“Pity” Álvarez junto a la víctima, Cristian Díaz

La décima audiencia del juicio contra “Pity” Álvarez sumó este miércoles voces del entorno del músico que permitieron reconstruir cómo era su vida en el barrio Samoré en los meses previos al crimen de Cristian Maximiliano Díaz, ocurrido en julio de 2018. Ante el Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional N°29 declararon su madre, Cristina Congiu, y dos amigos, Claudio Sosto y Lucas Práctico.

Los dos amigos, que además trabajaron con él, coincidieron en describir una cotidianeidad atravesada por el consumo de drogas y por los constantes pedidos que recibía Álvarez de parte de personas que frecuentaban el barrio. Ambos conocían a Díaz, aunque con distinto grado de cercanía, y aportaron detalles sobre la relación que mantenía con el músico antes del homicidio.

Congiu, por su parte, habló del temor que, según aseguró, tanto ella como su hijo sentían en aquella época. Contó que comenzó a asistirlo con mayor frecuencia porque Álvarez se sentía acosado y evitaba salir de su departamento. Además sostuvo que ella también se sintió intimidada por Díaz cuando iba a visitarlo.

A lo largo de su declaración advirtió varias veces que tenía dificultades para recordar algunos episodios ocurridos ocho años atrás debido al impacto que tuvo el caso en su vida. “Me agarró un estresazo muy grande y estuve internada”, contó.

Cristina Congiu, madre de

¿Qué contaron los dos amigos de “Pity”?

Claudio Sosto dijo que conocía tanto a Álvarez como a Díaz desde chicos. Además de ser amigo del músico, trabajó entre 2000 y 2010 como su asistente de escenario y frecuentaba habitualmente su departamento en Samoré.

Al describir cómo eran aquellos días, sostuvo que había personas del barrio que se acercaban permanentemente a pedirle cosas al cantante. “A ‘Pity’ le pedían más que al resto porque le había ido bien en la vida”, aseguró.

Sosto recordó situaciones en las que le gritaban desde la calle o tocaban el timbre del departamento. “Estaba presionado por todos lados. Todo eso lo ponía un poco paranoico”, afirmó.

El testigo también habló de un conflicto previo entre Álvarez y Díaz. Según relató, en una oportunidad la víctima llevó al músico en auto hasta una villa para comprar drogas. “Pity” tardó en regresar y Díaz se fue del lugar con su mochila. Más tarde, de acuerdo con Sosto, Álvarez advirtió que le faltaban el dinero y las llaves que guardaba en su bolso.

Sobre Díaz, lo definió como una persona “con pocas pulgas”, aunque inicialmente aclaró: “No era violento”. También recordó una frase que, según dijo, utilizaba cuando pedía drogas: “Dejá algo para los pibes”.

“A Pity lo volvía un poco loco. A todos en realidad. ‘Eh, quiero un poco de droga, tirá algo para los pibes’, decía”, agregó.

La torre 12 del barrio Samoré, donde vivía

Durante el interrogatorio de Sebastián Queijeiro, Sosto dijo que había visto a Díaz drogado en numerosas oportunidades. También aseguró que en el barrio existían “peajes” y que ‘Pity’ muchas veces daba de más. “Era un pan de Dios. A veces demasiado bueno. Alguna vez invitó droga, alguna vez les dio plata y bueno...”.

El testigo además describió cómo era la zona durante la noche. “Los pibes rompían los focos para que no se vieran las caras y poder robar y esconderse”, declaró. Cuando la defensa le preguntó si Díaz participaba de “esa movida”, respondió: “Sí”.

Sosto aclaró, sin embargo, que nunca había visto armado a Díaz. Sí dijo haber visto con un arma a C.U.S., el hombre que estaba con la víctima la noche del homicidio y que solicitó declarar en el juicio de forma reservada y sin la presencia física del músico en la sala “por motivos de seguridad”.

Durante las preguntas del fiscal Sandro Abraldes surgió otro dato: el testigo reconoció que había visto armado a “Pity”. Describió el arma como “una cosa negra que se ponía en la cintura” y explicó: “No la exhibía ni hacía un circo con eso. La vi en el domicilio. Muchas veces lo vi armado”.

“(Díaz) lo volvía un poco loco a 'Pity'. A todos en realidad. ‘Eh, quiero un poco de droga, tirá algo para los pibes’, decía

Después fue el turno de Lucas Práctico, amigo de Álvarez e integrante actual de su equipo de trabajo. Describió al Samoré de ocho años atrás como un barrio “peligroso” y contó que había personas que permanecían durante buena parte del día en los bancos de cemento ubicados debajo de las torres.

Su descripción sobre la vida cotidiana del músico coincidió en varios puntos con la de Sosto. “A ‘Pity’ le pedían siempre algo. Si no era una droga, eran entradas para los recitales que hacíamos en Capital”, declaró.

Según recordó, esas personas los esperaban cuando salían y Álvarez respondía a los pedidos: “Siempre él, respetuosamente, decía: ‘Hay diez, hay cinco’”. Práctico aseguró que varias veces le recomendaron que se mudara, pero el músico quería permanecer en el barrio.

Práctico dijo que conocía a Díaz “de vista” y lo recordó como un hombre “grandote”. Cuando Queijeiro le preguntó si alguna vez lo había visto a “Pity” sin estar bajo los efectos de drogas, respondió: “No”.

También sostuvo que en los bancos de cemento se consumían estupefacientes. Sobre la presencia de armas hizo una salvedad: “Nunca los vi con armas en la mano”, aunque aseguró haber escuchado que algunas de las personas que permanecían allí estaban armadas.

