Un análisis de más de 270.000 adultos publicado en Nature Communications identificó que tanto el aislamiento social como la soledad se asocian con una pérdida significativa de años (Imagen Ilustrativa Infobae)

La soledad y el aislamiento social no son lo mismo, pero sus consecuencias sobre la salud apuntan en la misma dirección: ambos fenómenos pueden restarle a una persona alrededor de seis años de vida sin enfermedad. Así lo concluye un estudio publicado en la revista Nature Communications, que analizó datos de más de 270.000 adultos de entre 40 y 69 años. El impacto, advierten los investigadores, alcanza tanto la salud física como la mental.

El trabajo fue liderado por Lu Qi, profesor de la Universidad de Tulane, quien sostuvo que “el aislamiento social y la soledad pueden tener un impacto significativo en la esperanza de vida sin enfermedad”, según consignó Euronews. El aislamiento social refiere a un contacto limitado con otras personas; la soledad, en cambio, es una experiencia subjetiva: sentirse desconectado del entorno aunque se esté rodeado de gente. Distintas en su naturaleza, ambas condiciones convergen en sus efectos negativos sobre el organismo.

La salud mental es la más afectada por el aislamiento y la soledad

El aislamiento social y la soledad reducen hasta seis años de vida saludable y afectan de forma diferenciada la salud mental de hombres y mujeres (Imagen Ilustrativa Infobae)

El estudio detectó que las consecuencias más graves recaen sobre la salud mental. La pérdida de años libres de trastornos como la depresión y la ansiedad resultó mayor que la de años sin enfermedades físicas. Entre estas últimas, los investigadores identificaron la diabetes de tipo 2, las enfermedades cardiovasculares, las respiratorias crónicas, las neurodegenerativas y el cáncer.

A los 50 años, quienes experimentaban tanto soledad como aislamiento social acumulaban menos años sin grandes enfermedades crónicas en comparación con quienes no atravesaban ninguna de esas situaciones. El panorama se vuelve especialmente preocupante porque ambas condiciones pueden coexistir y reforzarse mutuamente, lo que profundiza el deterioro progresivo de la salud. Los investigadores destacaron que este efecto acumulado convierte a la combinación de ambas en un factor de riesgo particularmente serio para la población adulta de mediana edad.

La magnitud del daño sobre la salud mental supera, según el estudio, al que generan condiciones físicas consideradas graves como las enfermedades cardiovasculares o el cáncer en términos de años de vida saludable perdidos. Ese dato refuerza la necesidad de incorporar el bienestar social como una dimensión central de la salud pública.

Un estilo de vida saludable ayuda, pero no neutraliza el daño de la soledad

Una investigación publicada en Nature Communications halló que la pérdida de años sin trastornos psicológicos superaba a la generada por condiciones físicas graves como el cáncer o las enfermedades del corazón (Imagen Ilustrativa Infobae)

Una de las conclusiones más notorias del estudio es la diferencia entre el efecto del aislamiento social y el de la soledad frente a los hábitos saludables. Mantener una rutina saludable puede reducir el impacto negativo del aislamiento social, pero no alcanza para compensar el daño que genera la soledad.

Esto indica que la dimensión emocional del vínculo humano —la sensación de pertenencia y conexión— tiene un peso propio sobre la salud que no se reemplaza con ejercicio, buena alimentación u otras conductas preventivas. Los investigadores interpretaron este hallazgo como una señal de que abordar la soledad requiere intervenciones específicas, más allá de la promoción general de estilos de vida saludables.

La distinción es relevante desde el punto de vista de las políticas sanitarias: mientras que el aislamiento social puede atenuarse con programas de integración comunitaria o actividad física grupal, la soledad exige una atención orientada al plano emocional y al fortalecimiento de los vínculos afectivos reales.

Hombres y mujeres no sienten ni padecen la soledad de la misma forma

Una investigación con más de 270.000 participantes encontró que los varones acumulaban 5,8 años en peor salud psicológica frente a 3,7 en las mujeres (Imagen Ilustrativa Infobae)

El ensayo también documentó diferencias de género en cómo afectan estas condiciones. Entre las mujeres, la soledad y el aislamiento social se tradujeron en 2,4 años en peor salud física y 3,7 años en peor salud mental. En los hombres, la pérdida fue de 1,7 años de vida sin enfermedad física y de 5,8 años sin trastornos mentales, una brecha considerablemente mayor en el plano psicológico.

Los autores atribuyen esa diferencia a los modos en que cada género busca apoyo y bienestar psicológico. Las mujeres tienden a priorizar la conexión emocional, por lo que su salud mental está más ligada a la soledad subjetiva. Los hombres dependen más de la presencia física y de interacciones frecuentes, lo que hace que el aislamiento concreto golpee con más fuerza su equilibrio mental.

Además, los hombres mostraron mayor probabilidad de experimentar ambas condiciones de forma simultánea, con menor acceso a recursos sociales, materiales y económicos, y peores indicadores de estilo de vida saludable. Esa acumulación de factores los ubica en una posición de mayor vulnerabilidad frente a las consecuencias del aislamiento y la soledad sobre su salud a largo plazo.