València, 10 sep (EFE).- Una investigación internacional ha revelado que las primeras vides cultivadas en la península ibérica llegaron hace unos 3.000 años desde el Mediterráneo oriental y su linaje pervive en las plantaciones actuales, según informa la Universitat de València este jueves.

A partir del análisis de 28 semillas de vid ('Vitis vinifera') procedentes de yacimientos de la península ibérica y Cerdeña, el trabajo ha estudiado que esas primeras variedades cultivadas introducidas en Iberia estaban genéticamente relacionadas con vides domesticadas, trasladadas por los colonos orientales que se asentaron en el sur y este de la Península.

Los resultados muestran que estas primeras vides se cruzaron tempranamente con poblaciones silvestres locales, contribuyendo a la formación de los linajes genéticos que dieron lugar a muchas de las variedades tradicionales de la península ibérica, identificables ya en semillas del siglo IV a. C., según Guillem Pérez Jordà, investigador del Departamento de Prehistoria, Arqueología e Historia Antigua de la Universitat de València (UV).

El análisis de ADN antiguo, de restos biológicos del pasado, en este caso de semillas, ha permitido constatar cómo se empiezan a cultivar estas cepas de origen oriental y el modo en el que rápidamente acabaron cruzándose con las variedades locales silvestres, creándose nuevas variedades.

Una de las conclusiones es la persistencia de determinadas estirpes durante siglos. El análisis genético ha permitido identificar relaciones familiares entre semillas de distintas épocas e incluso conexiones con variedades conservadas actualmente.

Los investigadores encontraron evidencias que vinculan semillas medievales con variedades actuales como pasa valenciana y demostraron que la variedad fundadora hebén ha permanecido en cultivo durante al menos los últimos 1.100 años.

Los resultados confirman que la expansión de la viticultura hacia el oeste del Mediterráneo estuvo protagonizada fundamentalmente por los colonos fenicios que se asentaron en diversas áreas del Mediterráneo occidental, trayendo variedades originarias del este.

Esta fue una práctica rápidamente adoptada por las poblaciones locales. De esta forma se desarrolló una importante expansión de los viñedos y de la producción de vino por el sur y el este de Iberia, que acabó adquiriendo un carácter comercial a partir de finales del s. VIII a. C.

El equipo internacional de este estudio está liderado conjuntamente por la Universitat de Valéncia, el Instituto de Ciencias de la Vid y del Vino (ICVV-CSIC) y el Instituto de Historia (IH-CSIC), y ha sido publicado en la revista Current Biology. EFE