El músico en una de sus salidas del tribunal (Maximiliano Luna)

Práctico también recordó el episodio de la mochila mencionado por Sosto y que habría sido el germen del conflicto entre el músico y la víctima. Según su testimonio, Álvarez regresó y descubrió que le faltaba dinero. Contó que allí solía llevar plata, ropa, libros, herramientas y elementos utilizados para consumir drogas (NdR.: hizo referencia a una canilla para fumar crac o pasta base).

Ante el fiscal Sandro Abraldes explicó que aquel día “fueron a buscar estupefacientes a un asentamiento” y aclaró: “No sé a quién le compraba. Nunca hablamos de eso porque no me interesaba”.

Al ser consultado sobre la personalidad de su amigo, respondió: “Es una persona re noble, re buena, con un gran problema de adicción que a veces lo lleva a tener paranoias. Incluso él mismo se asusta de algo que tal vez está en su imaginación”.

Uno de los momentos centrales de su declaración llegó cuando reconstruyó una conversación que mantuvo con Álvarez después del homicidio. Práctico no presenció el crimen: lo que contó ante el tribunal fue lo que el propio músico le dijo posteriormente.

(Desde la izquierda) El fiscal general Sandro Abraldes junto a los auxiliares fiscales Juan Noel Varela y Nicolás Stivala y los abogados querellantes, entre ellos, los penalistas Fernando Burlando y Fabián Améndola (RSFotos)

Según recordó, Pity se largó a llorar durante aquella conversación y le dijo: “Tenía miedo, me asusté, pensé que me iba a matar”.

Práctico sostuvo que Álvarez ya le tenía miedo a Díaz antes del homicidio. “Aunque lo vean como un rockero, él es muy sensible. Dos veces lo vi llorar en mi vida”, afirmó.

Cuando Queijeiro le preguntó si le había creído, contestó: “Sí. No estaría al lado de una persona que miente”.

La defensa también quiso saber si alguien le había dicho que Díaz estaba armado. “Me lo dijo ‘Pity’”, respondió inicialmente. Sin embargo, inmediatamente hizo una precisión: Álvarez no le había dicho que hubiera visto un arma, sino que le había manifestado que “estaban los dos en la misma situación”.

“Cristian vivía permanentemente encerrado. No podía salir”, contó su mamá

“Mi hijo vivía situaciones de acoso permanente”

Antes de los dos amigos declaró Cristina Congiu, madre del acusado. La mujer tiene 76 años, enviudó hace más de cinco décadas y durante años trabajó en la Fundación Favaloro. A lo largo de su testimonio advirtió varias veces que le costaba reconstruir algunos episodios ocurridos ocho años atrás y lo vinculó con el impacto que tuvo el caso en su vida.

Congiu contó que en 2018 ella vivía en el barrio Piedrabuena mientras su hijo residía en Samoré. Según declaró, comenzó a asistirlo con mayor frecuencia porque Álvarez le había contado que Díaz lo hostigaba y evitaba salir de su departamento.

“Cristian vivía situaciones de acoso permanentes. Pasaba mucho tiempo encerrado. No podía salir”, sostuvo. Fue entonces, según relató, cuando comenzó a llevarle comida, ropa limpia y provisiones.

La mujer aseguró que ella también comenzó a sentirse intimidada por Díaz cuando iba al barrio. Recordó una oportunidad en la que lo encontró en el mismo piso en el que vivía su hijo y otra en la que se le puso delante mientras ella llevaba bolsas.

El músico era hostigado por la víctima según declaró su madre

“Se me puso adelante, me miraba y se sonreía. Estaba disfrutando de mi impresión”, declaró. Y describió cómo se sentía después de esos encuentros: “A mí se me helaba la sangre. Volvía descompuesta a mi casa por la situación que sufría. No se lo quería contar a Cristian”.

Congiu estimó que esa situación se extendió durante al menos dos meses. “Yo quise denunciar en la Comisaría Tercera, pero no me la tomaron porque tenía que tener algún tipo de prueba”, sostuvo.

Ante la querella utilizó otra imagen para describir la presencia de Díaz en el lugar: “Yo sé que esta persona estaba permanentemente ahí, como si fuera un soldadito que está trabajando, haciendo su guardia”.

Según contó, durante aquel período iba a Samoré “tres veces por semana mínimo”. Y explicó: “Empecé a intervenir desde el momento en que él se sentía acosado por Díaz y no podía salir del edificio”.

Álvarez permanece internado en el hospital Tornú

Otra audiencia sin “Pity”

La de este miércoles fue la décima audiencia desde que comenzó el juicio, el pasado 10 de agosto. Con Congiu, Sosto y Práctico, ya son 27 los testigos que declararon ante el TOC N°29 desde el inicio del debate.

Álvarez no estuvo presente, tampoco la semana anterior. El músico permanece internado en el Hospital Tornú y sus abogados, Javier Baños y Sebastián Queijeiro, volvieron a pedir la suspensión del proceso por su estado de salud y por la evaluación interdisciplinaria ordenada en la causa abierta en el fuero Civil para determinar su capacidad.

El tribunal decidió seguir adelante. Su presidente, Gustavo Goerner, sostuvo que no advertían una situación novedosa que justificara interrumpir el juicio y recordó que el acusado ya había sido autorizado a no concurrir a las jornadas en las que su presencia no fuera indispensable.

Tras las tres declaraciones, el TOC dispuso un cuarto intermedio hasta el próximo lunes a las 10.30. Para esa jornada está previsto que declaren siete testigos de identidad reservada, también ofrecidos por la defensa.