A partir del 21 de septiembre es el momento ideal para comenzar a darle vida al jardín y llenarlo de flores. El aumento de las horas de luz y el ascenso de las temperaturas permiten empezar a preparar canteros, macetas y distintos rincones verdes con distintas plantas.
Entre las especies que se pueden sembrar por semilla y que garantizan un jardín colorido y de bajo mantenimiento, se destacan la caléndula, el cosmos y la zinnia.
Estas tres variedades ornamentales aportan flores vistosas y pueden sembrarse directamente en el lugar definitivo, siempre que el suelo tenga buen drenaje y reciban suficiente luz.
1. Caléndula
Es ideal para sumar colores amarillos y naranjas intensos al jardín. Se adapta tanto a la tierra como a macetas y no exige cuidados complicados.
Para sembrarla, conviene elegir un sector bien soleado y con suelo que drene bien el agua. Las semillas se distribuyen sobre la tierra y se cubren apenas con una fina capa de sustrato. Durante los primeros días, es clave mantener la humedad —sin encharcar— para favorecer la germinación.

A medida que la planta crece, necesita buena iluminación para desarrollarse fuerte y florecer en abundancia. Un truco útil es retirar las flores marchitas para que la planta siga produciendo nuevos pimpollos.
2. Cosmos
El cosmos es otra opción perfecta para sembrar en primavera. Sus tallos delgados y flores delicadas —en tonos rosados, blancos, fucsias y rojizos— le dan al jardín un aire silvestre y liviano.
Se puede sembrar directamente en el cantero, siempre en un lugar con varias horas de sol y suelo bien drenado. Tras la germinación, el riego debe ser moderado: el exceso de agua puede dañar las raíces, así que conviene controlar la humedad antes de volver a regar.

Además de sumar color, el cosmos aporta altura y movimiento, ideal para quienes buscan un jardín más natural.
3. Zinnia
Para quienes quieren un jardín vibrante y llamativo, la zinnia es la especie indicada. Sus flores aparecen en una amplia gama de colores —rojo, rosa, naranja, amarillo y blanco— y permiten combinar distintas tonalidades en un mismo espacio.

La siembra se realiza directamente en el lugar elegido, cubriendo las semillas con una capa fina de tierra y manteniendo la humedad en los primeros días, siempre evitando el exceso de agua. Cuando la planta crece, necesita buena exposición al sol para desarrollar tallos firmes y lograr una floración abundante.
Consejos para preparar la tierra y cuidar las semillas
Antes de sembrar, es fundamental preparar bien el terreno: retirar malezas, hojas secas, piedras y restos de plantas que puedan dificultar el crecimiento. Remover la superficie ayuda a airear el suelo y, si está muy compactado o pobre en nutrientes, se puede sumar compost maduro o materia orgánica bien descompuesta.
El drenaje es clave: si después de regar se forman charcos que no desaparecen rápido, conviene mejorar el sustrato antes de sembrar.
Durante la germinación, las semillas necesitan humedad constante, pero sin empapar la tierra. Lo ideal es controlar a diario la superficie y hacer riegos pequeños cuando empiece a secarse. Así se evita tanto la deshidratación como los problemas de raíces u hongos por exceso de agua.



