En los últimos meses son intensas la cantidad de cifras y estadística pública que dan cuenta de una crisis de consumo en la Argentina, mientras transcurre el tercer año de gobierno de Javier Milei. Cae el consumo de carne vacuna y otros alimentos básicos. Caen las ventas en supermercados y en ferreterías. Cae el índice de la construcción y también el trabajo registrado.

Pero no todo debe ser desconsuelo para los funcionarios libertarios, porque al parecer hay muchos animales que están mejor y consumen más que antes.

La Cámara Argentina de Empresas de Nutrición Animal (CAENA) presentó este miércoles la actualización del Coeficiente Equivalente Alimento (CEA), un indicador que permite dimensionar el mercado de nutrición animal de la Argentina bajo una misma unidad de medida y comparar sistemas productivos y formas de alimentación diferentes entre sí.

De acuerdo con los nuevos datos anuales, este coeficiente alcanzó las 35,1 millones de toneladas en 2025, frente a 34,7 millones del año anterior, lo que representa un incremento del 1,1%.

Dentro de ese volumen, el componente correspondiente a alimentos balanceados y concentrados llegó a 18,7 millones de toneladas, con un crecimiento interanual del 2,1%.

Es decir que en este tramo del gobierno de Milei los animales de parabienes, pertenezcan a establecimientos ganaderos de todo tipo, desde bovinos a peces.

De todos modos, esta recuperación del consumo no logra empardar los indicadores logrados por el sector en 2023, último año de la última gestión peronista. En ese momento se consumieron 35,2 millones de toneladas de alimentos totales, con 18,76 millones de balanceados. Los rubros que mejoraron desde entonces fueron cerdos, aves y mucho más los peces de criadero.

Para el cálculo del CEA se contempla no sólo el alimento balanceado industrializado -peleteado, extrusado o en harina- sino también los elaborados por los propios productores para su consumo y las dietas preparadas en establecimientos de producción de carne y leche.

Para hacer comparables estas distintas formas de nutrición, CAENA una una metodología que las expresa en una unidad equivalente estandarizada. Este indicador, cuya metodología comenzó a desarrollarse en 2017 y se actualiza anualmente, busca satisfacer una necesidad concreta del sector: contar con una referencia común para dimensionar un mercado para el que no existen estadísticas oficiales que midan de manera directa todos sus componentes.

“Hoy por hoy la metodología de cálculo que tenemos para el CEA es muy representativa de lo que pasa en la industria”, explicó Federico Etcheverry, ingeniero agrónomo y ex presidente de la cámara, quien está al frente de la elaboración del indicador.

Ahora bien, que los animales hayan consumido más alimento el último año, ¿quiere decir necesariamente que todos los animales coman bien?

En ese sentido, CAENA presentó un segundo indicador que da cuenta que no necesariamente. En este estudio se calcula también cuál sería la demanda potencial si la totalidad de los animales recibiera una dieta nutricionalmente balanceada de acuerdo con sus requerimientos. Para 2025, ese potencial esta muy lejos del consumo real, ya que fue estimado en 191,3 millones de toneladas.

“Cabe aclarar que la cifra no representa una proyección de ventas de alimentos balanceados, ni supone que todo ese volumen deba ser provisto por la industria. Se trata de un ejercicio teórico que incorpora las diferentes fuentes que pueden formar parte de una dieta: alimentos balanceados, concentrados, suplementos, premixes, núcleos, granos, forrajes y silajes, entre otras”, se explicó.

La gran diferencia está en el rubro bovino, que todavía es muy dependiente de los pastizales para su alimentación, es decir de fórmulas extensivas. En rigor, los bovinos de carne registraron un CEA de 12,34 millones de toneladas, frente a un potencial de 152,8 millones si tuvieran una nutrición controlada.

En los bovinos de leche, en cambio, esa distancia es mucho menor: el CEA alcanzó 10,39 millones de toneladas, frente a un potencial de 12,12 millones.

Las producciones más intensivas también muestran una alta utilización de nutrición formulada: para pollos de engorde, el CEA fue de 5,91 millones de toneladas; en porcinos, 3,72 millones; y en aves de postura, 2,58 millones. En las tres actividades el modelo considera un coeficiente de industrialización del 100%.

En el otro extremo aparecen los equinos y ovinos, con amplios márgenes de desarrollo de una alimentación más intensiva. Los primeros registraron un CEA de apenas 95.706 toneladas frente a un potencial de 9,32 millones, mientras que en ovinos la relación fue de 27.192 toneladas frente a 4,76 millones de consumo posible.

Finalmente, la acuicultura alcanzó un CEA de 21.756 toneladas y mostró el mayor crecimiento interanual entre las categorías analizadas: 27,6%, frente a las 17.045 toneladas de 2024. En este caso, la metodología considera un coeficiente de industrialización del 100% y el avance está vinculado, entre otros factores, al desarrollo de la producción de trucha arcoíris en la cuenca del río Limay.

El punto de partida de este metodología de cálculo de consumo de alimento para animales son los stocks animales registrados por SENASA y otros organismos oficiales competentes. Sobre esa base se calculan las necesidades nutricionales de cada especie y categoría, considerando variables productivas como cantidad de animales, consumo, conversión, faena y características de los distintos sistemas de producción. A partir de esa demanda se aplica el denominado Coeficiente de Industrialización CAENA, que busca estimar qué proporción de los requerimientos nutricionales es atendida mediante alimentos balanceados, suplementos, premixes, núcleos o aditivos provistos por empresas de nutrición animal.

Para la cámara, el objetivo del CEA es contar con una referencia que permita seguir la evolución de la nutrición animal argentina, comparar los cambios entre especies y dimensionar las oportunidades existentes para mejorar la alimentación y la eficiencia de los sistemas productivos.

“En nutrición no tenemos que salir a aprender nada. Nosotros tenemos técnicos muy bien formados, tenemos empresas de nutrición de primer nivel”, sostuvo Etcheverry. En ese sentido, planteó que “el desafío pasa por generar las condiciones que permitan que una mayor cantidad de productores incorpore herramientas nutricionales a sus sistemas”.