Venezuela atravesaba uno de los períodos más graves de escasez en 2016, cuando Daliana Zambrano comprendió que debía emigrar. El miedo de criar a su bebé durante una crisis era más fuerte que la incertidumbre de dejar una vida construida en su tierra.

Lo que no pudo prever fue el costo emocional que implicaría, que pudo sostener gracias al arte. Desde hace nueve años, Daliana dicta talleres en su instituto “El tarantín creativo”, desde donde ayuda a sus alumnos, chicos y grandes a expresarse a través del arteterapia.

El desarraigo

Su esposo llegó primero a Buenos Aires y ella, madre primeriza que había dado a luz hacía pocos meses, lo siguió con su hijo.

Daliana eligió la Argentina atraída por la amplia oferta cultural que ofrece el país. Siendo técnica en Bellas Artes y licenciada en Artes de la Universidad Central de Venezuela, esperaba poder continuar formándose e integrarse en el rubro.

Sin embargo, al mes de haber llegado, se enfrentó de golpe con el desarraigo. Pasaba demasiadas horas sola con su bebé porque su marido tenía dos trabajos, y no tenía allegados acá. Todos se habían quedado en Caracas. La única manera de sentir que se acortaba la distancia era una llamada. “Yo llamaba un montón a casa de mi mamá, hasta tres veces al día”, recuerda.

Tampoco tenía un trabajo, después de haberle dedicado tanto tiempo a su profesión. “Mi vida cambió muchísimo porque yo siempre fui una persona muy activa”, asegura. A esto, se le sumó un breve pero angustioso episodio de salud de su hijo que terminó siendo una falsa alarma. “Esas situaciones detonaron la ansiedad, la frustración. Me preguntaba constantemente si la decisión que tomé fue la mejor y me venía 20 mil veces la idea: ‘¿Será que regreso?’”.

La docencia

No obstante, logró resistir. “Siempre me refugié en el arte”, asevera. Y gracias a su “mente inquieta”, encontró la solución.

En Venezuela, Daliana trabajó principalmente en galerías y otros espacios culturales, pero también dio clases en distintas escuelas y siente un cariño especial por la docencia. Incluso, dictó talleres en su casa en Caracas durante la licencia por maternidad, lo que decidió retomar en la Argentina.

Diseñó un flyer, lo repartió en su barrio y, aunque la primera llamada tardó un año en llegar, fue un inicio exitoso que cimentó su proyecto. “Una mamá me dijo que estaba interesada en talleres para su hija y para un grupo de compañeras del colegio de su hija”, recuerda. Ese fue el inicio de su nueva etapa profesional.

Mientras desarrollaba el emprendimiento, asegura, lo bautizó “‘tarantín’ creativo porque iba de un lado al otro”. La palabra “tarantín”, en Venezuela, hace referencia a una tienda armada de manera improvisada en cualquier parte, justo lo que ella hacía para dar a conocer sus servicios en ferias y otros eventos. Hasta que el proyecto tomó impulso con la invitación a una colonia de verano y la cantidad de alumnos no paró de crecer.

Tiempo después de aprender sobre el arteterapia, Daliana confrontó su duelo migratorio a través de la pintura. La obra es el cerro Ávila, principal símbolo de Caracas. (Fotos: gentileza Daliana Zambrano).
Tiempo después de aprender sobre el arteterapia, Daliana confrontó su duelo migratorio a través de la pintura. La obra es el cerro Ávila, principal símbolo de Caracas. (Fotos: gentileza Daliana Zambrano).

Un cambio crucial fue el descubrimiento de “la función terapéutica” del arte gracias a una madre que le confirmó cómo su hija, que tenía un retraso en el lenguaje, había progresado desde que asistía a sus clases. “El terapeuta le dijo que haber estado en estos talleres le hizo bastante bien”, recuerda Daliana. “Fue muy hermoso cuando ella me contó eso. Esa misma experiencia, empecé a escucharla de otras mamás que me decían lo mismo”, asegura.

Esta nueva perspectiva la motivó a aprender más y se especializó en Arteterapia. Este método, combinado con la enseñanza de la historia del Arte, motiva a los participantes a liberar la creatividad. Según explica Daliana, es mucho más profundo que hacer un dibujo y combinar colores. “Podés expresarte a través de lo que estás creando y que muchas veces no podés hacerlo a través de la palabra. Es una conversación con vos mismo, y vas dándole forma a eso que estás sintiendo”, asevera.

El arteterapia le permitió cerrar un ciclo. La máscara indígena tiene los colores de la bandera venezolana y las lágrimas son palabras que caracterizan al país. (Fotos: gentileza Daliana Zambrano).
El arteterapia le permitió cerrar un ciclo. La máscara indígena tiene los colores de la bandera venezolana y las lágrimas son palabras que caracterizan al país. (Fotos: gentileza Daliana Zambrano).

Actualmente, “El tarantín creativo” tiene sede en Villa Urquiza y los encuentros son para personas de todas las edades, tengan o no algún conocimiento en el área. Sólo se trata de permitirse vivir la experiencia.

La reconciliación

Incorporar este concepto distinto al que Daliana siempre había tenido del arte también la ayudó a confrontar su dolor. “Por la manera en que salí, estaba muy enojada con mi país, como cuando te echan de un lugar. Tenía ganas de ver a los míos, pero estaba reacia a volver”, confiesa.

Hasta que emprendió, hace tres años, su camino a la reconciliación con su tierra, lo que le permitió volver. “Este año, viajé a Venezuela. Agradezco mucho todo este proceso, el arte me rescató, me llevó a dar ese paso”, dice.

Después de 10 años, se reencontró con toda su familia, su hijo conoció su ciudad natal y ella pudo cerrar un ciclo. “Volví a Venezuela desde el amor a mi país y diciendo: ‘Ahora sí, yo elijo no estar acá, pero lo elijo desde el amor, y regreso a mi hogar actual, a mi segunda patria’”.