de perlas en forma de lágrima y un broche a juego en la cintura. En la cabeza eligió un tocado negro minimalista, muy diferente de los grandes sombreros, flores y plumas que ha llevado en anteriores ediciones del Prinsjesdag.

La elección llamó especialmente la atención por tratarse de Máxima. La reina suele convertir sus apariciones oficiales en auténticos despliegues de color y accesorios. De hecho, en el Prinsjesdag de 2025 había elegido un vestido aguamarina con bordados de cristal y un llamativo tocado de plumas y flores.

Este año, en cambio, la reina apostó por la contención.
Su elección fue interpretada por especialistas y medios especializados en realeza como una manera de ceder protagonismo en una jornada en la que sus tres hijas tuvieron una presencia especialmente destacada.
Y la estrategia funcionó: Amalia, Alexia y Ariane llegaron al evento con tres looks de gala que, aunque muy diferentes entre sí, también mostraron algo en común: el vínculo cada vez más visible entre sus estilos y el vestidor de su madre.
Amalia, la futura reina, con vestido capa
La princesa Amalia, heredera al trono, eligió un vestido largo verde oliva firmado por la diseñadora australiana Rachel Gilbert. La pieza tiene una capa ligera integrada y un drapeado asimétrico que le aporta movimiento a la silueta.

En lugar del tradicional sombrero, Amalia llevó una diadema satinada en la misma gama del vestido y dejó su melena rubia suelta, con ondas suaves. Completó el estilismo con pendientes dorados, un broche en la cintura y zapatos de punta en tono marrón.

La elección mantuvo el carácter ceremonial que exige la ocasión, pero con un aire más juvenil. También llevó la banda y las insignias correspondientes a la Gran Cruz de la Orden del León Neerlandés.
Ariane abrió el vestidor de Máxima
La conexión más evidente con el guardarropa de la reina estuvo en el look de Ariane.
La princesa menor llevó un vestido largo color burdeos de Jan Taminiau que Máxima había estrenado precisamente en el Prinsjesdag de 2019. Se trata de una pieza de crepé de lana, de líneas entalladas y con una sobrecapa decorada con aplicaciones en el mismo tono.

Ariane recuperó también los accesorios pero reemplazó el sombrero que había llevado su madre por una diadema, dándole a la pieza una lectura más joven.

El gesto muestra cómo funciona el vestidor de Máxima para sus hijas: las prendas no necesariamente se repiten de manera idéntica, sino que cada princesa las adapta a su propio estilo.
Alexia hizo de los accesorios el centro de su look
La princesa Alexia fue, en cambio, la que llevó la propuesta hacia un terreno más personal.
Eligió un vestido largo verde petróleo de Reiss, de silueta fluida y con una pieza tipo capa que cae sobre los hombros y la espalda. El diseño aportó una base elegante y relativamente sencilla que dejó espacio para que los accesorios tomaran protagonismo.

El detalle más llamativo fue el sombrero fedora color burdeos de ala ancha, que ya había pertenecido al vestidor de Máxima. Lo combinó con guantes de cuero y accesorios en la misma gama.

La pieza proviene de la sombrerería de lujo Maison Michel. Específicamente, se trata del icónico modelo “Henrietta”, confeccionado en fieltro impermeable y adornado con una cinta de grosgrain a juego con el logotipo metálico de la “M” característico de la firma en un lateral.
Alexia suele mostrar una relación particularmente personal con la moda y, en esta ocasión, volvió a jugar con el protocolo desde los complementos: en lugar de un tocado más tradicional, convirtió el sombrero en la pieza central de su estilismo.

Así, las tres hermanas llegaron al mismo evento con códigos diferentes: Amalia apostó por una silueta de capa y una estética más depurada; Alexia puso el foco en los accesorios y Ariane recuperó directamente una pieza histórica del vestidor de su madre.
Un vestidor que pasa de generación en generación
La escena resume también un cambio dentro de la familia real neerlandesa. Máxima continúa siendo una de las grandes referentes de estilo de la Casa de Orange, pero sus hijas comienzan a construir sus propias identidades frente a la moda.

Y, al mismo tiempo, tienen acceso a un archivo privilegiado: el vestidor de una reina que durante años convirtió sus apariciones públicas en verdaderas declaraciones de estilo.
En este Prinsjesdag, Máxima eligió el blanco y negro y dejó los grandes colores para sus hijas. Ellas, cada una a su manera, demostraron que pueden tomar una prenda o un accesorio del guardarropa familiar y hacerlo propio.



